Entradas

Despabílate, amor

Medianoche. En una calle perdida de un barrio marginal un taxista pierde la recaudación del día a manos de un pibe de 14 que quizás nunca aprenderá que robar no está bien. Con esos pocos pesos, se le van también la “sensación” de seguridad, las ganas de seguir laburando, el ánimo para pelearle a la vida un poco de dignidad. El crimen paga. El trabajo no. Seis de la mañana. Una chica sale de su casa para tomar el colectivo. Vive en los kilómetros. Es la época del año en que todavía es noche a esa hora. La parada le queda cruzando un terreno baldío grande como dos canchas de fútbol. La iluminación no venía incluida con el plan de viviendas estatal. A mitad de camino, la cruza una camioneta de transporte de personal de una empresa petrolera. Lejos de sentirse protegida por la presencia, se siente amenazada. Los gritos de los hombres distan mucho de ser protectores. Se pregunta si tiene que soportar eso, mientras baja la mirada y camina lo más rápido que puede. Once de la mañana. En pleno ...

Elefantes y tortugas

Un hombre pasea por un camino y de repente ve una tortuga en la cima de un poste. Le pregunta al primero que se le cruza: ¿qué hace esa tortuga arriba del poste? El otro le contesta: no sabemos qué hace ahí arriba, pero en dos cosas hemos logrado ponernos de acuerdo –que alguien la puso ahí y que no podemos hacer nada más que ayudarla a bajar. Este texto, palabras más o menos, llegó a mi correo electrónico apenas unas semanas después de la asunción de las nuevas autoridades electas en todo el país. Para nuestro pequeño enano fascista argentino, ya era necesario –casi urgente- bajar a alguien. No es una modalidad extraña, ya que en los últimos años he visto desfilar frente a mis ojos –cada vez más desesperanzados, lo confieso- los mismos dos o tres chistes con los nombres de los presidentes/gobernadores/intendentes de turno. Es parte del folklore político nacional, lo sé. Pero como todo gesto mínimo, importa toda una dimensión de significados ocultos. Pasados los meses, recuerdo esas lí...

Otro hombre común

Se levanta temprano, muy temprano. Se mira en el espejo y piensa: “un día más”. No tiene escape de la rutina de estos años. Es lo que le ha caído en suerte, o más bien, es lo que ha buscado. Y con cada día que pasa, esa suerte-búsqueda le pasa la factura de cada uno de los viáticos que lo han dejado donde está. El peso se siente. Es físico. Hoy, por ejemplo, no tiene ganas de ir a trabajar. Repasa el speech mental, eso de tirar siempre las mismas líneas ante las mismas posibles preguntas. Todo cambia. Nada cambia. Tampoco tiene ganas de afeitarse. Tiene un día largo y sabe que, al final, alguien le reprochará también ese olvido. Juega a la apuesta mental de pensar quién será de todas las “ellas”. Es que los hombres se supone que no se fijan en eso. Después de todo, quizás hasta pueda imponer un look . La idea lo anima. Enciende la radio y la primera oleada se le viene encima. Se recuerda a sí mismo que la información no para, que las cosas siguen su curso, que nadie perdona nada. Par...

Elecciones

Los días que vivimos nos dejan en el limbo de ser sólo un engranaje en la enorme e implacable maquinaria de la vida más que post-moderna. El gran sueño americano for export va resultando en pesadilla. “El desencanto del desencanto” llamaba uno de mis profesores universitarios a este pulso caótico y nihilista de la post post-modernidad. La necesidad de pertenecer a mundos exclusivos nos signa como parias si no tenemos a nuestro alcance el poder para abrir esas puertas. El desamor de los seres más cercanos, queridos y por ello impunemente crueles –como observaba Borges- nos aisla en capullos impermeables. El listón de la perfección nos castiga en el día a día, exiliándonos de futuros posibles. En el vórtice de una era que mastica seres humanos sin piedad, ¿qué es lo que nos mantiene en camino? En menos de seis meses dos personas de mi entorno decidieron que vivir no era para ellas. Sin anunciar razones ni intentar despedidas. Sin gestos estridentes. Casi sin señales perceptibles. Sólo as...

Tú tan periodista

Uno de los primeros fue Costes y la Bizarra… pero claro, era Costes. Otro día fue Luenzo… pero es que Luenzo siempre es Luenzo. Y otro fue Otero… pero bueno, también él… Cada tanto era Bravo y su Rawsonline… pero vamos… que también las cosas que publica. Son polémicos. Son contras. Están enquistados. Lo suyo es ser opositores. No entienden. Argumentos a pedir de boca. A raudales. Repetidos hasta el hartazgo. Es claro, eran los otros. Después fue “la prensa”, “algunos periodistas”, “ciertos programas”. Así, como cuerpo abstracto e inerte. Eran los culpables, los que creaban climas, los no justos, los que informan mal. Creo que hasta algún diputado provincial todavía electo habló de “terroristas”. Y ayer… ayer fueron Saúl Gherscovici y Radio Del Mar. ¿Y ahora? ¿Quién sigue en la lista? ¿Ahora qué? Ahora nos sorprendemos, nos indignamos, repudiamos, nos solidarizamos. Durante años hemos prestado oído, micrófono, cámara, aire, espacio a quienes han denostado la práctica del periodismo cuan...

Un mundo de sensaciones

E. vive en el Máximo Abásolo. Uno de los barrios más populosos e infames de Comodoro. Las calles muchas veces ni siquiera pueden ser consideradas más que huellas. Las casas son precarias. La grilla urbana, desdibujada y por momentos incierta. E. tiene dos rutas para llegar a su casa. Una antes de las ocho de la noche y otra de ahí en más. A la segunda la llama “la ruta segura”. Me encuentro llevándola de regreso después de un evento de la institución en la que colaboro y donde trabajó varias horas. Es muy tarde. Digamos casi las dos de la madrugada. Me explica que tengo que seguir por donde vamos hasta que se termine el asfalto, y después seguir más, hasta que se termine la avenida ahora de tierra. Que a partir de ahí, ella me va a guiar. Vamos hacia esa parte de la ciudad que apenas existe para la otra parte. Estigmatizados, sus habitantes muchas veces ni siquiera consiguen trabajo cuando dicen donde viven. E. me cuenta que un día, estando en otro trabajo en la zona norte de Comodoro,...

Rivadavia

Siempre he sostenido en mi círculo de amigos que se termina hablando tanto de política y gestión municipal porque no hay otras cosas de las que hablar. Para empezar, Comodoro (¿debiera poner “Rivadavia”?) tiene mucha “historia político-institucional”. Y como en toda historia, a los memoriosos les encanta recuperar el rastro de ciertos personajes que se reciclan sin ser ecologistas. Gracias a ellos, las nuevas generaciones tenemos memoria del quién es quién, del positivo pero también del que se trata de ocultar. Y ese es el que deriva siempre en el Dr. X y el flamante Secretario Y, haciendo racconto de su pasaje por cargos, líneas internas y movimientos con la capacidad de adaptación intacta. Pero esta es la razón obvia de por qué no podemos zafar del tema. Veamos otras. Comodoro (R) carece de farándula. El conocido chupete distractor de la actualidad nacional. No tenemos vedettes pulposas, ni modelos impactantes, ni actores o actrices renombrados haciendo declaraciones reveladoras. Ni ...