Pobre niña rica
Siempre me ha asombrado esa extraña actitud de pataleo que tenemos los comodorenses y que, sin querer queriendo, nos aleja de todo lo que podríamos ser. Hablo de ese berrenchismo de nena malcriada que quiere todo lo que los otros tienen y, cuando consigue algo en particular, lo mira con desdén, lo hace a un lado, quiere lo otro que no le dieron y se deshace en reclamos invocando justicia y alegando merecimiento. Que mi ciudad se merece destinos de grandeza es algo en lo que elijo creer. Todos pensamos más o menos lo mismo de nuestros lugares en el mundo. Sin embargo, hay un detalle: la única barrera entre mi ciudad y su destino somos los comodorenses. Raza no gregaria, todavía hoy –pasado el boom migratorio- miramos con desconfianza a los no tan recién llegados y seguimos socializando de la puerta para adentro con “los de toda la vida”. No generamos espacios de encuentro, actividades de inclusión, nuevos lugares con identidades múltiples. Todo es nosotros, lo nuestro, lo nyc. Y miramos...