27.11.08

Ella camina sola

No la conozco.
Es más: hasta hace un mes, ni siquiera sabía su nombre.
Quizás la haya visto en algún pasillo, como al pasar.
Quizás, si me esfuerzo cuando me la describen, puedo vislumbrar que alguna vez la he cruzado durante algún almuerzo.

Me cuentan lo que ha pasado con ella y lo escucho absorta.
Primero por la curiosidad humana normal, después con gran incredulidad, más tarde de lo que hubiera querido le sigue la indignación y, mucho después, la tristeza.
Y desde ese sentimiento decido hoy escribir sobre este secreto a voces que muchos disfrutan y tantos otros comparten todavía sin saber muy bien qué hacer con él.
Quizás sea una leyenda urbana de la petrociudad. Quizás no.
No es fácil dirimir entre realidad y ficción en estos tiempos.

Cuenta la historia que, hace unos meses, una mujer que trabaja en una empresa en la que su género todavía es minoría llevó su notebook corporativa al departamento de sistemas de la misma empresa.
Se la devolvieron sin el menor comentario y, poco después, dos videos íntimos que estaban en su máquina partieron por mail desde ese departamento a otros miembros de la empresa.
Los envíos se multiplicaron ad infinitum y por toda la jerarquía, trascendieron el ámbito de esa empresa, pasaron a varias empresas de servicios, llegaron a los livings de las casas y hasta dicen algunos que los han subido a You Tube.
Un día cualquiera, ya no importa cuándo, a alguien se le ocurrió que quedaba un límite más por trasponer y decidió pasar uno de esos videos en los televisores del transporte de personal que los devolvía a la ciudad. Dicen que nadie atinó a parar la proyección.

De las crónicas de los últimos tiempos, son varias las voces que arman el coro de la historia.
Algunos cuentan que vieron a esa mujer pidiendo la expulsión de la persona responsable de sacar el material de su máquina. Y son los mismos que reconocen que no le dieron ni el nombre del responsable.
Unos pocos comentan que alguien le hizo llegar el mensaje de falta de sustento para iniciar acciones legales.
Otros dicen que los cuarteles generales de la empresa la han citado para una conversación formal fuera de la ciudad.
Todos se sorpreden a coro de la actitud de esa mujer, que sigue caminando por los pasillos de esa empresa, cumpliendo con su trabajo, con aparente normalidad y calma.
Las voces femeninas lo cuentan con una mezcla de preocupación, miedo y tristeza. Quizás como adivinando que por cualquier motivo o el mismo bien podrían ser ellas las próximas. O quizás por esa solidaridad femenina que se impone en sotto voce cuando la testosterona satura el ambiente.

De todo lo escuchado sobre esta fábula/historia, lo que más me han sorprendido son los escudos que se esgrimen en los relatos como una especie de legitimación nefasta de esta forma de violencia.

El primer escudo consta en repetir como un credo que no debieran haber existido esos videos íntimos en una computadora corporativa.
Desde un punto de vista muy personal, es un argumento endeble y facilista. La pregunta inmediata es si sólo eso nos habilita para violar la intimidad de una persona de una manera tan impune y descarada. Porque admito que haberlos tenido almacenados ahí quizás haya sido un error de juicio, pero haberlos difundido fue completamente amoral.
Por otra parte, si nos ponemos ya en analistas, en esta era digitalizada todos sabemos que aunque borremos archivos de nuestras máquinas, el disco duro siempre delata ante el que sabe interrogarlo.

El segundo escudo radica en pensar que, como esa mujer decidió grabar su intimidad, la finalidad era que dejara de ser privada y se difundiera.
Es la misma justificación histórica para acciones tan aberrantes como, por ejemplo, la violación. Porque pensemos: ¿cuál es la distancia entre esa concepción y justificar una agresión sexual porque la mujer llevaba una vestimenta provocativa?

El tercer escudo se erige desde el mundo unipersonal y feliz. En suma: el consabido “que se joda”, que nos salva de todo y nos evita el compromiso, la solidaridad, el pensar más allá. Si le pasó a ella, podríamos pensar que nos puede pasar a nosotras, nuestra madre, o a tu hermana, tu novia, o tu mujer. Es inaudito elegir creer que alguien está a salvo cuando no hay reglas claras ni ley que ampare a las víctimas.

Y detrás de todos los escudos, dicen que dicen y a la vista está, la empresa.
La misma empresa que mantiene en sus filas a un hombre que encuentra un video privado en una computadora y lo hace público en una total falta de ética profesional.
La misma empresa que mantiene como contratista a la empresa de transporte de personal que emitió el video en una de sus unidades.
La misma empresa que mantiene entre sus filas a un hombre que le cede a una mujer el paso en una puerta para decirle inmediatamente que disfruta mucho más viéndola desde atrás.
La misma empresa cuyos líderes eligen con sus acciones y omisiones castigar a la víctima.
La misma empresa en la que, según demuestra esta historia, ser mujer todavía significa estar en desventaja.

Y ella camina sola por los pasillos de esa empresa.
Mira de frente a todos sus compañeros.
Almuerza en el comedor común mientras todos la miran y murmuran.
Trabaja como una profesional entre personas que tuvieron un acceso violento a su intimidad.

Ella camina sola en una ciudad donde ha quedado claro que las asociaciones que defienden la dignidad de los trabajadores están dominadas por hombres, porque ninguna ha caminado a su lado en esta humillación pública.

Ella camina sola en una ciudad donde una parva de idiotas en un auto le toca bocina en pleno centro, le grita obscenidades y la aplaude, y nadie hace nada.

Ella camina sola en una sociedad llena de ONGs que se quedan chicas y mudas ante el atropello.

Ella camina sola.

Y así, aún caminando sola, ella tiene más agallas de las que nunca tendrán todos los otros.
Todos los que la miran, todos los que murmuran, todos los hombres y mujeres que no se atreven a caminar a su lado.

Cuánto canalla impune.
Qué vergüenza… “señores”.


Nota Final
La historia cuenta que ella fue despedida de esa misma empresa a fines de Noviembre.
Ella quizás siga caminando sola otros pasillos, ojalá sean los que la lleven al menos a una justicia material. Su vida no será la misma por mucho tiempo.
Dicen que dicen que la razón esgrimida fue la imposibilidad -tras lo ocurrido- de continuar desarrollando su trabajo en esa compañía con normalidad.
La misma normalidad que personajes de esa misma empresa destruyeron palmo a palmo y sin intentar evitarlo.
Un atropello más. La más ruin de las decisiones para una mujer que merecía otro final.
Muchos de los que han leído esta columna quizás ya saben cuál es la empresa.
Les propongo un pacto de resistencia silente: la próxima vez que esa empresa enarbole la bandera de la responsabilidad social, contémonos esta historia para no olvidar.

12.11.08

Chubut’s Next Top Model

Déjenme preguntarles algo: ¿cuántas veces han escuchado algo y pensado “lo tomo como de quien viene”? Apuesto a que más de una vez. Esa postura nos lleva a filtrar de quién vamos a tomar algo como válido y de quién no… aunque lo dicho sea en esencia lo mismo.

Días atrás, el Presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el Dr. Ricardo Lorenzetti, criticó duramente la puerta giratoria de la Justicia como parte de un diagnóstico sobre el rol de los jueces en la problemática de la inseguridad.
Si vivís en Chubut, lo venís escuchando hace años.
Lo suele decir el Gobernador Mario Das Neves.
Y cada vez que lo ha dicho, las solicitadas de Colegios de Abogados, el propio poder Judicial Provincial y todo el arco mediático han salido al cruce de esas declaraciones considerándolas desde un atentado a la democracia hasta un exceso verbal, con varias paradas intermedias.
Sin embargo, a Lorenzetti no le ha pasado lo mismo. Sus palabras merecieron debate pero no quejas airadas. El tono de los medios y los aludidos ha sido contemporizador y la lectura más arriesgada indica que “las declaraciones han generado debate”.
Entonces, mal que nos pese, quizás sea momento de reconocer que con Mario Das Neves hay algo personal.

Con el debido respeto -aclaro por las dudas, para los simaristas que nunca faltan- Das Neves es petiso, cabezón, brusco y calentón, habla sin “s” ni “t” finales y más de muchas veces no puede disentir sin bravuconadas. Va por la vida y función pública a lo bestia, se rodea de varios no recomendables pero, aunque ya lo hayan hecho otros antes que él, ya lo sabemos: él -y no otros- es el peor de todos.
Si fuera rubio, alto, de ojos celestes, modales pulidos y dicción impecable, eternamente neutro y negociador, todos verían la conveniencia de un candidato presidencial tan impoluto y su magnetismo arrasaría votantes. En suma, sería el nuevo Kennedy y Chubut sería Camelot.

Por esta ciudad, allá cuando empezaba a asomar como candidato, apenas llenaba un local de 20 personas y el único que le abría las puertas era Roddy Ingram, ya era así.
Otro de su mismo palo era el mejor candidato, lo decía la mayoría del partido y referentes que hoy lo sostienen. Los que hace años le palmean la espalda gubernamental son los mismos que lo destrozaban en privado.

Das Neves nunca fue perfecto.
No es carismático como Maestro, no es apacible como Lizurume, no es histórico como Viglione, ni siquiera es mejor que la convulsión de Perl y Cosentino juntos. Simplemente no es.
No tiene creado ningún mito alrededor de su figura, más bien tiene exceso de anécdotas gritonas.
Tuvo una enfermedad durísima y sobrevivió. Podría haber sacado mucho rédido político de esa circunstancia y, sin embargo, sólo en contadas ocasiones y ámbitos se lo ha escuchado hablar de esa etapa de su vida.
Estudió una carrera universitaria y no terminó, hay a quien se lo ocurre el afiche de los porcentajes y lo único que hacemos es disfrutarlo porque alguien lo pone en su lugar, porque se asoma a una campaña nacional en la que no es querido. Nadie se indigna porque se insulta a un gobernante electo, o porque ensucia el juego democrático. Es más, nadie cree que es un insulto para empezar. Pero, ¿cuántos chubutenses son universitarios recibidos? Y el no serlo, ¿los hace menos válidos en sus ruedos?

Pero es que a Das Neves no hay con qué darle. O mejor dicho, siempre hay para darle.
Si apuesta a crear infraestructura, falla en servicios.
Si enfoca al pago de sueldos estatales en término, falla en el monto concedido.
Si dialoga, hay transa. Si no dialoga, crea dictadura.
Si alinea a propios y ajenos, borocotiza. Si no alinea, pierde su base de poder y está de salida.
Si capta inversiones, gestiona negociados. Si no las busca, pierde oportunidades históricas.
Si busca inserción en nuevos mercados, delira con la fantochada del show. Si se queda en el mercado local, pierde el tren productivo.
Ahora nos burlamos del Modelo Chubú como si lo viéramos desde afuera y, en lugar de remar y apostarle para ver hasta dónde nos podría llevar ya que estamos adentro, seguimos esperando que “el que siempre quisimos que fuera y que nunca quiso ser” se decida a tomar alguna vez la posta. Porque todavía creemos que el próximo sí será diferente.

En cuanto a la administración en sí, seamos justos antes que facilistas: hay áreas que han mejorado y otras que siguen igual de mal que siempre.
Es innegable que hay localidades del interior que han tenido un salto cualitativo de importancia en cuanto a infraestructura. Y también lo es que en las ciudades grandes la cuenta se hace difícil, porque las grandes obras han caído con cuentagotas, las no tan grandes se han hecho pero son menos visibles y las deudas de infraestructura remanentes requieren de inversiones enormes.
La seguridad es un flagelo nacional y la provincia no es la excepción.
Las carencias de la policía provincial son las mismas que en otras partes.
La salud pública es precaria y casi inexistente como lo es en todo el país.
La educación pública está en crisis aquí y en el mundo.
Los sueldos de los agentes estatales están al límite de un costo de vida ficticio, que es el que determina una medición nacional incierta. En nuestra ciudad, con el agravante del boom petrolero mal entendido por una pésima cultura comercial.
Son problemas del ámbito provincial, por cierto, pero también responden a marcos que no son controlados ni fijados por esa competencia. Pero en estas épocas que amenazan con vacas flacas, es de preveer que aparezcan los dedos acusadores reclamando una clarividencia que casi ningún gobierno de la tierra ha tenido.
¿Qué nos haría tan especiales a nosotros, los chubutenses, para vivir en la idílica isla del pleno empleo, el estado de bienestar al máximo y la sociedad perfecta, en medio de un mundo que no existe en esos parámetros?

De seguro es antipático señalar que Das Neves no es ni mejor ni peor que los gobernadores anteriores o que aquellos que lo sucederán, que ha tenido su cuota de aciertos y desaciertos, y que si quisiera ser Presidente y lo lograra, la ecuación sería la misma.

Es muy duro mirarse eternamente en espejos de perfección, en especial porque en esas imágenes nunca nadie será digno de nosotros. Y también porque, desde el otro lado, es imposible gobernar un país de seres perfectos que constantemente juzgan imperfectos a sus representantes.

Quizás nuestro next top model debiera tener el aura de lo posible, estar un poco más acompañado por sus ciudadanos y no quedar tan acosado por un ojo público que pierde el norte como contralor democrático cuando lo juzga todo desde la tribuna de la comodidad.

6.11.08

La paternidad del cambio

Yes, we can. Sí, podemos.
Horas y horas de multimediática atención mientras medio mundo se obamizaba.
Es épica en estado puro, es camino y lucha, es lo pequeño que se hace enorme, es el encuentro con destinos de grandeza, es el triunfo del postergado o la reivindicación del final.
Y aunque la historia no sea la nuestra, nos identificamos, nos fascina, nos inspira, nos agiganta, nos da poder.

No soy ciudadana estadounidense y, por lo tanto, no voto. Sin embargo, esta madrugada me quedé viendo los canales de noticias sin cesar hasta que el nuevo presidente electo de los Estados Unidos de América terminó su discurso y la gente comenzó a dispersarse.
En su momento hice lo mismo cuando ganó Michelle Bachelet su elección en Chile y también cuando Cristina Kirchner hizo lo propio de este lado. Y cuando hace unos días atrás tuvimos la rareza de reconocer en vida la figura de Raúl Alfonsín, durante años desdeñada por partidarios, opositores y su propio pueblo.
Anoche me maravillé con el dominio de oratoria de los dos candidatos, con la demostración de caballerosidad cívica entre ambos, con la omnipresencia de un sentido de patria que no es privativo de nadie y patrimonio de todos, con la agitación de una nación en torno a su futuro.
He de confesar que también sentí una cierta envidia, o llamémosla anhelo, por tener un poco más de eso en este ruedo nuestro siempre tan tentado a la destrucción y desvalorización del que no piensa igual.

Pero volviendo al homo videns que fui anoche, puedo arriesgar que me sentí parte de la Historia. O mejor dicho, televidente de esa Historia ya que no testigo directo.
Hoy vivimos, creamos y participamos de la Historia de maneras que los científicos sociales todavía –al menos en su mayoría- no logran comprender lo suficiente para asignarle la validez que quizás le conferirá el paso del tiempo.

Ya he escrito mi parte sobre el rol que creo jugarán las campañas virtuales en el futuro político eleccionario argentino, pero aún así no ceso de admirar las movidas que alimentaron una de las cibercampañas más fuertes de los últimos años.
La campaña demócrata fue una que amplió el abanico desde las mismas primarias.
La figura de Obama mismo fue una que construyó su identidad como candidato poniendo al mismo nivel el mano a mano con la virtualidad.
Los videos que ciudadanos de a pie subieron a You Tube fueron parte de esa construcción. Las frases de campaña recreadas en forma, idioma y estética una y otra vez. En un salto espacio/tiempo, el mismo día de la elección uno de mis amigos en Facebook me invitaba a sumarme a una campaña virtual que donaba por un día el status de miembro por un voto a favor de Obama.
La acción en los foros de debate, las coberturas independientes, las redes que se tiraron desde los sitios institucionales de figuras mediáticas reconocidas, todo aportó al famoso cambio que se impulsaba al mismo tiempo que a la importancia de ser protagonistas de ese cambio. Nadie fue demasiado chico ni insignificante: el nuevo tablero puso a todos en un pie de igualdad y un voto realmente fue un voto.

Si lo vemos con ojos desnudos y desinteresados, Barack Obama fue sólo un hombre con un gran slogan y un aparato de campaña impresionante que ganó la presidencia en un país que no es el nuestro. Y punto.
Pero desde el 20 de Enero de 2009, Barack Obama será el presidente de uno de los países que deciden sobre los destinos de todos.
Hasta entonces, habrá espacio para creer. Del resto se encargará la realidad, tal y como lo hace siempre, y de cómo la enfrente dependerá su destino.
Pero por un momento y más allá de todo, el cambio volvió a estar en manos tan pequeñas que pudieron asirlo, analizarlo, convertirlo en voto y elevarse para celebrarlo con el orgullo de haberlo creado.
En cualquier lugar del mundo y de la historia en el que nos encontremos, somos los padres de esa criatura.
Es hora de reconocerlo y hacernos cargo.
Es nuestra hora y de lo que hagamos con ella rendiremos cuenta como nación.