Quijotes, Sanchos y molinos
Contar fábulas siempre se me ha antojado un capricho no resuelto. Nunca sé del todo cómo dar con los finales aleccionadores o felices, y la moralina se me hace repetitiva y aguada. Esta noche lo reintento porque quiero escribir sin que alguien decida borrarme la letra. Esta noche creo mucho menos de lo que creía a las 6 de la tarde. Esta noche se me cayó un ídolo. Supongo que a todos nos pasa alguna vez. Esa persona que creíamos inteligente, brillante, distinta y que a la postre, en el tira y afloje de la cotidianeidad, termina siendo más débil, mezquina y humana de lo que ya somos los que peleamos por zafar. Y, a qué negarlo, puestos ante nuestra debilidad y sumada la decepción somos seres frágiles y muy volátiles. Verán… es que yo adoro a los visionarios, pequeños Quijotes de nuestros tiempos con ideas propias y ritmo para germinarlas. Torpes y arrebatados, cuando cuidan el detalle tienen el mimo excesivo de los niños para con lo más frágil. Me pierdo en horas de escuchar sueños impo...