30.12.10

Los chicos malos

Este no ha sido un año muy prolífico para mis letras en este espacio.
Quizás hubo demasiado “en el micrófono” para el silencio que requiere escribir pensando desde el otro lado.
O tal vez todo sucedió con paso tan fugaz que las columnas iban cayendo a cada golpe de timón que zamarreaba personajes e historias.
No significa que esta en particular sí valga la pena ser escrita o leída, pero es la primera vez en meses que realmente tengo ganas de contar algo y voy a por ello.


De un tiempo a esta parte escucho a una amiga política decir, a la hora de justificar el imparable ascenso de algunos sub50 del tablero chubutense: “es que son kamikazes, no tienen miedo y van por todo”.
Invariablemente, siempre que la escucho, pienso: “tiene razón…”
Y en el fondo me queda una sensación que se parece mucho a la envidia, otro tanto a la duda y también un poco a la aventura de imaginar cómo será un mapa político provincial dominado por esos nombres en los próximos diez años.
La pregunta que permanece en el rebote mental es: ¿el cambio logrará ser un cambio que perdure?

Desde que se oficializaron las principales candidaturas a la Gobernación para el 2011 y ya todos saben quién es la figura que tienen enfrente, resta dirimirse la cuestión de qué los hará diferentes a unos de otros, entrampados en un posdasnevismo que los iguala como tabla rasa.

Es un interrogante todavía sin coordenadas y quizás no sepamos cuál será el rumbo que bifurque esos caminos hasta los últimos 20 días de campaña.

La certeza que pintó el blanco y negro en el tablero es otra.
El justicialismo “dasnevista” puso una vez más la bisagra en el cambio dirigencial de la provincia. Y, aunque abierta en ese ruedo, la puerta se mueve con mucho más que gente de su palo.


Desde la UCR, las voces cantantes de la discordia se mueven dentro del mismo casillero sub50.
Son militantes de años ya no dispuestos a dejar pasar los ciclos naturales de una renovación que no se apura. Algunos de ellos han dado, y sospecho seguirán aportando, más de un dato interesante en la disgregación de base que presenta el partido, preservado en la cúspide por un pegote de unidad que no termina de sellar las fracturas.

Posicionado por ese acuerdo, Pedro Peralta es a pesar de todo un candidato esperado y hasta bienvenido que bien podría encuadrarse en ese seleccionado.
Lleva en sus espaldas el peso de los popes históricos de su fuerza y las ganas de ser gobierno de los jóvenes que no fueron parte de los años dorados. Entre los dos mundos radicales, aún no logra el acompañamiento de las líneas ninguneadas por el cierre de listas que boyan entre el éxodo y la apatía, lo que se convierte en una gran pérdida para una de las promesas sostenidas por la zona sur en los últimos juegos electorales.


Desde la CC-ARI, aunque la candidatura a la Gobernación recayó en el sector histórico y la figura de Fernando Urbano, desde Comodoro Rivadavia hace años que Javier Genta supo cómo crecer y manifestarse en los momentos indicados, para ser hoy una de las mejores apuestas de la oposición comodorense y con varios lamentando su afiliación a una fuerza minoritaria.
Aún así, su voz -sumada a la de José María Ramón en el Valle- no logra subir el tono del coro fundador del partido que se encastra en un registro medio, el cual pareciera no querer abandonar.


Desde el justicialismo “efepevé”, la movida se siente menos pero es un hecho que el postulante a la Gobernación es parte de esta nueva ola.

Carlos Eliceche resulta, bien mirado, un candidato con un carisma subyacente mucho más interesante del que muestra hacia afuera, aunque rodeado de una red política de la que deberá zafar un poco al menos para dar el salto de fe que lo lleve a la Gobernación.
Con el perfil de transición más propicio de entre todos sus oponentes, está en el punto caramelo que pueden acreditar muy pocos: larga militancia-gestión pública transversal-estilo político de cercanías.

Con esa polaroid, es un menos inoportuno la estrategia errática en la que parece sumida su campaña, en un espacio con demasiados caciques para el bien de su propia proyección. Sin embargo, en un mundo de justicialismo no dividido podría haber sido el candidato ideal para una sucesión que, aunque pueda parecer natural, tendrá su propia bola con cadena en la marca registrada de Das Neves que tardará más años de los que a muchos les gustaría en dejar de pesar.


Volviendo al punto de partida, desde el mismo oficialismo las dos figuras sobre las que giran los afiches y las apuestas de continuidad, son el mejor botón de muestra de la tendencia que apenas asoma en otras fuerzas.

De Martín Buzzi poco puede teorizarse en este espacio que ya no se haya escrito.
Mientras muchos hablan del error político y del Plan B que representa su candidatura, elijo pensar que su perfil es el que encaja en el objetivo de la próxima gestión provincial según el diseño de continuidad dasnevista: alguien con visión poco convencional para un plan de desarrollo productivo, hormigonado por las obras de infraestructura de su antecesor en el cargo.

Cualquier Gobernador que llegue deberá enfrentar el mismo desafío, aunque no todos lo comprendan y la agenda de gobierno plantee muchos otros con bandera de urgente.

Ni la deuda de infraestructura está saldada, ni la seguridad está garantizada en ninguno de sus abordajes, ni Buzzi es la octava maravilla.
Aún así, si lo que existió detrás de la elección de su figura es la planificación de desarrollo y producción largamente debida para el Chubut, se ve el hilo de la trama cuando algunas voces como la del Secretario de Ciencia y Tecnología, Fernando Menchi –muy ajeno al vapuleo discursivo mediático de la gestión- comienzan a identificar las garantías que en esos términos implican la nominación del comodorense.


Pero el perfil más sugestivo es el del otro, el del segundo.

Incomprendido y hasta condenado por su propia base, Gustavo Mac Karthy ha sido la rata sabia del laberinto de acuerdos al “ceder” la promesa de un poder manifiesto por la garantía de acceso al verdadero: el que está detrás del sillón y teje las redes.

Desde un lugar expectante, con actores en puestos claves de la administración, con una mente lo suficientemente astuta como para no permitirse desvíos de discurso que traicionan a más de uno y la genética de justicialismo chubutense para trazar la avanzada, será de lo más interesante para ver en términos de nuevos dirigentes si marzo le da el pase al poder provincial.
Por si algo le faltara, representa al aparato de poder político más eficiente que ha tenido la provincia en su historia y, lo digiera o no a la dirigencia sureña, es el dato de una realidad ineludible y que llevará años de construcción consciente equilibrar, sea o no comodorense el próximo Gobernador.


Estos son los sub50, aunque algunos pasen la edad documento en mano o estén al borde.

No tienen miedo ni sentido de posteridad.
No van por el bronce, van por el cambio y lo que ese cambio genere. Lo entienden como parte fundamental de su posicionamiento.
Mutan y se reinventan. El camaleonismo los ayuda a adaptarse a cualquier entorno.
Respetan sólo las canas que eligen, pero no las veneran como intocables. Parte de la irreverencia de las edades, quizás, pero también de reconocerse más en su propia experiencia que en el GPS prestado y con mapas que ya casi no existen.

Para aquellos acostumbrados a los largos caminos institucionales y orgánicos, la fugacidad con la que se mueven se asemeja a precariedad, y el progreso a paso acelerado a algo muy similar al paracaidismo.

Cierran acuerdos impensados, para muchos inaceptables. Explican sólo lo necesario, deciden lo imposible. Si se arrepienten o no, lo mascullan sin que otros se enteren.
Las bases se confunden, los históricos los condenan, aunque se cuidan de hacerlo en el estricto off the record y la mesa de café.
A la hora de comunicar, construyen discursos por momentos tan blindados que cada infidencia suena a una estrategia cuidadosamente planeada. Para los más americanizados, el revoleo de media se profesionaliza con diseños de consultores por lo general alejados de los ruedos locales y aún así efectivos.


Uno de los últimos legados políticos de Mario Das Neves fue el más audaz.
Quebró de una patada el techo de cristal de la política vernácula.

Por ánimo propio o contagiado por el círculo cercano que lo rodea, el hecho es que se lo lleva puesto hacia donde vaya y a nosotros nos queda lo que devenga de ello.
Y está claro que no hablo de los inefables niñatos con poder, sino de los que a pesar de todas las etiquetas adosadas por terceros coparon la parada, sin preocuparse ni demorarse demasiado en los rótulos ni en los avales de los Pater Eternum.


Como parte de esa generación no puedo sino esperar que la decisión pruebe ser acertada, que el experimento salga bien y se amplíe hasta abarcar a las chicas malas, que son tan pocas y están tan relegadas en el fenómeno que no pasan el corte.

El lugar femenino en las listas vino a ser ocupado por el rol de sostenimiento en el tiempo más que por el de nuevos cuadros. Aunque muchos nombres se estrenarán en las urnas, lo cierto es que no son debutantes en la agenda y a nadie le preocupa con seriedad la falta de influencia del género en la política provincial.

Resumiendo: las nenas sostienen, fundamentan, pero no innovan.
En esta también nos quedamos atrás. Con presencia, pero un paso atrás.

¿Alguna vez alguien pateará ese techo de cristal también para nosotras y nos animaremos a ponernos al mismo ritmo en la marcha?

Ojalá, me digo como deseo de este año que termina y sabiendo que el próximo ya tiene perfume de hombre.
“Es que son kamikazes, no tienen miedo y van por todo”.
Y bueno: habrá que juntar coraje…

28.10.10

La neutralidad puede esperar

Murió Néstor Kirchner.

Palabras repicando entre lo real y lo virtual.
Entre lo sentido y lo dicho para la ocasión.

Murió Néstor Kirchner.

Político. Líder. Patriota. Bisagra. Patagónico.
Alquimista. Presidente. Justicialista. Peronista. Compañero. Adversario. Defensor.
Gladiador. Luchador.
Convicciones. Dignidad. Consenso. Disidencia. Nacional. Popular.
Conciliador. Altisonante.

Militante.

Apasionado.

Pasión y militancia es quizás el legado menos apreciado en estos casi dos días de condolencias y análisis político institucional.
Sin embargo, es el que le reconocen desde las tripas quienes lo conocieron desde su trinchera y quienes lo enfrentaron en la arena.

Pasión y militancia es el motor de los jóvenes que, como pocas veces antes, se vuelcan a la calle sabiendo que fue él con su blanco o negro quien los sacó de la conformidad.

Kirchneristas o no, cada uno en sus ruedos, reciben ese legado y los define.
Como marcará también la historia político-dirigencial de los próximos 10 años, demasiado acostumbrada a perder generaciones.

Pasión es el espejo en el que se ven reflejados los hombres y mujeres que hacen de la política su vida, que se miran a los ojos en esta devolución de la muerte y saben que poner el cuerpo los termina haciendo vulnerables más allá de todo poder.

Militancia es la vereda en que dejó parados a unos y a otros, arremolinados en torno a sus ideas e ideales, dispuestos a hacer de eso un ellos o nosotros.
Quizás desmedido, quizás hasta incivilizado, pero nunca neutral.

La neutralidad pudo esperar a cada paso de Néstor Kirchner.

Por estrategia o convicción, obligó a toda una sociedad a poner el cuerpo por uno o por otro lado, a decir… a salir y decir… a plantarse y plantearse en qué creía…

En la construcción de las repúblicas, el foro es esencial. Ese rumiar la cosa pública hasta el hastío. Y él supo alimentar la fogata del foro.

Estará en cada dirigente, en cada ciudadano, en cada argentino saber cómo alimentar la fogata a partir de ahora y que la palabra siga girando en la ronda… y no calle más.

25.5.10

Latidos bicentenarios

[Publicada hace exactamente un año, sigue reflejando lo que siento. La posteo una vez más como gesto de reafirmación, de resistencia, que confío comprenderán.]


Entre el fuego de las ideas y las pasiones de la política diaria, hoy comienza el despertar irremediable y bicentenario. El bronce de la gloria fundiéndose con la sangre de nuestros ancestros latiendo, milenaria y ansiosa.

Los tiempos se renuevan y el pensamiento busca el salto cuántico que lo eleve hacia otro lugar, hacia el nacimiento de otra nación. Y en medio de esta turbulencia supongo que podría escribir sobre inmortalidades y glorias, sobre próceres y prohombres, sobre ilustres e Historia… pero sólo me sale recordar las manos quebradas, las fotos de sepia, los heroísmos anónimos, las historias de familia contadas alrededor de una mesa.

De todo el andamiaje que sostiene 200 años de patria, elijo creer que este es el fundamental, el arco ojival de nuestra Argentina gótica, compleja, misteriosa y exquisita que ansía siempre elevarse.

En los días que vienen muchos recordarán las voces del pensamiento fundador, pero quizás las más olvidadas sean aquellas que más me inspiran. Aquellas que, sin prisa y sin pausa, como gotas mínimas que enfrentan la piedra, se descubren enormes en su legado para el tiempo. Las que hablaban bajito y simple de valores, de trabajo, de lealtad, de honestidad, de compromiso, de ayuda mutua que luego se llamó solidaridad. Las que no decían mucho porque reconocían el valor del silencio, la importancia del hacer. Las que se revelaban y rebelaban cuando era menester no callar. Las valientes de lo cotidiano, las fuertes, las persistentes, las imprescindibles.

Benito Zuzenean me canta en vasco al oído… En ti eres todos los corazones, pero no te percatas de ello. Llevas la alegría y el dolor de todos los corazones en tus latidos, pero no los has visto aún porque estás abrumada acumulando valores. Quieres ser inmortal y lo eres, inmortal en todos los corazones, en el corazón… vida, risa, llanto, muerte, corazón.

Y pienso en mis tatarabuelos indios, españoles, italianos, ingleses, galeses…
Vuelvo la mirada e imagino sus corazones plenos de esas alegrías y dolores, de valores de vida, de trabajo.
La fijo en las manos de mis bisabuelos y abuelos que creyeron en la gesta patagónica, haciendo de este su lugar en el mundo.
La sostengo en el trabajo de mis padres, que ganando o perdiendo, siguieron apostando su vida a permanecer en ella.
Me reconozco en el reflejo de las personas que he elegido como cercanas en el camino de mi vida.

Ellos me hacen argentina, confiada y comprometida con una tierra que pareciera comenzar a despertar y comprender el sueño.
Ellos me hacen valiente, fuerte, una voz que persiste.
Ellos me hacen bicentenaria.

30.4.10

El Factor Buzzi

Hace poco más de dos años, las primeras andanadas de críticas recibían la gestión de Martín Buzzi al frente de la Intendencia de la compleja y acomplejada Comodoro Rivadavia.
Por entonces, la urticante explicación de la flamante administración fue: “resistencia al cambio”.

Como si de una profecía autocumplida se tratara, los días transcurridos desde entonces han sido una variación del mismo tema. La resistencia ha pasado por todas las etapas y para sus más acérrimos militantes ha sido más que una sorpresa la reciente encuesta de imagen de gestión.

A Martín Buzzi pocos lo entienden, menos son los que le tienen paciencia y todavía menos los que se dedican “realmente” a escucharlo.

Signado como sordo a los concejos partidarios y causa perdida de los sucesivos dirigentes locales que pretendieron apadrinarlo, su aparato político propio es cuasi-prestado y todo pareciera indicar que esa también será una factura a pagar en el escenario de una interna partidaria –por decir lo menos- compleja.
Son demasiadas etiquetas superpuestas para una ficha tan nueva en el tablero político chubutense.

Como pocos, Buzzi marcha al ritmo de su propio tambor.
Uno que por momentos sólo pareciera escuchar él, para desesperación de quienes intentan alinearse a un trazo que no se ve.
De todos los mandatarios que ha tenido la ciudad, ha sido el más unplugged para entregar presentaciones. A veces da con el physique du rol, a veces se desdibuja, otras hasta parece que se hastía. Y en ciertas ocasiones, contadas en realidad, deja a la peña pasmada con una versión propia de algo que parecía canto general.

En el paneo del intestino de su gestión, las voces van desde la frustración al llano enojo, pasando por la indiferencia siempre presente mientras los intereses particulares no se vean afectados. Son pocos los que admiten abiertamente y en privado que juegan para su equipo, aunque también entre ellos es difícil encontrar a quien sepa de qué va la movida en cuestión.

Los yankees suelen usar “lost in translation” –perdido en la traducción- para aquellas situaciones en las que alguien se queda sin entender realmente el significado de algo, en las que una parte de lo que se quiso decir se pierde en el proceso.

En términos de liderazgo, Buzzi está perdido en la traducción. Y nosotros con él.
La brecha entre su forma de ver la gestión político-institucional y la percepción que la ciudadanía tiene de la misma es abismal.
Ya sea que se trate de una línea de falla creada por elección u omisión, entre una o ambas partes, la gran pregunta pasa por saber cómo se construirán sobre ella los puentes que le permitan llegar a una candidatura a la Gobernación del Chubut en el 2011.
En un ruedo de golden boys que trasuntan mejor –y con más aire de pueblo- las místicas peronistas, la impronta de Buzzi desequilibra y hasta desconcierta. Es el factor desestabilizante de las seguridades político-electorales de los últimos tiempos y su perfil altera las fórmulas tradicionales en las que se lo inserta.

Buzzi habla de construir futuros posibles a una ciudadanía que no encaja las piezas que tiene a mano en base diaria.
Buzzi habla de management, de conocimiento, de tecnología, de polos industriales, de rediseño urbano, de destinos de convención.
Buzzi habla de visiones de una ciudad que, al menos por ahora, sólo existe en su cabeza y su forma de pensar un tablero que será.

Quienes lo escuchan desde la vanguardia de construcción de esos espacios, se sienten menos solos, se inspiran y siguen por la tarea de completar el cuadro.
Quienes lo escuchan desde el lote baldío, nunca entenderán por qué las calles siguen con cráteres, los boulevards sucios, las plazas abandonadas y el sueño político de la todopoderosa urbe petrolera, ninguneado por el Valle provincial.
Suelo escucharlo desde la fascinación de estar frente a alguien que ve más allá puesto de pie en el barro más espeso.
Algunas veces lo escucho con el entusiasmo de quien cree en esas fábulas posibles, otras con la tristeza de quien las sabe carne de cañones más pragmáticos, y otras con la impotencia de entender que los vientos necesarios para llegar esos destinos no son los que imperan. Sin compartir los excesivos halagos que se le endilgan ni las burlonas crucifixiones que muchos le reservan en público y en privado.

Cierto es que la política, vernácula y de modelos for export, hace años que se ha desprendido de los estadistas para dar paso a los gestores.
Entre esos polos, los visionarios nadan contra las mareas de sus tiempos.
Los más fuertes sostienen la remada hasta que el barco encuentra puerto o las aguas cambian el vaivén. Los débiles se hunden en la quimera.

En 10 años creo que miraremos estos y veremos una gestión que, a la luz de las exigencias contemporáneas, quizás no haya sabido dar las respuestas express que una ciudadanía todavía más macdonaldizada pedía.
Pero también, creo, veremos la bisagra que nos permitió abrir sin darnos cuenta la puerta a ese futuro para una ciudad que no existía.

Ciudad del conocimiento, paraíso nunca encontrado o mero intento fracasado…
¿Cuál será el altar en el que recordaremos al que vio el cambio como un desafío posible, con pago de dividendos muy a futuro y aún así intentándolo?
¿Habremos resistido a ese cambio lo suficiente como para entenderlo... o demasiado como para retrasarlo hasta hacerlo imposible?

31.1.10

La marcha de un hombre pequeño

No debiera ser tan difícil describir una campaña presidencial, lo que al fin y al cabo era el objetivo cuando comencé a escribir esta columna. Sin embargo, la tarea ha amenazado con convertirse en inabordable.
Los actores de esta trama entran y salen de la escena con la velocidad de la fama de “la chica del verano”. Hoy son candidatos, mañana se descartaron, pasado los impostulables vuelven a etiquetarse, y siempre hay uno que todavía lo piensa.

En medio del revoleo de arena, el tejemaneje pre-electoral lo enreda todo. En nuestro país ya no hay decisiones pequeñas, fotos intrascendentes, gestos insospechados ni diálogos casuales. Palabras como “conspiración”, “estabilidad institucional” y “renuncia” son pronunciadas con una ligereza tal que el tablero tiembla y los jugadores se preguntan cómo mantendrán las fichas en juego el tiempo que sea necesario, o si acaso alcanzarán a batir los dados para el próximo movimiento.
En este esquema, no son muchos los nombres que se arriesgan a largar primeros en una carrera que promete exterminar a los más pintados.

Con mayor o menor inserción, Gobernador presidenciable y ex Presidente cuasi-presidente, Mario Das Neves y Néstor Kirchner son dos marcas del mismo producto que nos llevará a todos hacia el 2011. Aunque disímiles, comparten la misma ambición.
El objeto de la hora se llama Poder y todo hace preveer que veremos casi dos años de construcción horizontal, hombre por hombre, con alianzas impensadas y cuadros recuperados de la nada, en el que los campos de batalla serán las bases peronistas y no tanto.

Quienes observaron de cerca el entramado de la visita K a Comodoro Rivadavia el año pasado reafirmaron la percepción hasta lo innegable.
La cancha se abrió en dos lados y no quedó en pie ni un árbitro improvisado, que prefirió advertir a posteriori desde vestuarios, cuando no callar el fallo hasta que se diluyera la atención de la hinchada. En el medio, voces de uno y otro sector, que hasta no hace demasiado martillaban cánticos de modelo unívoco, terminaron enfrentadas a lo Far West. La única verdad es la realidad, decía el General, y para los peronistas chubutenses la realidad fue un estamparse contra muros impensados hacía pocos meses y un día.
La pregunta es cuántos escenarios multiplicados en el mapa argentino verán el mismo juego y qué quedará después del silbatazo del final… aunque lo visto se asemeja mucho a una cancha mal pisoteada y ni siquiera el eco de una victoria resonante.

La otra realidad que se convierte una vez más en verdad -lo cual prueba que la política argentina no evoluciona- es que los duelos que más interesan per se a los observadores centrales son los de titanes.
Tan anquilosados como los del ring, siempre vuelven como corderos del autosacrificio. Es extraño vivir en un país en el que los candidatos a presidente lo son porque los obliga el de enfrente, o el modelo, o una aparente realidad circundante.
No hay espacio en el espectro para las figuras pequeñas, a menos que lo compren al minuto o acto por acto. Era interesante creer que un sistema con elecciones primarias permitiría la surgencia de protagonistas otrora impensados, por provenir de distritos chicos o por carecer de fondos para sostener el goteo constante de una campaña nacional. A estas alturas del juego me pregunto si, más que interesante, no haya sido ingenuo pensarlo.

Es en este contexto que una campaña como la de Das Neves se convierte en un imán para el análisis.
Es fácil decir que no le ganaría a un Reutemann, a un Duhalde, a un Kirchner y que sólo logra cobertura mediática pagando o generando polémica.
Es simple sumar y asegurar que los votos no le dan, que no tiene entrada en los principales distritos electorales, que es despreciado por propios e ignorado por ajenos.
Va de cajón que se lo compare más con las frustraciones de Sobisch o que se remarque que araña el fondo de las encuestas de popularidad.

Sin embargo, fue el primer pre-candidato lanzado oficialmente al ruedo.
En un coro en el que muchos “quieren”, es el que ya “quiso” y va por todo.
Es el único que está, desde ese lugar, recorriendo el país con reuniones a veces tan chicas que venderlas como actos roza el error, y el único que plantea posturas públicas desde una agenda electoral blanqueada.
El resto, con toda la prosapia que arrastran muchos, es casi más de lo mismo: el referente institucional o dirigente histórico que, sin plantar bandera, mete el pie disimuladamente en el plato para probar el punto de la salsa.

Desde lo digital, la campaña echa mano desde el lanzamiento en sí al ciudadano virtual. Fenómeno no del todo comprendido e incluido, será esta la primera presidencial que tenga una base fuerte en ese dominio. Es una joya sin pulir y hasta con fallas de ejecución en algún punto, pero hay que reconocer que apuntaron a la veta correcta.
Desde el mano a mano, la búsqueda de presencia territorial en lo nacional deja una sensación de vacío en el nido provincial, a veces traducida por intérpretes oficiosos en simple desgobierno. Un talón de debilidad que bien podría hundir dos barcos, y que abre un frente interno no del todo deseable como desafío en la agenda.
Desde lo discursivo, el desafío pasa por la mesura de no caer en excesos fácilmente condenables por el archivo de lo actuado en los últimos seis años. Es una tarea que ha abordado con altibajos en los últimos meses, en especial con declaraciones que en tren de ser enérgicas descarrilan en determinantes. Aún así, es innegable que su nivel de discurso político se ha ido elevando, haciéndose más preciso y compacto con el transcurrir de las exposiciones en los principales medios nacionales.

“Nuestro sistema requiere, básicamente, que los candidatos de los grandes partidos sean patológicamente ambiciosos. ¿Qué persona normal estaría dispuesta a sufrir las indignidades de una campaña nacional?”. Se lo preguntaba Eugene Robinson desde las páginas del Washington Post hace un par de años, y al leerla me suena más que adecuada para el ruedo que nos toca.

Mario Das Neves tiene esa ambición. Será sólo él quien sepa qué precios está dispuesto a pagar y cómo.

Está bien.
Quizás nunca llegue. Quizás el Presidente sea otro.
Quizás ni siquiera le toque una silla en la mesa más chica del poder, que sin importar el tamaño siempre es redonda.
Quizás sea un sueño que haya salido caro y nunca sepamos a ciencia cierta en qué medida lo hemos financiado desde el Estado o si la apuesta fue de otros.
De todos los quizás, la realidad ineludible es que el primer gobernador de la provincia en caminar hacia una presidencia es un hombre pequeño.
Con menos bronces y glorias que varios posibles contendientes, con hazañas cuestionadas y quizás marketinizadas en exceso. Lo que en Obama fue inspiración y en Lula una reseña épica, en Das Neves suena más a Sancho que a Quijote. Pero, lo crean o no, la base del proceso de construcción como candidato presidencial es la misma.

Como ciudadanos de una democracia, no saber cómo se construye un presidente es una ignorancia que no podemos permitirnos. Es preciso entender que el bien que se comercializa tiene su propio código, que el financiamiento de las campañas se mide en millones, que existe todo un andamiaje de grupos de poder con redes transversales en todos los ámbitos que es indispensable para cualquier avance. No saberlo o, lo que no es lo mismo, decidir ignorarlo implica no conocer el lugar que ocupa nuestro voto ni hasta qué punto es válido.

Siempre me ha asombrado la fascinación que tenemos los ciudadanos argentinos con los Mesías presidenciables.
Siempre me he preguntado por qué siendo hombres y mujeres tan pequeños como el señalado, carecemos del envión para gestar y votar cambios a nuestra imagen y semejanza. Es como si tuviéramos una falla en el proceso de identificación con nuestra clase política.
Lo pienso y me digo que es probable que haya un presidente más “presidente” en el 2011. Y también sospecho que no pasará mucho hasta que le pidamos que piense como un hombre pequeño y actúe en consecuencia.
Vaya paradoja…