27.11.08

Ella camina sola

No la conozco.
Es más: hasta hace un mes, ni siquiera sabía su nombre.
Quizás la haya visto en algún pasillo, como al pasar.
Quizás, si me esfuerzo cuando me la describen, puedo vislumbrar que alguna vez la he cruzado durante algún almuerzo.

Me cuentan lo que ha pasado con ella y lo escucho absorta.
Primero por la curiosidad humana normal, después con gran incredulidad, más tarde de lo que hubiera querido le sigue la indignación y, mucho después, la tristeza.
Y desde ese sentimiento decido hoy escribir sobre este secreto a voces que muchos disfrutan y tantos otros comparten todavía sin saber muy bien qué hacer con él.
Quizás sea una leyenda urbana de la petrociudad. Quizás no.
No es fácil dirimir entre realidad y ficción en estos tiempos.

Cuenta la historia que, hace unos meses, una mujer que trabaja en una empresa en la que su género todavía es minoría llevó su notebook corporativa al departamento de sistemas de la misma empresa.
Se la devolvieron sin el menor comentario y, poco después, dos videos íntimos que estaban en su máquina partieron por mail desde ese departamento a otros miembros de la empresa.
Los envíos se multiplicaron ad infinitum y por toda la jerarquía, trascendieron el ámbito de esa empresa, pasaron a varias empresas de servicios, llegaron a los livings de las casas y hasta dicen algunos que los han subido a You Tube.
Un día cualquiera, ya no importa cuándo, a alguien se le ocurrió que quedaba un límite más por trasponer y decidió pasar uno de esos videos en los televisores del transporte de personal que los devolvía a la ciudad. Dicen que nadie atinó a parar la proyección.

De las crónicas de los últimos tiempos, son varias las voces que arman el coro de la historia.
Algunos cuentan que vieron a esa mujer pidiendo la expulsión de la persona responsable de sacar el material de su máquina. Y son los mismos que reconocen que no le dieron ni el nombre del responsable.
Unos pocos comentan que alguien le hizo llegar el mensaje de falta de sustento para iniciar acciones legales.
Otros dicen que los cuarteles generales de la empresa la han citado para una conversación formal fuera de la ciudad.
Todos se sorpreden a coro de la actitud de esa mujer, que sigue caminando por los pasillos de esa empresa, cumpliendo con su trabajo, con aparente normalidad y calma.
Las voces femeninas lo cuentan con una mezcla de preocupación, miedo y tristeza. Quizás como adivinando que por cualquier motivo o el mismo bien podrían ser ellas las próximas. O quizás por esa solidaridad femenina que se impone en sotto voce cuando la testosterona satura el ambiente.

De todo lo escuchado sobre esta fábula/historia, lo que más me han sorprendido son los escudos que se esgrimen en los relatos como una especie de legitimación nefasta de esta forma de violencia.

El primer escudo consta en repetir como un credo que no debieran haber existido esos videos íntimos en una computadora corporativa.
Desde un punto de vista muy personal, es un argumento endeble y facilista. La pregunta inmediata es si sólo eso nos habilita para violar la intimidad de una persona de una manera tan impune y descarada. Porque admito que haberlos tenido almacenados ahí quizás haya sido un error de juicio, pero haberlos difundido fue completamente amoral.
Por otra parte, si nos ponemos ya en analistas, en esta era digitalizada todos sabemos que aunque borremos archivos de nuestras máquinas, el disco duro siempre delata ante el que sabe interrogarlo.

El segundo escudo radica en pensar que, como esa mujer decidió grabar su intimidad, la finalidad era que dejara de ser privada y se difundiera.
Es la misma justificación histórica para acciones tan aberrantes como, por ejemplo, la violación. Porque pensemos: ¿cuál es la distancia entre esa concepción y justificar una agresión sexual porque la mujer llevaba una vestimenta provocativa?

El tercer escudo se erige desde el mundo unipersonal y feliz. En suma: el consabido “que se joda”, que nos salva de todo y nos evita el compromiso, la solidaridad, el pensar más allá. Si le pasó a ella, podríamos pensar que nos puede pasar a nosotras, nuestra madre, o a tu hermana, tu novia, o tu mujer. Es inaudito elegir creer que alguien está a salvo cuando no hay reglas claras ni ley que ampare a las víctimas.

Y detrás de todos los escudos, dicen que dicen y a la vista está, la empresa.
La misma empresa que mantiene en sus filas a un hombre que encuentra un video privado en una computadora y lo hace público en una total falta de ética profesional.
La misma empresa que mantiene como contratista a la empresa de transporte de personal que emitió el video en una de sus unidades.
La misma empresa que mantiene entre sus filas a un hombre que le cede a una mujer el paso en una puerta para decirle inmediatamente que disfruta mucho más viéndola desde atrás.
La misma empresa cuyos líderes eligen con sus acciones y omisiones castigar a la víctima.
La misma empresa en la que, según demuestra esta historia, ser mujer todavía significa estar en desventaja.

Y ella camina sola por los pasillos de esa empresa.
Mira de frente a todos sus compañeros.
Almuerza en el comedor común mientras todos la miran y murmuran.
Trabaja como una profesional entre personas que tuvieron un acceso violento a su intimidad.

Ella camina sola en una ciudad donde ha quedado claro que las asociaciones que defienden la dignidad de los trabajadores están dominadas por hombres, porque ninguna ha caminado a su lado en esta humillación pública.

Ella camina sola en una ciudad donde una parva de idiotas en un auto le toca bocina en pleno centro, le grita obscenidades y la aplaude, y nadie hace nada.

Ella camina sola en una sociedad llena de ONGs que se quedan chicas y mudas ante el atropello.

Ella camina sola.

Y así, aún caminando sola, ella tiene más agallas de las que nunca tendrán todos los otros.
Todos los que la miran, todos los que murmuran, todos los hombres y mujeres que no se atreven a caminar a su lado.

Cuánto canalla impune.
Qué vergüenza… “señores”.


Nota Final
La historia cuenta que ella fue despedida de esa misma empresa a fines de Noviembre.
Ella quizás siga caminando sola otros pasillos, ojalá sean los que la lleven al menos a una justicia material. Su vida no será la misma por mucho tiempo.
Dicen que dicen que la razón esgrimida fue la imposibilidad -tras lo ocurrido- de continuar desarrollando su trabajo en esa compañía con normalidad.
La misma normalidad que personajes de esa misma empresa destruyeron palmo a palmo y sin intentar evitarlo.
Un atropello más. La más ruin de las decisiones para una mujer que merecía otro final.
Muchos de los que han leído esta columna quizás ya saben cuál es la empresa.
Les propongo un pacto de resistencia silente: la próxima vez que esa empresa enarbole la bandera de la responsabilidad social, contémonos esta historia para no olvidar.

12.11.08

Chubut’s Next Top Model

Déjenme preguntarles algo: ¿cuántas veces han escuchado algo y pensado “lo tomo como de quien viene”? Apuesto a que más de una vez. Esa postura nos lleva a filtrar de quién vamos a tomar algo como válido y de quién no… aunque lo dicho sea en esencia lo mismo.

Días atrás, el Presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el Dr. Ricardo Lorenzetti, criticó duramente la puerta giratoria de la Justicia como parte de un diagnóstico sobre el rol de los jueces en la problemática de la inseguridad.
Si vivís en Chubut, lo venís escuchando hace años.
Lo suele decir el Gobernador Mario Das Neves.
Y cada vez que lo ha dicho, las solicitadas de Colegios de Abogados, el propio poder Judicial Provincial y todo el arco mediático han salido al cruce de esas declaraciones considerándolas desde un atentado a la democracia hasta un exceso verbal, con varias paradas intermedias.
Sin embargo, a Lorenzetti no le ha pasado lo mismo. Sus palabras merecieron debate pero no quejas airadas. El tono de los medios y los aludidos ha sido contemporizador y la lectura más arriesgada indica que “las declaraciones han generado debate”.
Entonces, mal que nos pese, quizás sea momento de reconocer que con Mario Das Neves hay algo personal.

Con el debido respeto -aclaro por las dudas, para los simaristas que nunca faltan- Das Neves es petiso, cabezón, brusco y calentón, habla sin “s” ni “t” finales y más de muchas veces no puede disentir sin bravuconadas. Va por la vida y función pública a lo bestia, se rodea de varios no recomendables pero, aunque ya lo hayan hecho otros antes que él, ya lo sabemos: él -y no otros- es el peor de todos.
Si fuera rubio, alto, de ojos celestes, modales pulidos y dicción impecable, eternamente neutro y negociador, todos verían la conveniencia de un candidato presidencial tan impoluto y su magnetismo arrasaría votantes. En suma, sería el nuevo Kennedy y Chubut sería Camelot.

Por esta ciudad, allá cuando empezaba a asomar como candidato, apenas llenaba un local de 20 personas y el único que le abría las puertas era Roddy Ingram, ya era así.
Otro de su mismo palo era el mejor candidato, lo decía la mayoría del partido y referentes que hoy lo sostienen. Los que hace años le palmean la espalda gubernamental son los mismos que lo destrozaban en privado.

Das Neves nunca fue perfecto.
No es carismático como Maestro, no es apacible como Lizurume, no es histórico como Viglione, ni siquiera es mejor que la convulsión de Perl y Cosentino juntos. Simplemente no es.
No tiene creado ningún mito alrededor de su figura, más bien tiene exceso de anécdotas gritonas.
Tuvo una enfermedad durísima y sobrevivió. Podría haber sacado mucho rédido político de esa circunstancia y, sin embargo, sólo en contadas ocasiones y ámbitos se lo ha escuchado hablar de esa etapa de su vida.
Estudió una carrera universitaria y no terminó, hay a quien se lo ocurre el afiche de los porcentajes y lo único que hacemos es disfrutarlo porque alguien lo pone en su lugar, porque se asoma a una campaña nacional en la que no es querido. Nadie se indigna porque se insulta a un gobernante electo, o porque ensucia el juego democrático. Es más, nadie cree que es un insulto para empezar. Pero, ¿cuántos chubutenses son universitarios recibidos? Y el no serlo, ¿los hace menos válidos en sus ruedos?

Pero es que a Das Neves no hay con qué darle. O mejor dicho, siempre hay para darle.
Si apuesta a crear infraestructura, falla en servicios.
Si enfoca al pago de sueldos estatales en término, falla en el monto concedido.
Si dialoga, hay transa. Si no dialoga, crea dictadura.
Si alinea a propios y ajenos, borocotiza. Si no alinea, pierde su base de poder y está de salida.
Si capta inversiones, gestiona negociados. Si no las busca, pierde oportunidades históricas.
Si busca inserción en nuevos mercados, delira con la fantochada del show. Si se queda en el mercado local, pierde el tren productivo.
Ahora nos burlamos del Modelo Chubú como si lo viéramos desde afuera y, en lugar de remar y apostarle para ver hasta dónde nos podría llevar ya que estamos adentro, seguimos esperando que “el que siempre quisimos que fuera y que nunca quiso ser” se decida a tomar alguna vez la posta. Porque todavía creemos que el próximo sí será diferente.

En cuanto a la administración en sí, seamos justos antes que facilistas: hay áreas que han mejorado y otras que siguen igual de mal que siempre.
Es innegable que hay localidades del interior que han tenido un salto cualitativo de importancia en cuanto a infraestructura. Y también lo es que en las ciudades grandes la cuenta se hace difícil, porque las grandes obras han caído con cuentagotas, las no tan grandes se han hecho pero son menos visibles y las deudas de infraestructura remanentes requieren de inversiones enormes.
La seguridad es un flagelo nacional y la provincia no es la excepción.
Las carencias de la policía provincial son las mismas que en otras partes.
La salud pública es precaria y casi inexistente como lo es en todo el país.
La educación pública está en crisis aquí y en el mundo.
Los sueldos de los agentes estatales están al límite de un costo de vida ficticio, que es el que determina una medición nacional incierta. En nuestra ciudad, con el agravante del boom petrolero mal entendido por una pésima cultura comercial.
Son problemas del ámbito provincial, por cierto, pero también responden a marcos que no son controlados ni fijados por esa competencia. Pero en estas épocas que amenazan con vacas flacas, es de preveer que aparezcan los dedos acusadores reclamando una clarividencia que casi ningún gobierno de la tierra ha tenido.
¿Qué nos haría tan especiales a nosotros, los chubutenses, para vivir en la idílica isla del pleno empleo, el estado de bienestar al máximo y la sociedad perfecta, en medio de un mundo que no existe en esos parámetros?

De seguro es antipático señalar que Das Neves no es ni mejor ni peor que los gobernadores anteriores o que aquellos que lo sucederán, que ha tenido su cuota de aciertos y desaciertos, y que si quisiera ser Presidente y lo lograra, la ecuación sería la misma.

Es muy duro mirarse eternamente en espejos de perfección, en especial porque en esas imágenes nunca nadie será digno de nosotros. Y también porque, desde el otro lado, es imposible gobernar un país de seres perfectos que constantemente juzgan imperfectos a sus representantes.

Quizás nuestro next top model debiera tener el aura de lo posible, estar un poco más acompañado por sus ciudadanos y no quedar tan acosado por un ojo público que pierde el norte como contralor democrático cuando lo juzga todo desde la tribuna de la comodidad.

6.11.08

La paternidad del cambio

Yes, we can. Sí, podemos.
Horas y horas de multimediática atención mientras medio mundo se obamizaba.
Es épica en estado puro, es camino y lucha, es lo pequeño que se hace enorme, es el encuentro con destinos de grandeza, es el triunfo del postergado o la reivindicación del final.
Y aunque la historia no sea la nuestra, nos identificamos, nos fascina, nos inspira, nos agiganta, nos da poder.

No soy ciudadana estadounidense y, por lo tanto, no voto. Sin embargo, esta madrugada me quedé viendo los canales de noticias sin cesar hasta que el nuevo presidente electo de los Estados Unidos de América terminó su discurso y la gente comenzó a dispersarse.
En su momento hice lo mismo cuando ganó Michelle Bachelet su elección en Chile y también cuando Cristina Kirchner hizo lo propio de este lado. Y cuando hace unos días atrás tuvimos la rareza de reconocer en vida la figura de Raúl Alfonsín, durante años desdeñada por partidarios, opositores y su propio pueblo.
Anoche me maravillé con el dominio de oratoria de los dos candidatos, con la demostración de caballerosidad cívica entre ambos, con la omnipresencia de un sentido de patria que no es privativo de nadie y patrimonio de todos, con la agitación de una nación en torno a su futuro.
He de confesar que también sentí una cierta envidia, o llamémosla anhelo, por tener un poco más de eso en este ruedo nuestro siempre tan tentado a la destrucción y desvalorización del que no piensa igual.

Pero volviendo al homo videns que fui anoche, puedo arriesgar que me sentí parte de la Historia. O mejor dicho, televidente de esa Historia ya que no testigo directo.
Hoy vivimos, creamos y participamos de la Historia de maneras que los científicos sociales todavía –al menos en su mayoría- no logran comprender lo suficiente para asignarle la validez que quizás le conferirá el paso del tiempo.

Ya he escrito mi parte sobre el rol que creo jugarán las campañas virtuales en el futuro político eleccionario argentino, pero aún así no ceso de admirar las movidas que alimentaron una de las cibercampañas más fuertes de los últimos años.
La campaña demócrata fue una que amplió el abanico desde las mismas primarias.
La figura de Obama mismo fue una que construyó su identidad como candidato poniendo al mismo nivel el mano a mano con la virtualidad.
Los videos que ciudadanos de a pie subieron a You Tube fueron parte de esa construcción. Las frases de campaña recreadas en forma, idioma y estética una y otra vez. En un salto espacio/tiempo, el mismo día de la elección uno de mis amigos en Facebook me invitaba a sumarme a una campaña virtual que donaba por un día el status de miembro por un voto a favor de Obama.
La acción en los foros de debate, las coberturas independientes, las redes que se tiraron desde los sitios institucionales de figuras mediáticas reconocidas, todo aportó al famoso cambio que se impulsaba al mismo tiempo que a la importancia de ser protagonistas de ese cambio. Nadie fue demasiado chico ni insignificante: el nuevo tablero puso a todos en un pie de igualdad y un voto realmente fue un voto.

Si lo vemos con ojos desnudos y desinteresados, Barack Obama fue sólo un hombre con un gran slogan y un aparato de campaña impresionante que ganó la presidencia en un país que no es el nuestro. Y punto.
Pero desde el 20 de Enero de 2009, Barack Obama será el presidente de uno de los países que deciden sobre los destinos de todos.
Hasta entonces, habrá espacio para creer. Del resto se encargará la realidad, tal y como lo hace siempre, y de cómo la enfrente dependerá su destino.
Pero por un momento y más allá de todo, el cambio volvió a estar en manos tan pequeñas que pudieron asirlo, analizarlo, convertirlo en voto y elevarse para celebrarlo con el orgullo de haberlo creado.
En cualquier lugar del mundo y de la historia en el que nos encontremos, somos los padres de esa criatura.
Es hora de reconocerlo y hacernos cargo.
Es nuestra hora y de lo que hagamos con ella rendiremos cuenta como nación.

23.10.08

La otra marcha de los pingüinos

Hoy vivo en una ciudad que se dispone a movilizarse.
Comodoro Rivadavia, el emirato patagónico, dice “basta” de una manera que no es la ideal, sino la que proviene del pisoteo y el hastío. Es un “basta” reaccionario. Cansada de alzar voces individuales, apuesta a crear un ruido común.

El fusilamiento de un comerciante en un robo hace unos días vino a dibujar la línea roja que marcaron mucho antes la sociedad trelewense en nuestra provincia y ni qué hablar de la porteña a nivel nacional.
Ya no alcanzan los anuncios de más efectivos policiales. Ya no sirve el flamante Código Procesal Penal. Ya no nos contenta la petrobonanza. Ya no nos suena ejecutivo el anuncio gubernamental de turno.
Todo tiene gusto a poco, a extemporáneo, a zarpazo desesperado. La ola nos ha pasado por encima a todos y nuestra propia falta de previsión nos ha acorralado.
Ya nadie está seguro detrás de las rejas y los códigos de alarma, con el dedo en la tecla del portero eléctrico que habilita la entrada al negocio elegido, mirando hacia todas partes cuando las calles están casi vacías o no parando en ciertos semáforos en rojo por lo que pudiera estar esperando en las esquinas.

En tiempos extremos las soluciones debieran ser también extremas.
La reforma que la realidad le impone al sistema de seguridad, judicial y penitenciario es de una dimensión nunca antes vista. Pero es que los tiempos en los que vivimos tampoco han sido vistos antes. Sólo resta saber si las personas con la responsabilidad para encarar tales acciones tienen la capacidad, la visión y la sabiduría para hacer de ese proceso una concreción a tiempo.
La seguridad es una cadena con eslabones muy sensibles.
No sirve tener 100 policías más por día si no pueden trabajar al máximo de su capacidad y sin carencias.
No sirve tener policías bien entrenados y equipados y una Justicia inoperante.
No sirve tener buenos jueces y fiscales entrampados en la letra de leyes inadecuadas a la realidad.
No sirve tener las leyes correctas si las unidades penitenciarias y reformatorios son mazmorras medievales.
No sirve lograr una buena reinserción social si el regreso es al ghetto sin salida y la marginación de la pobreza extrema.
No sirve una sociedad que no se compromete en señalar y acusar, en controlar y castigar con su voto y a través de sus representantes a quienes no desempeñan sus cargos con honestidad y eficiencia.

Mañana Viernes 24 de Octubre, a las 20.30, desde la céntrica Plaza Roca partirá una marcha que, aún sin saber si será multitudinaria o no, será un primer paso importante para sabernos en camino hacia un lugar en el que nuestra vida y los valores que elegimos sostener sean preservados y respetados.
La seguridad también es uno de los últimos valores solidarios.
Y cuando se pierde, carcome las bases mismas de la sociedad, el miedo manda, todos somos sospechosos y hasta el mínimo gesto cotidiano nos para en veredas enfrentadas.

Caminemos juntos mañana, pingüinos K y no K y de todo el alfabeto.
Dejemos por una hora la comodidad del sillón, la trinchera detrás del mostrador, el silencio de los que sin quererlo avalan y otorgan.
Que sea una marcha en contra de nadie y a favor de todos.
Caminemos juntos por el futuro de quienes nos sucederán. Para que no nazcan y crezcan en un campo de batalla que no verá vencedores ni vencidos, sólo aniquilación.

15.10.08

Es el lobby, estúpido

Reinventada hasta el cansancio, la frase “es la economía, estúpido” marcó toda una época en lo que a discurso político se refiere. Por si no conocen la historia, se las resumo.
George Bush, el padre, iba de campaña presidencial en los Estados Unidos del Norte frente a Bill Clinton allá por el ‘92. Los números no favorecían a los demócratas cuando James Carville, estratega de la campaña Clinton, armó un cartel para su equipo con tres lineamientos para enfrentar el tanque Bush que avanzaba y se alejaba usando como punta de lanza el dominio en política internacional. Las tres frases de Carville fueron:
- Cambio vs. Más de lo mismo
- La economía, estúpido
- No olvidar la salud pública
El cartel trascendió el ámbito interno de la campaña y la segunda frase se convirtió en el caballito de batalla de Clinton, uno que lo llevó hasta la Casa Blanca. A modo de legado a la posteridad, la línea quedó para el uso del mundillo político y mediático, y se ha adaptado a los más diversos focos de atención desde entonces. Fin de esta historia.

A miles de kilómetros al sur de Washington, me sentaba días atrás en un atestado seminario sobre instrumentos financieros para PyMes en la pujante Comodoro, que quién sabe con certeza si tiene a alguna empresa como para entrar en esos juegos millonarios propuestos. Como es de rigor, la apertura del evento recayó en una autoridad municipal de peso. Y allí estaba, cumplidor como pocos, el ViceIntendente Sergio Bohe despachando una idea clara y certera en el entorno menos esperado: “Comodoro Rivadavia carece de capacidad de lobby”.
Lo dijo así. Sin vueltas. Y enseguida agregó, reafirmando, la convicción de que los reclamos no van acompañados de estrategias.
Y tuvo más razón que nunca.

Lobby ha sido una palabra y un accionar desprestigiado y mal manejado en la política nativa. Sin embargo, el mecanismo de ejercer presión o influencia funciona y –ya que no existe un instrumento legal que lo regule- en más de una ocasión termina derivando en corrupción lisa y llana, del tipo que no reconoce delgadas líneas rojas.
Pero antes de ese paso final y muchas veces evitándolo, el lobby también es lo que permite a los pequeños aunar fuerzas y encaramarse con la onda frente a la ominosa presencia de los Goliat.
En ese rincón ha sido casi ignorado como acción ciudadana. Demás está decir que son pocos los grupos de presión no politizados que encaran reclamos con estrategia.

En el caso de nuestra región, ya no se habla de lobby de intereses regionales desde que la Presidencia de la Nación ha recaído en manos de no uno sino dos patagónicos. Ese es tema del pasado y se considera que, per se, todo reclamo tiene a los más excelsos embajadores para abogar por su causa.
Es un comodismo, por ponerle una etiqueta, antes que una convicción basada en concreciones, ya que la dupla patagónico-presidencial ha favorecido mucho en su accionar político, pero también ha olvidado.

Haciendo pie en nuestra provincia, lobby es parecido a campaña cuando ciertas líneas se entrometen en el discurso del ya podríamos decir pre-candidato presidencial Mario Das Neves. Es un lobby con segundas intenciones, claro, y por ello un tanto desvirtuado cuando se convierte en moneda de cambio en los avatares del tablero o en cantito de tribuna de los cortesanos que bien podrían seguir a este rey o a otro. Pero es innegable que está. Hacia el ámbito nacional, la voz gubernmental procura hacerse de un sector a representar, amplio y aglutinante, mientras empuja unos intereses sobre otros en la agenda. Desde la sociedad civil, las voces han tenido sus momentos en la asamblea de vecinos autoconvocados de Esquel y su NO a la minería, o en los grupos que han pugnado por la revisión de la concreción del Dique Los Monos.

En nuestra ciudad de muchas quejas, sin embargo, la acción no encuentra una salida ordenada ni en estrategia ni en acciones. Más allá de las gestiones capitalinas hacia las que desfilan uno tras otro los intendentes de turno para someterse a tiempos de presupuesto y escritorio, o de los exabruptos ciudadanos generados en el cansancio de soportar una y otra vez las mismas cantinelas, no existe un plan de acción claro y proyectado que nos lleve a un destino cierto. Dicho de otra manera, hacemos lobby sin norte. Los últimos intentos medianamente organizados desde la parte ciudadana provenían del conocido Grupo Productivo, que se desbandó sin llegar a la carrera de fondo, o cada tanto de la Cámara de Comercio que alza la voz sobre alguna que otra situación. Pero nada más.
Entonces nos hundimos bajo el peso de lo tolerado: obras que no concluyen, calles de rally 4x4, carencia de horizontes de desarrollo sin petróleo, precios imposibles, inseguridad que mutila y mata, eternos cantos de sirena sobre una ciudad del futuro que se aniquila en el presente.

Como uno decida verlo, el lobby es un factor de cambio. Influir para alterar un curso fijado.
Desde el periodista independiente, con su voz única que moviliza otras, hasta los grupos autoconvocados o las asociaciones civiles para defender un interés comunitario o sectorial.
Desde el ciudadano que escribe una carta al lector hasta las asambleas que ponen en claro sus reclamos y protestan.
Desde el político con línea propia hasta el diputado con bloque unipersonal, ambos con igual hambre de base.
Desde el gobernante que se hace eco e identifica con las necesidades de su gente, hasta el que llega para algo más que seguir acumulando.
Todos tienen en sus manos la posibilidad de influir para cambiar.
Creo en el lobby individual tanto como en el grupal, o quizás más. Pero, como bien dijo Bohe, si ese cambio no tiene una estrategia en el bolsillo la presión se va de centro, se diluye, deja paso a otra y desaparece en una niebla muy parecida a la eterna frustración.

13.10.08

Nobleza obliga

Quienes han seguido este blog fuera de micrófono, y antes mi voz desde el otro lado del micrófono, sabrán lo cercano e importante que ha sido para mi el cabildeo por el estado de la Ruta Nacional 40 entre Esquel y Gobernador Costa.

Hace unos días regresé de un largo viaje rutero en el que transité ese tramo por primera vez en años.
Después de meses y meses de voces amigas contándome destrozos y mejoras y nuevos destrozos, pude verlo todo por mí misma.
En honor a la verdad, hay tramos todavía deshechos por baches con diploma de cráteres o banquinas comidas por el paso de los vehículos pesados y algún que otro invierno.
En general, la señalización de advertencia varía entre muy buena e inexistente. Prima la muy buena, así es que tomo lo inexistente como un detalle a ser salvado, con urgencia claro está.
Hay tramos hechos a nuevo y ya mostrando algunas huellas de desgaste por el tránsito de camiones que no perdona.
Pero hay otros en los que se observa el trabajo ya hecho o en progreso, logrando una carpeta asfáltica a nuevo.
Más allá de la 40, la Ruta Nacional 26 también va en proceso de mejora, la cual es más que necesaria en zonas en las que la circulación ha quedado reducida a una sola mano intermedia.

Como saben, durante estos años he pedido a mis amigos y conocidos escribir a nuestros Diputados y Senadores en el Congreso de la Nación, al Gobernador del Chubut, y a quienes ellos consideraran necesario para lograr el mejoramiento definitivo de la 40.
Yo misma lo he hecho.
He recibido pocas respuestas. Casi ninguna.
Como ya he contado en este espacio, el único legislador que ha respondido explicando gestiones y tiempos de concreción ha sido el Senador Marcelo Guinle.

Hace poco más de cuatro años una de mis mejores amigas moría en esa ruta, desnivelada y rota, en un absurdo accidente de tránsito que podría haberse evitado con sólo invertir un poco y mantener otro tanto más.
Hace unos días me paré frente a la cruz blanca que la recuerda, a 32 km al sur de Tecka, y la ruta a mis espaldas estaba hecha a nuevo, flamante, segura.
Es un mal consuelo, pero vale. Vale mucho.

Entonces, en honor a lo solicitado y atendido, decido usar este espacio para un agradecimiento público que también haré en privado.

Gracias, Gobernador Mario Das Neves.
Gracias, Senador Marcelo Guinle.
Gracias por sus gestiones y el accionar que ha llevado a estas concreciones que servirán en la práctica para salvar vidas.
Gracias a los amigos y conocidos que me han acompañado y sostenido en la cruzada.

Ahora la seguridad depende de nosotros y nuestras acciones detrás del volante.
La suya es, o pronto será, misión cumplida. La nuestra es un aprendizaje constante.

10.9.08

Paisaje

Desde dentro del capullo virtual les escribo a ustedes, que me leen metidos en los suyos propios y apenas asomando sus narices.
Afuera el ruido sigue con lo suyo: malas ideas, mismos candidatos, fiebres del oro, precios más altos, intentos vanos, pujas personales, revanchismos, guerras anónimas, abusadores con renombre, buenas intenciones que pavimentan el camino al infierno diario.
Y nosotros, en nuestras trincheras, tratando de sobrevivir. A todo y a nada.
Esta vez no hay megacrisis argentina que nos esté arrasando, es sólo que la vida se ha vuelto una minicrisis diaria que hay que ir sorteando como se pueda.

Les propongo asomar los ojos, aunque sea entrecerrados…

Fijemos la vista en ella, que es joven y pelea, pateando la ciudad contra los prejuicios mientras omite en el currículum poner dónde vive porque la sacaría de carrera sin la menor oportunidad. Es valiente. Entra en comercios donde atienden mal a los clientes y peor a los que buscan un trabajo, y pide permiso para ofrecer sus servicios mientras extiende una hoja armada con dedicación. Ella no tuvo alguien que le enseñara cómo buscar un trabajo, cómo armar un currículum, los sí y los no de las entrevistas para alcanzar el éxito. Pero ella persiste.

Detengamos el recorrido en esa familia que recién empieza, que se desdobla cada madrugada cuando él se va lejos y ella se queda en espera, con hijos que se gestan o crecen. Ellos apuestan a una vida mejor, a un sacrificio de hoy para una tranquilidad de mañana. Se extrañan, se pierden momentos, hacen pactos entre sí y con ellos mismos para que esa rutina feroz no les haga mella. Son valientes. Enfrentan un ritmo de vida que lo fagocita todo, sueños y juventud. Pero ellos resisten.

Mirémosla a ella, que tiene un comercio hace más años de los que puedo recordar, en la esquina de uno de los barrios tradicionalmente más tranquilos de la ciudad. Es trabajadora, dedicada. Mírenla cerrando su puerta con llave cada vez que entra y sale un cliente, uno de los que reconoce como seguros. Hace un par de semanas su puerta abierta dejó entrar a dos ladrones. Menores, pero ladrones al fin. Es valiente. Hoy decide volver a creer y libera la llave. De nada sirve escudarse en una falsa precaución que sólo alimenta el miedo. La amenaza se le ríe en la cara, paseando por su vereda. Pero ella confía.

Observémoslo a él, jugando en la inocencia de sus casi cuatro años. Nació con problemas en una ciudad plagada de médicos que dañan y clínicas que descuidan. Su camino fue uno de dolor, de pruebas constantes, de superación, de vuelta a empezar. Es valiente. En su pequeñez, es enorme, conquistando lo que fueran sus debilidades día tras día. Cada vez que corre o patea una pelota, se agiganta. Esos médicos siguen en sus charcos mediocres y fenicios. Pero él avanza.

Deslumbrémonos con ella, princesa de cuentos en reinos cercanos. Creciendo entre el consumismo y el dramatismo de la Argentina bicentenaria. Sensible y alerta, consciente y reactiva. A medio camino entre lo que quisiera ser y lo que la vida le va dictando. Es valiente. Sufre su metamorfosis como una Cenicienta adolescente precoz, haciéndose de los escudos que le permitan defenderse y salir adelante. Pero ella se transforma.

Disfrutemos el paisaje de los seres que nos rodean y nos anclan a lo que creemos correcto, cierto, válido.
Con sus pequeñeces y sus grandezas. Con sus sacrificios y sus logros. Con su forma de pararse ante la vida.
Persistir. Resistir. Confiar. Avanzar. Transformarse.
En este ciclo eterno que nos ha traído hasta este sueño que, al fin y al cabo, es lo que nos anima a seguir adelante.
Quedémonos en el capullo virtual sólo el tiempo necesario para tomar coraje y saltar al ruedo una vez más.
Por nosotros. Pero también por ellos.
Que la valentía diaria de tantos no se pierda en el vano artificio de unos pocos que tienen copada la arena.

29.8.08

Pecados de juventud

Ya no hay escapatoria a la más patente de las realidades políticas de los últimos años en lo que a nuestra ciudad y nuestra provincia se refiere: la nueva generación llegó al poder.

Aún más: al menos desde la brecha de quién les escribe, somos congéneres de los nuevos reyes de las olas político-institucionales.
Esa es una de las cabezas de esta hidra que en algún momento creímos justa y sabia. La portadora del cambio, las nuevas prácticas institucionales y la conjunción de conocimiento e imaginación puestas al servicio de un sistema en crisis.
Mas como suele suceder en la mayoría de las revoluciones, el devenir cotidiano nos demuestra que compramos el espejismo de un cambio que no se manifiesta con la espectacularidad que siempre esperamos.

Jóvenes universitarios, sí, pero con un ancla demasiado leve en la experiencia ligada a las realidades más crudas y hasta se diría al sentido común más simple.
Nueva dirigencia política, sí, pero con las viejas prácticas ya hechas carne por la tutela o el vínculo filial directo, el condicionamiento del favor debido más que nunca presente.
Revolucionarios, sí, pero atropellados. Queriendo a fuerza de tirones hacer todo junto o boyando según los caprichos de una marea que no controlan, con el mapa de ruta siendo fijado en mesas en las que sólo se sientan de invitados.

Al fin y al cabo, el cambio llegó. Sí. Pero controlado por quienes sabían que era necesario renovar caras para poder subsistir aferrados al poder real.

En el cada día menos claro futuro de la aldea que me toca describir, las ansias de la juventud no cesan de darse de frente con la realidad.
¿En qué brete exhibiremos las declaraciones del capitoste petrolero Mario Mansilla, signando al eterno Ministro Coordinador dasnevista Norberto Yahuar como el próximo Fontana boy? Nada peor que una bendición con condena incluida, cuando eliminó de un verbalazo el horizonte político comodorense al signar que no existe una dirigencia que esté a la altura de tamaña empresa.
No hiere las esperanzas porque no sea cierto, sino precisamente porque lo es y no hay nada que lo contradiga.
Desde el otro rincón, no se hizo esperar la condena de la otra gran voz de la interna local, el renombrado José González, para que cayera el mazo sin piedad.
Ni Guinle, se dijeron muchos azorados. Pues tal parece que la figura del otrora candidato permanente ha quedado relegada –o bien apoltronada- en los sillones del Senado.
No alcanza el pataleo de algún dirigente histórico del justicialismo local insistiendo con un membrete 2011 que ya empieza a tener otro nombre más valletano. O para el caso, costero, pero de allá.

Ni de la soberbia del inicio, que hizo su entrada con una vergonzosa e innecesaria humillación de quien ostentaba el mando de la gestión saliente, ha sabido hacer buen uso esta actual administración municipal.
No supo transformarla en la arrongancia juvenil que se toma el futuro como propio derecho y se quedó enredada en formulismos y eslogans de marketineo.

En pos de aportar “la de arena” habré de reconocer que algunos intentos quieren diferenciarse, pero cuando parece que rumbean hacia un horizonte medianamente claro, los ciega el exceso de ostentación de gestión y el proyecto faraónico.
Si ayer un Simoncini -hoy más perdonado que vapuleado- hablaba de sus “pirámides” de gestión, la actual administración considerada peor que aquella por su acción desorientada o llana inacción, arroja al ruedo de una ciudad con alto porcentaje de marginalidad el delirio de un Puerto Madero Marca CR.

Por su lado, ni el partido como órgano de apoyo ni los capitostes como referentes y “bendecidores” han aportado recurso humano, asesoramiento o meras charlas de orientación en urgentes mesas de café.

“Los que dejan al rey errar a sabiendas, merecen pena como traidores”.

Que les vaya sonando en el oído como aquella que todavía rezuma en los de muchos y que pronunciara el también condenado Raúl Pierángeli: “los que me sucedan, me harán grande”. Se ha cumplido y regresa cada cuatro años como el eco de una maldición.

Perdido el sueño del cambio, los de treintaytantos ya no creemos en los cuentos de hadas.

Que pase el que sigue. Da igual.

17.7.08

Comodoro era una fiesta

Somos petroleros.
Todos.
Desde el primer al último habitante de nuestra ciudad, si es que tal orden existiera.
Sin importar en qué trabajemos o si estamos en la búsqueda.
Sin siquiera movernos de nuestras casas.
Somos petroleros virtuales, sin las 12 horas de yacimiento y los regímenes 7 por 2.
Pero somos petroleros.

Somos petroleros cuando pagamos alquileres de 1.000 pesos por una pieza en un garage de un barrio marginal.
Somos petroleros cuando un par de botas no baja de los 200 pesos o una campera de 400.
Somos petroleros cuando una pizza común y corriente pasa los 30 pesos y salir a comer nos enfrenta a una irrealidad en la que una ensalada llega a los 40 pesos.
Somos petroleros porque nuestra vida se mide en lo que podemos alcanzar y lo que no, según lo que ganamos por mes.
Adiós al ahorro, la planificación y los gustos. Adiós al futuro de largo plazo.
La vida se disfruta a billetazos o no se disfruta. El futuro es hoy… o a lo sumo, mañana.

Somos petroleros porque vivimos eternamente insatisfechos.
Como el genial Inodoro Pereyra dice: “mal, pero resignao”.
Así estamos y no lo guardamos para nosotros, lo demostramos a quien se interponga en el camino.
Si hay piquetes, es porque los que no lo son quieren ser. O porque los que ya lo son quieren más. O porque los que nunca lo serán no pueden vivir con lo que tienen.

Somos petroleros porque vivimos en una realidad paralela que nos desconecta de la sociedad en la que vivimos, de la ciudad de la que somos parte, de los destinos político-económicos que definen nuestro futuro como país.
En la otra realidad, una Provincia encara el supremo sueño nacional, muchos legisladores subsisten en sus bancas casi sin el riesgo que implica el compromiso ciudadano, y un Municipio casi sin presupuesto hace agua en gestión y logros.
Pleno de funcionarios sin norte con acceso a cajas, funcionarios con norte y sin financiamiento, y funcionarios “montón” que se siguen sumando, el otrora Palacio Azul y su corte viven la ilusión y bendición que no han vivido otros: San Barril les evita una ciudad en llamas.

Somos petroleros porque no hay otra actividad que genere riqueza y progreso.
Porque la zona franca sigue siendo una realidad a medias, porque el turismo sigue siendo un crucero sin destino, porque la educación universitaria sigue en ruinas y la investigación apenas sobrevive, porque el Bureau de Convenciones se ahoga en intenciones que no prosperan, porque las cementeras se van a otro lado a invertir, porque la pesca ha perdido su brillo, porque el campo se desertifica sin apoyos, porque la ciudad del conocimiento es un dislate sin fundamento real.
Somos petroleros porque no sabemos ser otra cosa.

Somos petroleros porque está visto que vamos a usar lo que tenemos hasta que se acabe, en los días locos que nos quedan por vivir.
Somos petroleros porque nuestra mentalidad es extractiva.
Y cuando no haya más para sacar, nos tiraremos todas las piedras de la culpa que ya vamos juntando en los bolsillos, esconderemos las manos y nos moveremos hacia otro destino que nos permita extraer algo más.

Mientras tanto, que siga la fiesta.

7.6.08

Algún día...

Brindemos por este día. Por las rutas despejadas que nos han traído hasta él y que alguien más abrió por nosotros. Por los caminos que tuvimos que abrir a fuerza de resistencia y compromiso, para no tomar la vía fácil. Por quienes nos precedieron y quienes nos acompañan en la aventura.

Pequeña periodista virtual y casi olvidada, me niego a dejar que esa pequeña parte mía que saltaba de emoción ante una historia descubierta en primicia o adivinada como punta de mucho más que merece ser contado, desaparezca para siempre.
Sin título que me avale, sin más formación que el ejercicio del día a día, a pesar de pareceres y opiniones, me siento periodista. Quienes no estén de acuerdo, pues sabrán disculpar la licencia que me tomo.

Hoy levanté la copa con dos amigas nuevas por la profesión casi perdida, recibí un par de mensajes de otros dos o tres amigos que aún me recuerdan y me prometí a mí misma que algún día volveré a ese ruedo en el que las palabras tienen destino, las visiones que podrían ser parciales encuentran ecos que las amplían y el callar o no callar hace la diferencia.

Mientras tanto, resisto en este espacio buscado y querido.

Como alguien me dijo alguna vez, es de sabios desensillar hasta que aclare.
Elijo creerle hasta que pueda volver a ensillar.

15.5.08

Despabílate, amor

Medianoche. En una calle perdida de un barrio marginal un taxista pierde la recaudación del día a manos de un pibe de 14 que quizás nunca aprenderá que robar no está bien. Con esos pocos pesos, se le van también la “sensación” de seguridad, las ganas de seguir laburando, el ánimo para pelearle a la vida un poco de dignidad. El crimen paga. El trabajo no.

Seis de la mañana. Una chica sale de su casa para tomar el colectivo. Vive en los kilómetros. Es la época del año en que todavía es noche a esa hora. La parada le queda cruzando un terreno baldío grande como dos canchas de fútbol. La iluminación no venía incluida con el plan de viviendas estatal. A mitad de camino, la cruza una camioneta de transporte de personal de una empresa petrolera. Lejos de sentirse protegida por la presencia, se siente amenazada. Los gritos de los hombres distan mucho de ser protectores. Se pregunta si tiene que soportar eso, mientras baja la mirada y camina lo más rápido que puede.

Once de la mañana. En pleno centro comercial, dos tipos asaltan una de las tiendas más tradicionales. Gritos, armas, forcejeos, sólo quieren la plata. Se escapan entre la gente que puebla la calle más transitada, en hora pico. Agarran a uno. A las pocas horas está de nuevo en la calle. Es menor de edad y sus padres lo fueron a buscar a la comisaría. Más tarde volverá a pasar por esa tienda, sólo para que lo vean. Y comprendan, claro.

Dos de la tarde. Una casa residencial en un barrio otrora tranquilo. Alguien toca el timbre y la señora que trabaja en la casa abre la puerta. Dos tipos, uno menor de edad, forcejean con ella para entrar. Les gana la pulseada y cierra la puerta. En menos de una hora, los negocios del mismo barrio empiezan a cerrar con llave, midiendo la cara del potencial cliente antes de abrirle. Ya no vale la pena arriesgarse por una venta.

Seis de la tarde. El tránsito hacia el centro de la ciudad es un caos. Los conductores no miden distancias ni velocidades, pasan semáforos en rojo, en un cálculo mortal por llegar dos minutos antes a destino. No importa si en los otros autos hay personas. Sólo importa llegar ya.

Diez de la noche. Un grupo de chicos rodean una casa. Ninguno tiene más de 15 años. Adentro, una mujer embarazada y su hijo de tres años. Uno toma una piedra y la arroja al techo. Los otros lo imitan. El ruido es terrible, el miedo paraliza. Ella piensa rápido y elimina la opción de llamar a la policía. Nunca van a llegar a tiempo. La seccional que le corresponde a su área tiene dos oficiales y ningún patrullero, tienen que caminar hasta el barrio o tomarse el colectivo que pasa cada media hora. Se encierra en su habitación, llama a su marido y espera que todo pase rápido. Se explica a sí misma que esto pasa porque en el mismo lugar recibieron casas algunas de las personas más conocidas del delito local. Es claro.


Tres de la madrugada. Un remisero sufre un nuevo intento de asalto. Le ponen un revólver en la nuca. Se llevan lo poco hecho en su turno. Son chicos. Quizás los mismos que asaltaron a su compañero la noche anterior. Nada cambia.

Otro día amanece. Todos los accesos a la ciudad están cortados. Los yacimientos se quedan vacíos, su gente detrás de los retenes. Son pocos los que pueden llegar a sus lugares de trabajo. La situación se extiende por horas, hasta llegar al otro día.
En medio de todo, las voces de políticos con cargo, jueces y fiscales preguntándose cómo y por qué. El coro de voces comunes trinando, alegando libertad y derechos que empiezan y terminan en una línea común.
Y los retenes siguen.
Los análisis que comiezan a cercar la acción en sólo un sector disconforme se multiplican.
El reclamo se mantiene.
Casi al borde de la orden judicial para liberar las rutas, se promete una vez más desde el gobierno destacar más personal policial en la ciudad.
La presión cede y se llega a un acuerdo casi inexplicable por lo ingenuo.
La ciudad vuelve a fluir sin darse cuenta.
Fue sólo un mal sueño.
Fue sólo un reclamo de un sector.
Los otros vivimos en un mundo aparte. Tan aparte, que ni nos enteramos.

Ahora podemos llegar donde queremos, sin que nadie nos retenga en las rutas.
Ahora podemos llegar al negocio donde seguirán robándonos, a la casa que nos seguirán apedreando, al recorrido donde nos seguirán robando la recaudación y rompiendo los vidrios, al lugar donde no podremos abrirle la puerta a nadie, a los baldíos oscuros e inseguros, a las seccionales sin patrulleros, al juzgado donde la letra de la ley no ayuda, al cargo público donde no terminamos de decidir algunas cosas, a las rutas con bravucones al volante, a la calle céntrica donde se pavonean los menores con antecedentes, a vivir en una época donde el valor del trabajo se ha perdido y sólo gana el que encuentra la vía fácil.

“Despabílate, amor… Que el horror amanece”.



/Gracias a la lectora que me recordó la película de Eliseo Subiela, que toma su nombre de un poema de Mario Benedetti. Los caminos de este mundo virtual son fascinantes…/

4.5.08

Elefantes y tortugas

Un hombre pasea por un camino y de repente ve una tortuga en la cima de un poste.
Le pregunta al primero que se le cruza: ¿qué hace esa tortuga arriba del poste?
El otro le contesta: no sabemos qué hace ahí arriba, pero en dos cosas hemos logrado ponernos de acuerdo –que alguien la puso ahí y que no podemos hacer nada más que ayudarla a bajar.

Este texto, palabras más o menos, llegó a mi correo electrónico apenas unas semanas después de la asunción de las nuevas autoridades electas en todo el país. Para nuestro pequeño enano fascista argentino, ya era necesario –casi urgente- bajar a alguien.
No es una modalidad extraña, ya que en los últimos años he visto desfilar frente a mis ojos –cada vez más desesperanzados, lo confieso- los mismos dos o tres chistes con los nombres de los presidentes/gobernadores/intendentes de turno. Es parte del folklore político nacional, lo sé. Pero como todo gesto mínimo, importa toda una dimensión de significados ocultos.

Pasados los meses, recuerdo esas líneas mientras asisto como testigo al circo mediático en torno del último mega-conflicto que las autoridades ejecutivas nacionales han tenido a mal crear.
Muchas son las voces que se suman a los coros en disputa. Muchas las figuras que abandonan los que parecían retiros permanentes para decir lo suyo.
Entre imágenes y voces, no escapa a mi mirada una realidad que se ha ido construyendo a sí misma desde el furor de la vidriera menemista: la nueva estrategia política argentina sólo deja en la primera línea a las tortugas.
Los elefantes se han retirado a ese lugar donde otrora morían pero ahora usan como cuartel para otro tipo de vigencia, que lejos de eliminarlos del tablero, los fortalece como jugadores clave.

Durante el conflicto agrario, la voz determinante desde la línea oficial ha sido la del ex Presidente de la Nación y no la de la actual persona en el cargo. La voz opositora quiso ser la de Elisa Carrió pero se vió casi opacada por sorpresa con la aparición de la voz de otro ex Presidente, Eduardo Duhalde.
Desde las gobernaciones, todos fueron haciendo un prolijo mutis por el foro y, los que no, quedaron como ecos enclenques que no se podía distinguir a qué foro en realidad pertenecían.
Los intendentes pasaron casi desapercibidos, pese a tener sus mismas ciudades en movilización.

Así, la cadena de representación institucional se rompió de una manera contundente. Si bien han sido muchos los que han advertido sobre esto, el espejo ha mostrado la alineación y alienación más terribles en estos días. La pregunta que surge es: ¿a quién acude el ciudadano en reclamo de sus derechos en este esquema?

En cuanto al tablero opositor, el ruedo chubutense nos da una exacta muestra del desmadre que existe entre los partidos otrora considerados tradicionales.
El tratamiento que la UCR Chubut ha dado a la figura de Pedro Peralta, uno de los referentes partidarios más validados por el voto ciudadano y gestión ejecutiva, ha sido vergonzoso y ha permitido el nuevo pase de manos del poder partidario entre referentes eternamente cuestionados. El auto-golpe con invocación de letra estutaria ha venido del mismo partido que, hasta hace un año atrás, proclamaba la renovación tan esperada o al menos la unión en desmedro de los internismos.
El PACH se ha desdibujado hasta confundirse con el justicialismo marca DN y, aunque bien supo alumbrar algún que otro buen referente, no supo qué hacer con él.
El ARI corre ya el riesgo real de convertirse en parte definitiva de la maraña de partidos o movimientos pequeños que se pierden en el ovillo discursivo y cuyos medios económicos los dejan fuera de cualquier juego.
Y la reciente alternativa del PROVECH no logra todavía despegarse la etiqueta, si acaso quisiera hacerlo, de ser un partido de filo oficialista.
El vacío de la vereda de enfrente –y hasta de los saludables y equilibrantes centros- hace de esta democracia una balanza de un solo brazo. Si acaso fuera un brazo central, quizás hasta resistiría un análisis. Pero ha resultado ser un brazo péndulo que, en su loco vaivén atado a los golpes de timón que pergenian los elefantes, amenaza con arrasar con todo a su paso.

Desde la quinta, el campo sureño, el retiro, el hotel de lujo, los elefantes gozan del privilegio de la no mirada pública. Se comunican a través de voceros elegidos para adelantar sus jugadas, tantear el terreno o poner los señuelos. Como no ocupan cargos públicos por sí mismos, no deben rendir cuenta de su accionar a nadie, aunque para los que sí los ocupan la práctica sea arcaica. Tienen líneas, movimientos, agrupaciones que les responden. Mientras el resto de los animales tratamos de sobrevivir en la selva, ellos miran desde el peñasco más alto lo que les prometen los próximos diez o veinte años.

En el mundo, los elefantes son las corporaciones y muchos de los “hombres de poder”, apenas siervos a buen sueldo.
En Argentina, el reino de lo posible, los hombres otrora públicos han logrado la combinación perfecta: son socios del dinero.

En suma, en el ring del poder, siempre serán los milenarios elefantes los que terminen definiendo las jugadas. Pulgar arriba para los bendecidos, pulgar abajo para los odiados y apenas un gesto de indiferencia de reojo para quienes han sido señalados para el olvido. Cada tanto, cruzarán los colmillos por algún territorio, pero sin engañarse: la idea nunca será eliminar al otro en esa pelea.

Mientras tanto, las tortugas sufren arriba de sus postes un escarnio público que no cesa en esfuerzo ni desinteligencias, disfrazado de análisis concienzudo y neutral. Son tortugas que hacen historia, sin embargo. Los más jóvenes, las nuevas promesas, las chicas con género por expandir. Triste destino para lo que muchos creíamos visualizar como la renovación, el cambio institucional y político.
Varias esperan otros postes para dormitar, o acaso la mano gentil que las descienda hasta un terruño querido para hibernar. Alguna con sueños de grandeza quizás hasta vea como posible un futuro de elefante.
¿Quién sabe? Los milagros existen.

22.4.08

Otro hombre común

Se levanta temprano, muy temprano. Se mira en el espejo y piensa: “un día más”.
No tiene escape de la rutina de estos años. Es lo que le ha caído en suerte, o más bien, es lo que ha buscado. Y con cada día que pasa, esa suerte-búsqueda le pasa la factura de cada uno de los viáticos que lo han dejado donde está.

El peso se siente. Es físico. Hoy, por ejemplo, no tiene ganas de ir a trabajar. Repasa el speech mental, eso de tirar siempre las mismas líneas ante las mismas posibles preguntas. Todo cambia. Nada cambia.
Tampoco tiene ganas de afeitarse. Tiene un día largo y sabe que, al final, alguien le reprochará también ese olvido. Juega a la apuesta mental de pensar quién será de todas las “ellas”. Es que los hombres se supone que no se fijan en eso. Después de todo, quizás hasta pueda imponer un look. La idea lo anima.

Enciende la radio y la primera oleada se le viene encima. Se recuerda a sí mismo que la información no para, que las cosas siguen su curso, que nadie perdona nada.
Parece que la ruta sigue siendo un desastre. Maldita sea la hora en el que se les ocurre hacer todo al mismo tiempo. Lo piensa y se lo repite hasta el hartazgo, mientras piensa cuál es el camino más despejado a esa hora para llegar al trabajo.

Cuando finalmente llega, lo espera la otra oleada. La del descontento interno, la del agua que horada la piedra. Tal parece que hoy no trabaja nadie hasta que no haya un acuerdo. Ese que les debe hace meses, pero que iban supuestamente “piloteando”. No hay diálogo que valga. Pide ayuda a sus primeras líneas, pero ya hay muchos otros partidos en los que están ocupadas y el suyo ni siquiera rankea en liga.

Piensa lo sorprendentemente rápido que alguien se queda solo. Se ríe ante la ironía cuando recuerda aquello de “mal acompañado”. El día recién empieza y la agenda ya está llena. Más de lo mismo, mientras se pregunta si es que alguna vez va a lograr hacer lo que quería.

Algunas voces que lo rodean le hablan de un futuro más ambicioso, en otra ciudad, más lejana y poderosa. Otras, ya en susurros tras puertas cerradas y en mesas de café, lo comparan con un antecesor al que solía mirar y de quien solía hablar con desprecio. Varias se arriesgan a vaticinar un tiempo cercano en el que sea otra la figura de peso en el paisaje, en uno que ya no lo contemple, claro.
Todos demandan, pocos ayudan. Varios critican, pocos solucionan. Algunas cosas salen bien, otras no pasan de malos intentos. De alguna manera el día pasa y él sobrevive. Un día menos.

Es tarde a la noche. Sus hijos ya duermen. Cada vez los puede seguir menos.
Tiene la presión por las nubes y puede imaginarse, en medio de ellas, al albañil y al perro que le van a apuntar a alguno de los flancos débiles desde página impar y a color del diario del día siguiente.

Es Intendente de una ciudad que vive el sueño de un mundo en barriles, va construyendo una grieta insalvable entre sus habitantes y se debate entre una actualidad urgente y un futuro anhelado.
Tiene cuarenta años y la misión de salvar la brecha del olvido, esa que muchos otros dejaron de lado antes que él.

Es un hombre común con un trabajo público.
¿Acaso no le estaremos pidiendo demasiado?

2.4.08

Elecciones

Los días que vivimos nos dejan en el limbo de ser sólo un engranaje en la enorme e implacable maquinaria de la vida más que post-moderna. El gran sueño americano for export va resultando en pesadilla.
“El desencanto del desencanto” llamaba uno de mis profesores universitarios a este pulso caótico y nihilista de la post post-modernidad.
La necesidad de pertenecer a mundos exclusivos nos signa como parias si no tenemos a nuestro alcance el poder para abrir esas puertas. El desamor de los seres más cercanos, queridos y por ello impunemente crueles –como observaba Borges- nos aisla en capullos impermeables. El listón de la perfección nos castiga en el día a día, exiliándonos de futuros posibles.

En el vórtice de una era que mastica seres humanos sin piedad, ¿qué es lo que nos mantiene en camino?

En menos de seis meses dos personas de mi entorno decidieron que vivir no era para ellas.
Sin anunciar razones ni intentar despedidas. Sin gestos estridentes. Casi sin señales perceptibles. Sólo así, con la simpleza de lo terrible. Se desanclaron de los proyectos, de los afectos, de la vida.
Suicidio.
La temida y censurada palabra. Esa que aún hoy muchos medios de comunicación evitan porque se considera que su difusión incita a la imitación, cuando quizás un enfoque activo de su tratamiento podría alertar a muchos sobre los síntomas.

Elegir la no vida no siempre equivale a una muerte rápida. En el mejor de los casos, inicia un camino de conocimiento y sanación. En el peor, el camino es de decadencia. La muerte en sí se convierte en sólo una opción intermedia e inmediata.

Cada vez con mayor frecuencia vamos recibiendo las noticias sobre esta persona que tomó la misma decisión o aquella otra, que ya no soportó las prisas y presiones y buscó formas de escaparse.
No nos engañemos.
La problemática de la droga que carcome a la sociedad comodorense en la ciudad y en los yacimientos es una forma de elegir morir.
También lo son muchas otras estaciones en las que más de uno de nosotros se va quedando.
Las enfermedades asociadas al stress que se manifiestan sin prisa, sin pausa y en aumento. El modo en que conducimos. El uso y abuso del alcohol. El acorralado cigarrillo que resiste. El trabajo como evasión y anestesia para otros dolores. Las mil y una formas de castigarnos cuando aceptamos las otras tantas formas de violencia que la sociedad moderna ha desarrollado y nos perpetra.

Nada hacemos si miramos hacia otro lado y nos repetimos como mantra que son decisiones privadas. Quizás lo sean, pero el camino hacia ellas es uno cada vez más concurrido, en el que los factores llevan el sello de un tiempo común con las responsabilidades de todos. Y el resultado se convertirá, con el correr de los años, en un asunto de Estado como ya lo es en varios otros países sumidos en este karma de su progreso.

Pienso en voz alta en este espacio en el que los encuentro de cuando en cuando, justo hoy, el día en que honramos a los veteranos de la Guerra de Malvinas. Son los mismos que arrastran tras de sí no sólo la terrible negación de una sociedad hacia sus héroes y su reconocimiento activo en la presente, sino el hecho de que el número de veteranos que se suicidó supera con creces el de los caídos en el conflicto armado.

Qué historia triste y extraña la de estos seres frágiles, pero a la vez sufridamente fuertes. Sobreviven años, guerras, desarraigos, violencias, desamores. Y un día todo se hace demasiado y nada parece suficiente. Las razones se diluyen y se impone la muerte.

Una historia que bien podría, cualquiera de estos días, ser la nuestra.

18.3.08

Tú tan periodista

Uno de los primeros fue Costes y la Bizarra… pero claro, era Costes.
Otro día fue Luenzo… pero es que Luenzo siempre es Luenzo.
Y otro fue Otero… pero bueno, también él…
Cada tanto era Bravo y su Rawsonline… pero vamos… que también las cosas que publica.
Son polémicos. Son contras. Están enquistados. Lo suyo es ser opositores. No entienden.
Argumentos a pedir de boca. A raudales. Repetidos hasta el hartazgo.
Es claro, eran los otros.

Después fue “la prensa”, “algunos periodistas”, “ciertos programas”. Así, como cuerpo abstracto e inerte. Eran los culpables, los que creaban climas, los no justos, los que informan mal. Creo que hasta algún diputado provincial todavía electo habló de “terroristas”.

Y ayer… ayer fueron Saúl Gherscovici y Radio Del Mar.
¿Y ahora? ¿Quién sigue en la lista? ¿Ahora qué?

Ahora nos sorprendemos, nos indignamos, repudiamos, nos solidarizamos.
Durante años hemos prestado oído, micrófono, cámara, aire, espacio a quienes han denostado la práctica del periodismo cuantas veces han querido. Sin prisa y sin pausa.
Durante años hemos callado ante ciertos ataques y hablado apenas ante otros.
Durante años hemos permitido el atropello y a veces hasta ha sido apañado por algunos sectores de los mismos medios.

Hoy no debiera existir sorpresa alguna.
Hemos llegado donde siempre supimos –al menos algunos- que íbamos a llegar.

Sólo por una pregunta fuera de los planes de quien las contestaba y que no recuerda –y nadie cumple la tarea de recordarle- que debe dar cuentas de su función a los ciudadanos.
Sólo por un ejercicio pleno de libertad de opinión, que muchas veces incluye mucho más derecho a réplica que la atención por lo dicho en sí.
Sólo por pensar y comunicarlo.
Sólo por hacer un periodismo “no pre-aprobado”.

Este poder omnímodo, como lo bien describe una amiga, se encuentra así cara a cara con el periodismo que no termina de destruir. Y en lugar de reconocerle al menos la perseverancia, lo ataca.
Después de años de generosas pautas oficiales usadas como factor de presión, de pago a pseudo-colegas para romper conferencias de prensa o notas con preguntas acordadas, de riguroso control de “quién dice, qué cosa, cómo y cuándo”.
Después de crear o financiar multimedios yrigoyenescos.
Después de todo eso, no pueden sino insultar a la voz del inteligente, del pensante, del que sabe que en esta profesión no hay extremos sino muchos medios. Y allí es donde está el terreno a explorar.

Lamento este último ataque como lamenté los primeros. En voz alta, aunque esta vez sea escrita.
Si cualquier periodista, si cualquier ciudadano, es silenciado, la libertad de todos se resiente. Perdemos todos. ¿Se entiende? Todos.
Lo comprendan o no, es una gran pérdida democrática escuchar a un funcionario electo, del rango que sea, hablar con desprecio de la prensa, como si de una mafia se tratara.

Señores. Señoras.
Sepan que este es un trabajo de equilibrios. De señalar aciertos y también errores. De crear puentes que no siempre existen desde el Estado. De hacerles llegar voces que no siempre tienen presentes en sus oídos. Y crean cuando se les dice que son más que necesarias, indispensables.
Sepan que apreciamos todo lo que hacen en pos del progreso, pero sospechamos de lo dudoso, investigamos lo poco claro, expresamos públicamente las dudas con el respaldo del caso, y tratamos siempre de encontrar un justo equilibrio. Reconocimiento para lo bueno, investigación para las nebulosas, pluralidad de voces para los temas que son de todos.

Y de seguro seguirán teniendo cámaras y micrófonos y diarios para emitir sus diatribas. Así es como debe ser.
Quizás algún día los asesores cumplan su trabajo y los aconsejen bien, y aprendan a usarlos con criterio para reconsiderar sus palabras y -como bien solicita hoy públicamente el Sindicato de Prensa local- pedir disculpas públicas.

Mientras tanto…
Señores, Señoras: sepan que haciendo de esta relación una guerra están equivocados.
Que nos dañan a todos, periodistas y no.
Ustedes incluidos.

Un mundo de sensaciones

E. vive en el Máximo Abásolo. Uno de los barrios más populosos e infames de Comodoro.
Las calles muchas veces ni siquiera pueden ser consideradas más que huellas. Las casas son precarias. La grilla urbana, desdibujada y por momentos incierta.

E. tiene dos rutas para llegar a su casa. Una antes de las ocho de la noche y otra de ahí en más. A la segunda la llama “la ruta segura”.
Me encuentro llevándola de regreso después de un evento de la institución en la que colaboro y donde trabajó varias horas. Es muy tarde. Digamos casi las dos de la madrugada.
Me explica que tengo que seguir por donde vamos hasta que se termine el asfalto, y después seguir más, hasta que se termine la avenida ahora de tierra. Que a partir de ahí, ella me va a guiar.
Vamos hacia esa parte de la ciudad que apenas existe para la otra parte. Estigmatizados, sus habitantes muchas veces ni siquiera consiguen trabajo cuando dicen donde viven.

E. me cuenta que un día, estando en otro trabajo en la zona norte de Comodoro, escuchó por la radio que había tiroteo en el barrio. Luego de varios intentos logró que su hija contestara el teléfono. Estaba debajo de la mesa, los disparos sonaban en el aire. “Le pedí que no saliera de ahí hasta que no escuchara que todo se calmaba”, me dice resignada y recuerda otro día peor.
Había ido a comprar y saliendo del almacén del barrio un hombre se le acercó y empezó a caminar al lado de ella. E. ya sabe que no tiene que mirar a nadie a los ojos, no es seguro, puede pasar cualquier cosa.
Varias cuadras después, una voz que empieza a gritarle: “Señora, quédese donde está”. Luego de muchos pasos que iban agrandando la voz, E. decide levantar la vista para verse rodeada de policía. El hombre a su lado iba armado. Sólo recuerda que de alguna manera siguió caminando y la siguiente hora fue de dar explicaciones, convenciendo a los oficiales de que no conocía a quien caminaba a su lado. No entendían por qué no se había alejado de él.

Siento frío. De ese que viene con el miedo. Y me revuelve el estómago saber que alguien tiene que vivir así. La náusea también es un signo de dolor. Que alguien como E., digna, honesta, trabajadora, no tenga más opciones que vivir así. Ese dolor.

Llegamos a su casa por la ruta segura que marearía hasta al más ubicado. Un grupo de chicos está parado en la esquina frente a su casa, la cerveza que corre y las voces que suben y bajan. E. los conoce. Me da indicaciones.
“No los mire. Apenas yo cruce el alambre del cerco, mi hija me abre la puerta. No se preocupe por mi, porque yo ya estoy bien. Usted apenas me ve cruzar el alambre, arranque y no pare por nada. A dos cuadras está el asfalto. Una vez que llegue ahí, va a estar bien.”

Fueron las dos cuadras más largas de mi vida, con el corazón golpeando y los sentidos a toda máquina. Cuando llegué al asfalto y la luz, fue como llegar a la meta. El alivio fue físico.
Dos cuadras. Dos mundos.

Unos minutos después estaba entrando en mi casa.
No había chicos en la esquina. Podía mirar sin miedo. No necesitaba coordinar la entrada con nadie: podía cerrar el portón de mi casa, buscar mi llave y abrir mi puerta sin apuros ni corridas. Todavía…

Insisto. Nada entristece ni desmoraliza tanto como saber que no es suficiente ser trabajador y honrado para vivir con dignidad.

Hace unos días escuchaba al VicePresidente de la República repetir el credo de mucha clase político-dirigente por estos días: “la inseguridad es una sensación”.
Para E. y para muchos que son sus víctimas, día tras día y sin pausa, la inseguridad es una realidad condicionante y las palabras como esas son un cachetazo, un insulto.

Y para mí, que todavía tengo el cada vez más escaso privilegio de no sufrirla, también.

13.3.08

Rivadavia

Siempre he sostenido en mi círculo de amigos que se termina hablando tanto de política y gestión municipal porque no hay otras cosas de las que hablar.

Para empezar, Comodoro (¿debiera poner “Rivadavia”?) tiene mucha “historia político-institucional”. Y como en toda historia, a los memoriosos les encanta recuperar el rastro de ciertos personajes que se reciclan sin ser ecologistas. Gracias a ellos, las nuevas generaciones tenemos memoria del quién es quién, del positivo pero también del que se trata de ocultar. Y ese es el que deriva siempre en el Dr. X y el flamante Secretario Y, haciendo racconto de su pasaje por cargos, líneas internas y movimientos con la capacidad de adaptación intacta.

Pero esta es la razón obvia de por qué no podemos zafar del tema. Veamos otras.

Comodoro (R) carece de farándula. El conocido chupete distractor de la actualidad nacional.
No tenemos vedettes pulposas, ni modelos impactantes, ni actores o actrices renombrados haciendo declaraciones reveladoras. Ni siquiera los empresarios más conocidos y de perfil siempre moderado suplen esa carencia y se pasa revista rápido de esas novedades.

Comodoro (me resigné) casi no tiene circuito socio-cultural.
Y cuando tiene algo, son eventos aislados a los que sólo los muy motivados concurren. Por lo general, lo que manda son los dos o tres lugares habituales, renovados una vez cada tres años por la apertura de uno nuevo y la caída en el olvido de otro.
Para la generación de 26/40 la oferta es limitada, hay que reconocerlo. Acá no hay restós étnicos, brunch dominicales, gallery nights o un after office que lo merezca. Sí hay, muy de cuando en cuando, la bendición de espacios como la Escuela de Arte con su estar siempre abierta a las iniciativas jóvenes, ahora albergando la flamante movida “Para eso sí que tienes gracia” agrupando a la vanguardia fashion de la ciudad. Son chispazos en la oscuridad.

Comodoro (¿podré decir CR?) no tiene buen sexo. Más bien tiene “karma malco”. Suena terrible así escrito en un blog que para algunos la va de serio, pero me animaría a decir que más del 70% de la agresividad que destilan las actividades cotidianas -desde el que te tira el auto encima en la ruta hasta la que te vende algo en un comercio como si fuera un favor- pasan por ese costado mal resuelto. ¿O es casual que los diarios desborden de anuncios de servicios y departamentos vip? El otro petroboom de nuestros días.

Comodoro Rivadavia es ahora “Ciudad de Comodoro”.
Sin Rivadavia a la vista y con un botón de encendido/apagado que termina siendo una enorme ironía: nos encienden, nos apagan y, si depende de nosotros, más de una vez preferimos el standby. Así somos.

Circunvalada por conos naranjas, tambores rojos y letreros con flechas. Con ritmo de videojuego, sorteando niveles, buscando atajos y tratando de no perder vidas. Caótica y desconfiada. Deprimida y quejosa. Querida por los locales y los “venidos y quedados”. Aceptada a regañadientes por los recién llegados que todavía no se encuentran en ella. Con sueños de gran capital y los pies en el barro. Literalmente. Preguntándose “qué será será” ser la ciudad del conocimiento.

Lo bueno es que Comodoro puede y tiene con qué, como dice la conocida canción.
Quizás no siempre le sale… pero esa es otra historia.
Aunque la pantalla nos tire un impiadoso game over y alguno que nunca falta nos prefiera unplugged, seguiremos participando.

8.3.08

Ellas

Ellas son únicas, fuertes y poderosas.
Benditas y perennes, me enseñan y guían con la acción, con la firmeza de sus pasos, con la convicción de sus miradas. Luchan, no se rinden, les duelen las injusticias pero siguen con esperanza.
Son las mujeres que me rodean, se ríen y bailan conmigo al ritmo de la vida.
A ustedes, queridas y fascinantes congéneres, gracias infinitas y "feliz día" en este día... al menos hasta que conquistemos la igualdad en todos y cada uno de los otros.
Estamos en camino.

3.3.08

Gracias!

A los colegas de Cheyole.com que me invitaron a escribir para ellos.
Aquí está el resultado...
http://www.cheyole.com/2008/02/29/ciudadania-global/

29.2.08

Cuatro años y un día

Hoy es 29 de Febrero. El primero después de cuatro años. El último día que vivió Susana.

Un día como hoy terminó sus vacaciones en Esquel, se subió a un auto y emprendió el camino de regreso a Comodoro.
Nunca llegó. La Ruta Nacional 40, entre Tecka y Gobernador Costa, le llevó la vida.
Susana era genial, graciosa, leal. Era una de mis mejores amigas.
Nada es lo mismo cuando los amigos se van tan pronto y sin avisar. Es una de esas verdades de la vida que tiene una tristeza tan profunda como ausencia de razones.

Días después del accidente empezamos a investigar antecedentes, sólo para descubrir que el mismo lugar había sido testigo de varios otros por las mismas razones. Encontramos registros de las gestiones de las Cámaras de Comercio de Comodoro Rivadavia y Esquel ante Vialidad Nacional, declaraciones de autoridades provinciales relacionando las altas cifras de accidentes viales con el mal estado de las rutas, gestiones de legisladores nacionales ante los organismos correspondientes para revertir la situación. Encontramos el peso de una realidad que nos agobiaba y también nos decía que al fin es verdad que todo pasa por alguna razón.

Cada una de las personas que perdimos a Susana, decidimos dejarla ir de una manera diferente.
Mi decisión fue hacer un uso más activo de mi voz ciudadana. Desde ese momento, en cada espacio mediático que he ocupado, el reclamo para que se terminen las obras de pavimentación de esa ruta ha sido una constante. He mantenido el tema en mi agenda informativa, en el micrófono de cada una de las radios que me han visto pasar desde entonces. Llorando, con voz quebrada, con indignación, con calma. Como saliera, pero sacándola afuera. Y este año, este es el espacio y la dimensión de mi voz.

En el 2004, casi un mes después del accidente, el actual Gobernador de la Provincia anunció la reparación inmediata de ese tramo de la ruta. Decidí escribirle contando el detalle de todo lo ocurrido, contándole sobre Susana. Lo hice para que esa acción y esa obra tuvieran un nombre y una historia para él, pero también para manifestar gratitud y apoyo a su gestión. Es anecdótico que supiéramos que no era posible la reparación “inmediata”, porque todo depende de un plan nacional que sigue su marcha y tiene todas las etapas de las obras públicas. El gesto, la puesta en el ojo público, era lo importante. Quizás en los esquemas de soluciones express que muchas veces reclamamos este parezca un gesto vacío. Les aseguro que no lo fue.

Hace un año, en una cadena de mails, pedí a mi círculo más cercano que escribiera a sus legisladores nacionales, que comentaran el caso con sus amigos, que reenviaran el mail a sus contactos. No sé qué tan lejos hemos llegado por esa vía, pero si al menos una persona se sintió involucrada es suficiente.

Y también decidí comenzar a escribirles a mis representantes en el Congreso de la Nación.
Toda vez que le cuento a alguien que hice y hago esto, me miran como si fuera un personaje de película y en cualquier momento comenzaran a aparecer los títulos de cierre. Es una de esas cosas que hace la gente en otro lado, en otro paisaje. Acá, no.
Sólo un legislador ha respondido siempre: el Senador Nacional Marcelo Guinle. Y la respuesta escrita ha sido detallada sobre todos los estadios de la obra y el grado de avance, pero la más importante ha sido la respuesta de gestión. Durante años ha mantenido en su agenda de gestión un reclamo e interés constante por el estado de transitabilidad de las rutas, y la Ruta 40 ha ocupado un lugar de preeminencia.
No importa que haya sido el único. Uno es suficiente. Uno hace la diferencia. A los otros, ya no los voto.

Hoy la Ruta 40 va rumbo a convertirse en la columna vial-turística más importante del país. El plan de inversiones continúa, las obras también. El tiempo pasado sin gestión es tiempo perdido, pero el futuro es prometedor. No es un logro personal, pero sí es una batalla ganada para iniciar otras.

Les cuento todo esto tal vez para exorcizar tristeza, pero también para pedirles que consideren tener un día de acción ciudadana activa y positiva, sobre este tema o sobre el que los preocupe. No una reacción anónima y del momento. Sí una acción, con nombre, apellido y documento, poniendo en verdadero juego nuestro rol de ciudadanos de una democracia.
Escriban a sus legisladores. Contacten a sus Gobernadores e Intendentes. Pónganles una cara y una historia a las políticas de Estado. Apoyen lo que les resulta válido, pidan acciones sobre lo que no funciona. Comprométanse.
Que sea hoy o un día cualquiera, no importa. Lo importante es poner a girar la rueda, ser uno de los engranajes del cambio.

“Para que nuestra esperanza sea más que venganza / sea siempre un camino que se deja de herencia”, dice alguna canción por ahí.
Que así sea, que así sea, que así sea.
Gracias.

26.2.08

Hay equipo

Hoy cerró la primera encuesta que decidí incluir en este espacio. La consigna era: “Si Mario Das Neves fuera candidato a Presidente en el 2011…” y las posibles respuestas pasaban por “lo votaría”, “no lo votaría” y “no sé si lo votaría”.
Once lectores contestaron la encuesta.
Se me dirá -y yo lo aceptaré- que es un número ínfimo. Ni siquiera da para un diminuto botón de muestra.
Como sea, es interesante. Si de 11 personas, dos lo votarían, dos no saben y siete optan por el absoluto no, quizás algo se pueda leer detrás de las líneas ajustadas y llevar a números más grandes.
Dejaremos las lecturas para los Richelieu de bolsillo que rondan -y en hordas a veces- a las figuras de poder por estas tierras, mientras olfateamos en el aire esa máxima argenta que indica que la misma fuerza que sostiene es la que un día se cansa y aplasta.

Estos últimos cuatro años para muchos tienen el signo de la desesperación, de acomodar el ganado antes de que se cierren las tranqueras de acceso tan bien habilitadas. Para otros es sólo un cambio porque, sin importar de dónde sople el viento, la veleta siempre les señala un horizonte. Y para algunos pocos, el libro de la historia sale de abajo del brazo que lo tenía asegurado y se abre, dándoles un vistazo no generoso pero sí añorado de los roles que podrían llegar a representar.
2009 y 2011 son dos paradas de un tren que va a dejar a muchos pasajeros en el andén, esperando el próximo. Y al mismo tiempo, son los tableros de dos partidas sincronizadas en estrategia y objetivos en las que se juega la supervivencia del unipartidismo imperante desde la crisis de la Alianza.

En Chubut, la danza de nombres ya está marcando los primeros pasos y muchos de los que van ganando la pista son bailarines de cuerda, lo que lleva a pensar que aunque la aspiración presidencial no prospere, hay una silla de la mesa chubutense que estará ocupada por un buen tiempo. Y en esa rueda de caras conocidas y añosas, esa presencia también representará una renovación.

Por mi parte, en este costado de todos los juegos de mesa, me reconforta tenerlos a ustedes once del otro lado.
Ahora hay equipo. Y entonces podemos empezar a soñar con salir a la cancha, robarle el campeonato al club más grande y pelear el ascenso.
Aunque más no sea por la camiseta, allá vamos.

19.2.08

Pobre niña rica

Siempre me ha asombrado esa extraña actitud de pataleo que tenemos los comodorenses y que, sin querer queriendo, nos aleja de todo lo que podríamos ser.

Hablo de ese berrenchismo de nena malcriada que quiere todo lo que los otros tienen y, cuando consigue algo en particular, lo mira con desdén, lo hace a un lado, quiere lo otro que no le dieron y se deshace en reclamos invocando justicia y alegando merecimiento.

Que mi ciudad se merece destinos de grandeza es algo en lo que elijo creer. Todos pensamos más o menos lo mismo de nuestros lugares en el mundo. Sin embargo, hay un detalle: la única barrera entre mi ciudad y su destino somos los comodorenses.

Raza no gregaria, todavía hoy –pasado el boom migratorio- miramos con desconfianza a los no tan recién llegados y seguimos socializando de la puerta para adentro con “los de toda la vida”.
No generamos espacios de encuentro, actividades de inclusión, nuevos lugares con identidades múltiples. Todo es nosotros, lo nuestro, lo nyc. Y miramos a los otros, los traídos a la fuerza, los venidos y quedados, como a esos que están de paso, explotándonos.
Es cierto que la generación de los treinta estamos creando una raza de comodorenses que siente suya a su ciudad pero sin exclusivismos y pretende un cambio urbano-cultural acorde. Pero también es cierto que, ante determinadas avanzadas gubernamentales e institucionales, somos los mismos que pensaríamos dos veces y aún así nos iríamos a buscar caminos en otro lado.

Hemos visto a nuestra ciudad buscar su identidad como destino turístico de convenciones, como polo cultural, como centro regional de eventos deportivos. Y la hemos visto, una y otra vez, estrellarse con su Bureau de Convenciones que no despega, con sus empresarios de espectáculos remando contra gestiones gubernamentales de Cultura que no acompañan, con clubes deportivos que se dan de bruces contra la realidad del financiamiento de categorías nacionales. La hemos visto aislada de la red aérea, limitada en su red vial, resignada a la eterna inconsistencia de su oferta turístico-cultural.

Una ciudad que había logrado realzar los festejos de su aniversario se enfrenta este año a una austeridad mal entendida que, mientras ahorra en elecciones de Reina, despilfarra en salarios a personajes cuestionados -anque alineados- que se encumbran al frente de “Programas” varios que bien podrían ser llevados adelante por el organigrama tradicional y sus responsables.
Una ciudad que se convirtió en asombro del propio Presidente de la Nación por haber revivido los espacios verdes, ve impasible la avanzada que propone “amigarse con el desierto” y abandona el riego de boulevards y plazas.
Una ciudad que ha tenido una sede de una Universidad Nacional acollarada por su escaso presupuesto y sin mayor participación en la vida comunitaria que la ocasional que ha partido casi en exclusividad de inquietudes de su ámbito académico, se pregunta ahora cómo le pasó el proyecto de la Universidad del Chubut por encima y por qué se pretende que el campus se sitúe en Rawson.
Una ciudad que había logrado establecerse en polo de eventos deportivos de relevancia nacional, que le brindaban a su vez una inserción en el mapa turístico regional, mira pasar las categorías hacia otras regiones que tienen más en claro el mapa integral que conforman el deporte, la cultura, el conocimiento y el turismo.
Esa ciudad es la nuestra. Eternamente insatisfecha como a su vez incapaz de apreciar mientras tiene y dar un valor a sus recursos.

Entonces no es extraño que, cada día más, el cansancio de remar siempre contra corrientes descabelladas nos pegue en la nuca y nos deje al borde del nockout. Quizás sea hora de aceptar que las cosas nos pasan porque las generamos. Con el desinterés, con el no compromiso, con el aceptar que cualquiera se haga cargo de cualquier cosa, con el no pensar.

¿Qué tiene el Valle que no tenga Comodoro? Pensamiento integral.
Puesta en valor de lo que se tiene, clara consciencia de lo que no se tiene, uso inteligente del tándem de poder político y poder institucional para lograrlo.

Mientras tanto, seguimos enfurruñados. Porque otros tienen lo que queremos, porque el papá a cargo no nos favorece, porque nada de lo que tenemos nos conforma.
Eternas criaturas abandonadas, salimos de una infancia de privaciones para enquistarnos en una problemática adolescencia, con más abundancia quizás pero igual de carente de criterio.
Lo nuestro, comodorenses, es una crisis de identidad. Y la verdad es que no estamos preparados para enfrentarla.

17.2.08

Paréntesis

Hoy no tengo ganas de pensar en tableros políticos ni vanidades del mismo ramo.
Sí quiero escribir, desde hace unos días, sobre algo importante que nos estuvo pasando y no dependió de urnas, ni de iluminados, ni de posicionamientos.

La semana pasada, por primera vez en mucho tiempo, fuimos una comunidad.
Nos unimos en torno a una causa en común, extraño como suena.
Algunos, por el rédito económico. Otros, por estar ligados a la actividad que convocaba.
Y muchos otros –más anónimos, quizás- por sostener y reconocer el esfuerzo que alguien, a quien sólo conocíamos por nombre o profesión, había hecho para todos.

Es casi un relato épico, donde el héroe no porta espada sino vela, pero al mismo tiempo es una historia de un hombre común y de su gente.
Es la historia de una persona que imagina una oportunidad. Le da forma al ideal y le suma compromiso. Se lanza literalmente al mundo y le cuenta de esa posibilidad, todavía muy pequeña como para poder convertirse en algo palpable. Los años pasan y esos capítulos del camino que todo proyecto recorre se van cerrando y sucediendo. Un día, despertamos sabiendo que todo pasará en el 2008. Y entonces la tarea fuerte comienza: la de dispersar dudas, lograr presencias, sumar apoyos.
Ocho años pasan... Con mejor o peor suerte, con gobiernos entusiastas o indiferentes, construyendo con los pequeños logros que se van sumando.
Quizás ni siquiera valga la pena acordarse de la falta de apoyo del gobierno nacional o de las mega-empresas, del silencio de los multimedios, de las puertas cerrándose incrédulas. Al fin y al cabo, la presencia de muchos donando su tiempo y trabajo ha sido el aporte más grande, el que más ha honrado el espíritu de lucha detrás de las candilejas.

Estimo que en este punto ya saben que hablo del Mundial de Carrovelismo y de Pablo Reyes y su familia.
Este ha sido el paréntesis en el que muchos nos reecontramos con el verdadero sentido de “ser parte”. Parte de una realidad enorme, de un entusiasmo compartido, de un verdadero espíritu de comunidad.
Fue un orgullo. Fue un privilegio. Nos dimos de frente con la realidad más burda de los cuentos de hadas: todo sueño es posible si se pelea por él lo suficiente.

Quizás esta columna de hoy suene idealista, simplona, sin vuelo. Lo lamento si así parece… pero es que, cuando de emociones se trata, es lo que hay.
Y en este año, en el que la sobre-escuchada frase “es lo que hay” justifica tantas carencias, por primera vez puedo susurrarla con profunda emoción.

11.2.08

Good Show

A veces pienso que en materia de gestiones culturales vamos perdidos. Así, sin chance de optimismo. Pensarlo no sería nada si no fuera porque, más o menos cada cuatro años, la idea tiene a reafirmarse.
Superado el asombro de ver confundir y sojuzgar conceptos sin tregua, más de una vez sólo queda la profunda desazón de ver que, capítulo tras capítulo, se repite la historia.
Y no pasa por una mera resistencia al cambio, como se ha declarado con absoluta convicción. Pasa por el hastío de ver cómo la cultura también se ha convertido en territorio de deterministas que deciden qué es cultura y qué no, y lo comunican con una ligereza tal que deja entrever más que firmeza de carácter, llana ignorancia.

De cada ciudad en la que he estado, argentina o extranjera, siempre me ha cautivado por partes iguales el circuito oficial con sus museos, muestras y teatros, como el circuito alternativo con la informalidad del arte callejero, la música al paso y las voces de las minorías que distan mucho de ser silentes. Me maravillo, lo disfruto, participo, busco, me identifico, me emociono.
Cultura es identidad. Desde el idioma hasta el dialecto. Desde las danzas circulares hasta el ballet. Desde los cánticos tribales hasta la ópera. Desde el artista circense hasta el actor laureado. Desde la caricatura callejera hasta el cuadro de exposición. Desde la rima casual hasta las novelas de culto. Todo lo que nos rodea como expresión de lo que somos. Cultura es mucho más que “espectáculo masivo al aire libre”. Lo contiene, sí, pero viene desde algo más profundo y lo trasciende mucho más allá.

Y Comodoro Rivadavia es una ciudad rica en cultura. Desde el enorme tesoro casi nunca valorado de las culturas nativas, hasta la maravillosa y sostenida en el tiempo herencia cultural inmigrante. Nuestra cultura es un abanico apabullante y de un atractivo único cuando se lo amalgama con la avanzada “made in Comodoro” que las generaciones de “treinta y pico” han ido construyendo los últimos años desde el teatro, la música, la danza, la pintura, la imagen, la palabra, pero sobre todo desde el compromiso y la pasión.
Nuestro problema no es carecer de cultura, sino de los puentes tendidos entre todas sus expresiones para ponerlos a todos en valor. Nuestro nudo de conflicto es la gestión cultural, que muchas veces cae en la tentación de valorar una expresión en desmedro de otra, convirtiendo todo en una especie de justicia cultural con visos de revanchista.

Quizás no ha ayudado la carencia de estructura física para las diferentes manifestaciones, en especial la falta de espacios públicos.
El Ceptur es pequeño en superficie, pero los latidos que va emitiendo con sus sucesivas exposiciones de pintura, fotografía y hasta escultura, no son desdeñables. Su espacio también ha contenido y contiene a ciclos de cine debate, conciertos de artistas locales y exposiciones de los jóvenes de la ciudad que muestran una más que interesante mirada de sus propios barrios desde el lente de una cámara.
El Centro Cultural es una promesa, lo mismo que el incipiente Predio Ferial. Y las plazas quedan en el entredicho entre lo que es el derecho al espectáculo al aire libre y el derecho a la tranquilidad de quienes viven alrededor.
Poco se ha hecho para llevar los espacios de exposición y expresión a los barrios, quizás utilizando como plataforma las sedes de las uniones vecinales. Más allá del programa de Talleres Barriales -que no son exclusivamente culturales- no se ha planteado la posibilidad de descentralizar físicamente el circuito cultural.
Si a esto sumamos la falta de una Escuela Municipal de Danzas, o de Idiomas, o de Teatro, o de Música, o de Bellas Artes, la ecuación nos deja en un páramo de suma de voluntades que casi siempre son privadas. Es necesario, imprescindible, un lugar donde cualquiera pueda formarse, educarse, superarse, encontrar esa voz interior y manifestarla, sin importar su condición económica.

Tal vez todo esto suene superficial frente a las necesidades urgentes. Siempre habrá algo más urgente que la cultura, pero es menester recordar que nunca habrá nada más importante. La cultura y la educación forman esa aleación que ha salvado a pueblos de los errores de sus propias historias. Son las puntas de lanza, junto al deporte quizás, que han roto el techo de cristal que la exclusión socio-económica planta sobre niños y adolescentes que se ven encerrados en un corralito de oficios y no profesiones, esquinas de birra y faso, y grafitti de cancha en paredes y monumentos.

Confieso que he sido una privilegiada. He crecido rodeada de libros, música, cine, teatro, arte. He completado mi educación obligatoria y pasado por alguna que otra Universidad. Sin apuros económicos o con ellos, siempre he encontrado una voz en alguno de esos espacios que me ha guiado o sostenido en las malas de la vida.
Puedo escuchar cumbia, rock o música clásica y bailar en ese ritmo ecléctico con mezcla propia.
Puedo ver películas de acá, de allá y del otro lado, sólo por el hecho de sumar miradas que enriquecerán la mía.
Puedo leer poesía local contemporánea o una novela clásica universal. Las voces detrás de las letras siempre tendrán un mensaje destinado a perdurar como un eco.
Y también puedo ver elecciones de Reinas y reconocer que la belleza física también es un valor que puede transmitir otros valores, y que esos eventos en sí pueden servir para difundir industrias-arte como la del diseño de indumentaria así como las soberanas pueden ser vías de difusión de otros atractivos locales.
La cultura y la educación me han dado el mayor de los regalos: el criterio.

Aún así, de todos los “puedo” citados, siempre termino enquistada en un “no puedo”.
No puedo entender -por más que trato- que quienes tienen como responsabilidad la gestión cultural decidan usarla como factor de exclusión basados en una concepción, sino dudosa, al menos muy limitada.

5.2.08

Había una vez…

Había una vez un lejano petroreino que volvía a tener Intendente. Había una vez una mesa redonda de gabinete, con lobos viejos y muy pocos corderos. Había una vez un pueblo que soñaba con ser Camelot.

En las intrigas de palacio, que comenzaron incluso antes de llegar, los rumores jugaban un ajedrez que movía piezas de acuerdo a los ánimos políticos de más arriba, de los zigzagueantes pasillos y las promesas por cumplir. Y así amaneció Enero: con la resaca de un Diciembre de primeros nombramientos y poca acción, la promesa de un lejano Marzo que agite el avispero y, en el medio, la muy mala pata de un derrame de petróleo que se transformó en la primera crisis de la gestión y sirvió de primer espejo de los ruedos encontrados que se jugarán el poder dentro de la misma de aquí en más.

Que el poder político está relacionado con los manejos de las “cajas”, con el armado y control de cuadros propios internos y externos, y con muchísima cintura es lo que hay que tener en claro como el ABC para hacer política y llegar lejos en nuestra tierra. El idealismo queda para la palabra que se lo lleve y lo enarbole en cada turno electoral, y claro también para el ciudadano que lo crea y lo avale con su voto. Algunas campañas apuestan al “orden”, otras a la “transparencia” y las más cercanas de la temporada 2007-2008 se han centrado en el “cambio”. A la hora del verdadero juego, nada de eso cuenta.

De cara al tablero de este juego, es interesante encontrar, en este primer rostro que nos devuelve lo ocurrido en Caleta Córdova, el desplazamiento de poder desde la figura del Secretario de Gobierno “Maní” Corchuelo Blasco” a su par de Gestión Territorial Ricardo Trovant en tándem con el ViceIntendente Sergio Bohe. A ningún observador escapa que estas últimas son dos figuras mucho más ligadas al núcleo dasnevista que el primero, postergado según dicen los corrillos por su creciente protagonismo en la gestión y el núcleo político-familiar que habría comenzado a regestarse para sostener el poder en el largo plazo.

Pero volviendo a la delantera Trovant-Bohe, ya a algunos preocupa en voz alta el blindaje que ambos pudieran hacer de una Administración Buzzi, con Buzzi incluido. Más bien recuerdan la línea Touriñán-Gaitán que mantuvo a flote la gestión Simoncini y sostuvo a raya también los rumores e intenciones que encaminaban aquella gestión en el largo plazo hacia la figura del entonces Vice Ángel Gioino, una mucho más fuerte y avalada. ¿Será esto un repetir todos los pasos, a modo de prueba y error, a ver si la idea era al fin de las que funcionaba?

El aval a la nueva dupla de poder local representa una puesta de pie en tierra que tuvo un interesante precedente en el escandaloso -en tiempos democráticos- desplazamiento del cuerpo de abogados de la Asesoría Letrada municipal, quienes habían ingresado a esa función mediante uno de los pocos concursos públicos que la estructura municipal recuerde en muchos años. Se los invitó a no volver, sin más fundamento que el contenido en la Resolución que determina el cese de sus contratos. O sea, ninguno. Era de esperarse que, si las intenciones de sumar “abogados integrales” fueran tan firmes como han sido enunciadas, se hubiera llamado a un nuevo concurso, con estándares más altos de los utilizados en el último y que nos permitieran a todos los contribuyentes conocer qué tipo de servicios pagamos. Nada de eso ocurrió y los puestos fueron cubiertos de la misma tradicional manera oculta, dejando marcado el terreno.

Sumado a todo lo anterior, fuente de inagotables sorpresas parecen ser los sucesivos Boletines Oficiales, con designaciones de personajes en primeras y segundas líneas más que cuestionados en el ámbito municipal y algunos incluso con actividades “desprolijas” en su haber.

En la historia de este reino al Sur, nadie ha logrado sostener su corona por encima de las intenciones y designios del Norte. Es una bendición mientras dura la campaña hacia el poder y se torna en una maldición cuando la convivencia comienza. El que avala, impone. Quizás esa sea otra de las reglas del juego político, una que muchos aprenden demasiado tarde. Quizás sea justo decir que esto recién comienza, que todavía hay tiempo de juego para que mucho decante, otro tanto sea modificado y quizás, tal vez, al fin esta vez, algunas cosas cambien. Sin embargo, no estaría demás seguir el hilo de la historia para que no lleguemos al final del cuento y nos encontremos sin perdices.

La visión que porta el nuevo Intendente es de las más prometedoras y con más vuelo que haya contenido la política vernácula en los últimos tiempos. Tiene background intelectual, mentalidad moderna, formación integradora y tiene también –por qué no decirlo- la ambición necesaria para sostenerse, pero cabe la duda sobre qué podrá hacer en medio y con esa mesa redonda en la que muchos caballeros no reconocen más Camelot que el suyo propio, un rey sentado en Fontana y el poder de una Excalibur que todavía nadie logra sacar de la piedra de un lejano Valle.