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Al diablo con el invictus

Desde 2009, Mandela se parece mucho más a Morgan Freeman, y los Springboks nos recuerdan que somos capitanes de nuestra alma y amos de nuestros destinos . No ha pasado más de unos pocos meses en los que no vea publicado el famoso poema de William Ernest Henley en un estado de Facebook, su línea más resonante en un tweet, o la escuche recitada por alguien con total solemnidad en contextos de resistencia. Hace un par de meses me lo encontré colgado en la pared de una oficina, sin poder evitar la sorpresa por el lugar ni frenarme al enunciar el asombro en voz alta. Tal vez no todos sepan que ese poema victoriano sí acompañó a Mandela en sus años de prisión, mas nunca fue entregado al capitán de la selección sudafricana de rugby para alentar épica alguna. Una licencia de guión, la necesidad de añadir poderío a la historia –como si acaso lo necesitara- y esa evasiva de la realidad que toma el cine como marca propia nos han privado de una sensación de perseverancia que tal vez hubie...

Neonómades

En los últimos cinco años he vivido en tres ciudades diferentes y viajado por varias provincias. He trabajado en proyectos desde locales a internacionales con la misma laptop destartalada y muchas veces moribunda en la que escribo este post . Varios smartphones quedaron en el camino, y uno prestado apenas sobrevive ahora para la tarea. De alguna forma pasó que dejé de tener una base fija para mi trabajo y las carteras dieron paso sin preocupación a mochilas y morrales.   Me he conectado desde aeropuertos, colectivos de larga distancia, cafés y restaurantes, sedes de gobierno, auditorios y salones de eventos, puntos de acceso libre en plena calle o espacios de co-working . He re-visitado esos locutorios que sobreviven como pueden y usado las impersonales PC de cortesía que aún existen en algunos hoteles. Tengo al menos dos chips de telefonía móvil constantemente en uso, desde cualquier lugar, y una configuración en app para cuando falla todo. En un estuche, duermen varios ...

Muerte a los violentos

La frase del título la escuché hace muchos años de boca de un periodista deportivo y la recuerdo cada vez que alguien, alzando la bandera de la única verdad, se siente dueño de eliminar a quien no esté aferrado al mismo mástil. Pero en el Comodoro de hoy, esta frase ya es un slogan literal. Ya no es secreto para nadie que los esfuerzos en torno a disipar la sensación de inseguridad en nuestra ciudad han sido, sino vanos, al menos no los esperados. El enfrentamiento de dos grupos antagónicos en el Barrio Moure en las últimas horas ha dejado como implicados o detenidos a varios involucrados en el Plan de Seguridad Participativa desde hace 4 años. Una persona ha muerto. Quizás un delincuente, sí. Pero sobre todo una persona. Muchas más viven con miedo. Tantas otras ya han vivido en carne propia el terrible oficio de ser víctimas. Y no es un fenómeno que se produzca sólo en ese barrio. En las calles céntricas de la ciudad, a no más de 10 cuadras del edificio municipal, ya no es posible cam...

Grandes bolas de fuego

Uno de los hechos insólitos de los pasados días comodorenses ha sido la caída de una bola de fuego frente a la costa de la ciudad. Les juro que hay varios testigos. Nadie atina a dar una explicación científica ni mucho menos y, a través de comentarios virtuales y no sin humor, los lectores de uno de los diarios locales se encargaron de especular que se trataría de marcianos enterados de la posibilidad de usurpar tierras hasta una nueva estrategia petrolera para tomar plantas de almacenamiento costeras. Muchos, con menos humor y hasta alivio, celebran que la trayectoria del objeto desconocido haya terminado en el mar y aseguran que lo último que la faltaría a la actual administración municipal sería lidiar con un impacto profundo en pleno centro de la ciudad. Rodeando el evento, otras bolas de fuego han ido cayendo sobre el cada vez más bombardeado campo de la política local. La elección de Ricardo Trovant como vocero de la gestión ante la problemática suscitada por las ocupaciones ileg...

La paternidad del cambio

Yes, we can. Sí, podemos. Horas y horas de multimediática atención mientras medio mundo se obamizaba . Es épica en estado puro, es camino y lucha, es lo pequeño que se hace enorme, es el encuentro con destinos de grandeza, es el triunfo del postergado o la reivindicación del final. Y aunque la historia no sea la nuestra, nos identificamos, nos fascina, nos inspira, nos agiganta, nos da poder. No soy ciudadana estadounidense y, por lo tanto, no voto. Sin embargo, esta madrugada me quedé viendo los canales de noticias sin cesar hasta que el nuevo presidente electo de los Estados Unidos de América terminó su discurso y la gente comenzó a dispersarse. En su momento hice lo mismo cuando ganó Michelle Bachelet su elección en Chile y también cuando Cristina Kirchner hizo lo propio de este lado. Y cuando hace unos días atrás tuvimos la rareza de reconocer en vida la figura de Raúl Alfonsín, durante años desdeñada por partidarios, opositores y su propio pueblo. Anoche me maravillé con el domin...

Es el lobby, estúpido

Reinventada hasta el cansancio, la frase “es la economía, estúpido” marcó toda una época en lo que a discurso político se refiere. Por si no conocen la historia, se las resumo. George Bush, el padre, iba de campaña presidencial en los Estados Unidos del Norte frente a Bill Clinton allá por el ‘92. Los números no favorecían a los demócratas cuando James Carville, estratega de la campaña Clinton, armó un cartel para su equipo con tres lineamientos para enfrentar el tanque Bush que avanzaba y se alejaba usando como punta de lanza el dominio en política internacional. Las tres frases de Carville fueron: - Cambio vs. Más de lo mismo - La economía, estúpido - No olvidar la salud pública El cartel trascendió el ámbito interno de la campaña y la segunda frase se convirtió en el caballito de batalla de Clinton, uno que lo llevó hasta la Casa Blanca. A modo de legado a la posteridad, la línea quedó para el uso del mundillo político y mediático, y se ha adaptado a los más diversos focos de atenci...