23.10.08

La otra marcha de los pingüinos

Hoy vivo en una ciudad que se dispone a movilizarse.
Comodoro Rivadavia, el emirato patagónico, dice “basta” de una manera que no es la ideal, sino la que proviene del pisoteo y el hastío. Es un “basta” reaccionario. Cansada de alzar voces individuales, apuesta a crear un ruido común.

El fusilamiento de un comerciante en un robo hace unos días vino a dibujar la línea roja que marcaron mucho antes la sociedad trelewense en nuestra provincia y ni qué hablar de la porteña a nivel nacional.
Ya no alcanzan los anuncios de más efectivos policiales. Ya no sirve el flamante Código Procesal Penal. Ya no nos contenta la petrobonanza. Ya no nos suena ejecutivo el anuncio gubernamental de turno.
Todo tiene gusto a poco, a extemporáneo, a zarpazo desesperado. La ola nos ha pasado por encima a todos y nuestra propia falta de previsión nos ha acorralado.
Ya nadie está seguro detrás de las rejas y los códigos de alarma, con el dedo en la tecla del portero eléctrico que habilita la entrada al negocio elegido, mirando hacia todas partes cuando las calles están casi vacías o no parando en ciertos semáforos en rojo por lo que pudiera estar esperando en las esquinas.

En tiempos extremos las soluciones debieran ser también extremas.
La reforma que la realidad le impone al sistema de seguridad, judicial y penitenciario es de una dimensión nunca antes vista. Pero es que los tiempos en los que vivimos tampoco han sido vistos antes. Sólo resta saber si las personas con la responsabilidad para encarar tales acciones tienen la capacidad, la visión y la sabiduría para hacer de ese proceso una concreción a tiempo.
La seguridad es una cadena con eslabones muy sensibles.
No sirve tener 100 policías más por día si no pueden trabajar al máximo de su capacidad y sin carencias.
No sirve tener policías bien entrenados y equipados y una Justicia inoperante.
No sirve tener buenos jueces y fiscales entrampados en la letra de leyes inadecuadas a la realidad.
No sirve tener las leyes correctas si las unidades penitenciarias y reformatorios son mazmorras medievales.
No sirve lograr una buena reinserción social si el regreso es al ghetto sin salida y la marginación de la pobreza extrema.
No sirve una sociedad que no se compromete en señalar y acusar, en controlar y castigar con su voto y a través de sus representantes a quienes no desempeñan sus cargos con honestidad y eficiencia.

Mañana Viernes 24 de Octubre, a las 20.30, desde la céntrica Plaza Roca partirá una marcha que, aún sin saber si será multitudinaria o no, será un primer paso importante para sabernos en camino hacia un lugar en el que nuestra vida y los valores que elegimos sostener sean preservados y respetados.
La seguridad también es uno de los últimos valores solidarios.
Y cuando se pierde, carcome las bases mismas de la sociedad, el miedo manda, todos somos sospechosos y hasta el mínimo gesto cotidiano nos para en veredas enfrentadas.

Caminemos juntos mañana, pingüinos K y no K y de todo el alfabeto.
Dejemos por una hora la comodidad del sillón, la trinchera detrás del mostrador, el silencio de los que sin quererlo avalan y otorgan.
Que sea una marcha en contra de nadie y a favor de todos.
Caminemos juntos por el futuro de quienes nos sucederán. Para que no nazcan y crezcan en un campo de batalla que no verá vencedores ni vencidos, sólo aniquilación.

15.10.08

Es el lobby, estúpido

Reinventada hasta el cansancio, la frase “es la economía, estúpido” marcó toda una época en lo que a discurso político se refiere. Por si no conocen la historia, se las resumo.
George Bush, el padre, iba de campaña presidencial en los Estados Unidos del Norte frente a Bill Clinton allá por el ‘92. Los números no favorecían a los demócratas cuando James Carville, estratega de la campaña Clinton, armó un cartel para su equipo con tres lineamientos para enfrentar el tanque Bush que avanzaba y se alejaba usando como punta de lanza el dominio en política internacional. Las tres frases de Carville fueron:
- Cambio vs. Más de lo mismo
- La economía, estúpido
- No olvidar la salud pública
El cartel trascendió el ámbito interno de la campaña y la segunda frase se convirtió en el caballito de batalla de Clinton, uno que lo llevó hasta la Casa Blanca. A modo de legado a la posteridad, la línea quedó para el uso del mundillo político y mediático, y se ha adaptado a los más diversos focos de atención desde entonces. Fin de esta historia.

A miles de kilómetros al sur de Washington, me sentaba días atrás en un atestado seminario sobre instrumentos financieros para PyMes en la pujante Comodoro, que quién sabe con certeza si tiene a alguna empresa como para entrar en esos juegos millonarios propuestos. Como es de rigor, la apertura del evento recayó en una autoridad municipal de peso. Y allí estaba, cumplidor como pocos, el ViceIntendente Sergio Bohe despachando una idea clara y certera en el entorno menos esperado: “Comodoro Rivadavia carece de capacidad de lobby”.
Lo dijo así. Sin vueltas. Y enseguida agregó, reafirmando, la convicción de que los reclamos no van acompañados de estrategias.
Y tuvo más razón que nunca.

Lobby ha sido una palabra y un accionar desprestigiado y mal manejado en la política nativa. Sin embargo, el mecanismo de ejercer presión o influencia funciona y –ya que no existe un instrumento legal que lo regule- en más de una ocasión termina derivando en corrupción lisa y llana, del tipo que no reconoce delgadas líneas rojas.
Pero antes de ese paso final y muchas veces evitándolo, el lobby también es lo que permite a los pequeños aunar fuerzas y encaramarse con la onda frente a la ominosa presencia de los Goliat.
En ese rincón ha sido casi ignorado como acción ciudadana. Demás está decir que son pocos los grupos de presión no politizados que encaran reclamos con estrategia.

En el caso de nuestra región, ya no se habla de lobby de intereses regionales desde que la Presidencia de la Nación ha recaído en manos de no uno sino dos patagónicos. Ese es tema del pasado y se considera que, per se, todo reclamo tiene a los más excelsos embajadores para abogar por su causa.
Es un comodismo, por ponerle una etiqueta, antes que una convicción basada en concreciones, ya que la dupla patagónico-presidencial ha favorecido mucho en su accionar político, pero también ha olvidado.

Haciendo pie en nuestra provincia, lobby es parecido a campaña cuando ciertas líneas se entrometen en el discurso del ya podríamos decir pre-candidato presidencial Mario Das Neves. Es un lobby con segundas intenciones, claro, y por ello un tanto desvirtuado cuando se convierte en moneda de cambio en los avatares del tablero o en cantito de tribuna de los cortesanos que bien podrían seguir a este rey o a otro. Pero es innegable que está. Hacia el ámbito nacional, la voz gubernmental procura hacerse de un sector a representar, amplio y aglutinante, mientras empuja unos intereses sobre otros en la agenda. Desde la sociedad civil, las voces han tenido sus momentos en la asamblea de vecinos autoconvocados de Esquel y su NO a la minería, o en los grupos que han pugnado por la revisión de la concreción del Dique Los Monos.

En nuestra ciudad de muchas quejas, sin embargo, la acción no encuentra una salida ordenada ni en estrategia ni en acciones. Más allá de las gestiones capitalinas hacia las que desfilan uno tras otro los intendentes de turno para someterse a tiempos de presupuesto y escritorio, o de los exabruptos ciudadanos generados en el cansancio de soportar una y otra vez las mismas cantinelas, no existe un plan de acción claro y proyectado que nos lleve a un destino cierto. Dicho de otra manera, hacemos lobby sin norte. Los últimos intentos medianamente organizados desde la parte ciudadana provenían del conocido Grupo Productivo, que se desbandó sin llegar a la carrera de fondo, o cada tanto de la Cámara de Comercio que alza la voz sobre alguna que otra situación. Pero nada más.
Entonces nos hundimos bajo el peso de lo tolerado: obras que no concluyen, calles de rally 4x4, carencia de horizontes de desarrollo sin petróleo, precios imposibles, inseguridad que mutila y mata, eternos cantos de sirena sobre una ciudad del futuro que se aniquila en el presente.

Como uno decida verlo, el lobby es un factor de cambio. Influir para alterar un curso fijado.
Desde el periodista independiente, con su voz única que moviliza otras, hasta los grupos autoconvocados o las asociaciones civiles para defender un interés comunitario o sectorial.
Desde el ciudadano que escribe una carta al lector hasta las asambleas que ponen en claro sus reclamos y protestan.
Desde el político con línea propia hasta el diputado con bloque unipersonal, ambos con igual hambre de base.
Desde el gobernante que se hace eco e identifica con las necesidades de su gente, hasta el que llega para algo más que seguir acumulando.
Todos tienen en sus manos la posibilidad de influir para cambiar.
Creo en el lobby individual tanto como en el grupal, o quizás más. Pero, como bien dijo Bohe, si ese cambio no tiene una estrategia en el bolsillo la presión se va de centro, se diluye, deja paso a otra y desaparece en una niebla muy parecida a la eterna frustración.

13.10.08

Nobleza obliga

Quienes han seguido este blog fuera de micrófono, y antes mi voz desde el otro lado del micrófono, sabrán lo cercano e importante que ha sido para mi el cabildeo por el estado de la Ruta Nacional 40 entre Esquel y Gobernador Costa.

Hace unos días regresé de un largo viaje rutero en el que transité ese tramo por primera vez en años.
Después de meses y meses de voces amigas contándome destrozos y mejoras y nuevos destrozos, pude verlo todo por mí misma.
En honor a la verdad, hay tramos todavía deshechos por baches con diploma de cráteres o banquinas comidas por el paso de los vehículos pesados y algún que otro invierno.
En general, la señalización de advertencia varía entre muy buena e inexistente. Prima la muy buena, así es que tomo lo inexistente como un detalle a ser salvado, con urgencia claro está.
Hay tramos hechos a nuevo y ya mostrando algunas huellas de desgaste por el tránsito de camiones que no perdona.
Pero hay otros en los que se observa el trabajo ya hecho o en progreso, logrando una carpeta asfáltica a nuevo.
Más allá de la 40, la Ruta Nacional 26 también va en proceso de mejora, la cual es más que necesaria en zonas en las que la circulación ha quedado reducida a una sola mano intermedia.

Como saben, durante estos años he pedido a mis amigos y conocidos escribir a nuestros Diputados y Senadores en el Congreso de la Nación, al Gobernador del Chubut, y a quienes ellos consideraran necesario para lograr el mejoramiento definitivo de la 40.
Yo misma lo he hecho.
He recibido pocas respuestas. Casi ninguna.
Como ya he contado en este espacio, el único legislador que ha respondido explicando gestiones y tiempos de concreción ha sido el Senador Marcelo Guinle.

Hace poco más de cuatro años una de mis mejores amigas moría en esa ruta, desnivelada y rota, en un absurdo accidente de tránsito que podría haberse evitado con sólo invertir un poco y mantener otro tanto más.
Hace unos días me paré frente a la cruz blanca que la recuerda, a 32 km al sur de Tecka, y la ruta a mis espaldas estaba hecha a nuevo, flamante, segura.
Es un mal consuelo, pero vale. Vale mucho.

Entonces, en honor a lo solicitado y atendido, decido usar este espacio para un agradecimiento público que también haré en privado.

Gracias, Gobernador Mario Das Neves.
Gracias, Senador Marcelo Guinle.
Gracias por sus gestiones y el accionar que ha llevado a estas concreciones que servirán en la práctica para salvar vidas.
Gracias a los amigos y conocidos que me han acompañado y sostenido en la cruzada.

Ahora la seguridad depende de nosotros y nuestras acciones detrás del volante.
La suya es, o pronto será, misión cumplida. La nuestra es un aprendizaje constante.