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Saber luchar

“A veces en la vida hay que saber luchar no sólo sin miedo, sino también sin esperanza” Sandro Pertini De todas las columnas escritas en estos años, la que me ha traído devoluciones más conmovedoras ha sido la última. Todos los que se tomaron un rato para compartir su ánimo, me contaron entre tímidos y confidentes, de luchas y de esperanzas, de encantos y resistencias. Y este mínimo ser, al decir de Neruda, se emocionó frente a la pantalla pensando en qué habría detrás de tanto anhelo por tiempos mejores. Como no puedo especular con el de ustedes, vuelco aquí el mío… y pienso que quizás, una vez más, el milagro exista y coincidamos. La frase que arranca estas letras me asaltó desde la página de mi agenda esta semana. (Sí, todavía soy de esos bichos raros que se resisten a extinguir el hábito de garabatear planes, gastos, ideas y cumpleaños en un papel.) Serendipia o nada, vino a caber en estos días en los que al menos algunos comodorenses vimos cómo la puja por el poder puede tener ojo...

Caída libre

Hace tanto que no escribo… ¿será que no queda mucho por decir sin reincidir? Esta noche de esta semana de este mes de este año con vibra bizarra e inconsecuente decido que vuelvo a intentarlo y ver qué sale. Pies descalzos, primera medida. Cigarrillo viajando entre los labios y los dedos, cuando piensan antes de escribir. Ya sé, no debiera, pero hay días en los que al menos uno se hace necesario para exhumar ruido blanco. Música en la compu, sahumerio encendido, ritual completo… y esa voz, la de la memoria larga y cansina, me recuerda una frase que vi escrita en una cartulina, en la plazoleta del Obelisco, hace tantos años que me pierdo al sumar. Estaba soñando con un mundo mejor y me caí de la cama. Pasé días y días frente al mismo puesto improvisado, con sus cartelones y unos libros chiquitos desparramados en una mesa. Y una de esas tantas noches, al final de esas vacaciones de verano, usé mis ahorros de infancia para comprarme un libro. Se llamaba “Autorizado a vivir”, de Eduardo Ma...

Nunca la novia

Un viejo dicho popular reza: “siempre la dama de honor, nunca la novia”. Tal pareciera que el futuro político de Comodoro Rivadavia se niega a encorsetarse en ese traje blanco y a medio apolillar que descansa en el fondo del ropero, a la eterna espera de ser usado. De un esquema todopoderoso que la situaba al fin en el centro de la escena, con cánticos y carteles de victoria que veían en el 2011 una marca con impronta local, la bella Comodoro ha pasado a ser una vez más la presa fácil de la ambición electoral de otros que siempre, por experiencia, la tienen más clara. O sea, el novio se le fugó a dos pasos del altar. Le pasó a la Comodoro radical, cuando el aparato valletano que responde a Mario Cimadevilla se mostró impermeable a la avanzada de Pedro Peralta, aunque los números finales jugaran más a su favor. Le pasó a la PACHista, cuando las internas le guiñaron un ojo al tradicional Roque González contra el aparato escindido del ruedo local, encabezado por Federico Pichl. Le pasó a ...

Catarsis

Voy al coliseo a prenderme fuego (mi racha de novato nunca cambiará) Por favor que el adiós no se alargue… me cansé de tanto esperar. Cuando el fuego crezca quiero estar allí. Será cierto aquello que me gusta creer, que las historias rondan a quienes escriben hasta que dan con la puerta entornada para colarse entre los dedos con voz de cuento. Para muestra, hace muchos años esta palabra y yo nos encontramos en tono de infancia. Hace un par de noches, volvió a mi aire y me tomó por sorpresa. Y de repente fue como si la hubiera estado esperando para arrancar este racconto post-electoral que no terminaba de encontrar rumbo ni forma de tan caótico. Palabra justa para esta época en la que los estertores de las urnas no parecieran cesar. Como si todos hubieran estado esperando una liberación demasiado postergada, el flujo de declaraciones, posicionamientos y demandas no descansa. La voz hasta ayer moderada hoy se revela crítica, la mano tendida para acompañamientos se desdice hacia el espaci...

Gaviotas y gaviotos

En el pasto para rumiar que están dejando los ecos de esta campaña, que prometía ser una carrera de fondo y terminó en cien metros llanos, hay un bocado que me resulta un tanto amargo. De buenas a primeras y sin concesiones, las mujeres se quedaron fuera de juego en el tablero superpoblado de las candidaturas marca 2011. Las gaviotas -como atinó a llamarlas el histórico referente justicialista José Manuel Corchuelo Blasco- desaparecieron para planear en otro horizonte mucho más lejano. ¿Nunca es triste la verdad?, me pregunto sin atinar a encontrar razones para una respuesta terminante. A veces me gusta creer que las gaviotas hemos dado pasos importantes en nuestro plan de vuelo, que todo es cuestión de paciencia y savoir faire , que es parte de una estrategia cuidadosamente planeada quedarse en determinadas áreas de gestión dominadas por el género. Salud y Educación, diría nuestro propio Gobernador. No digo que no, digo que quizás ya tienen gusto a poco esas tradiciones que, cuando mu...

El séptimo sentido

"Tiempos de rara felicidad aquellos en los cuales se puede pensar lo que se quiere y decir lo que se siente” Tácito La frase se reza como letanía resignada y póstuma, para afirmarse a pruebas vista: el sentido común es el menos común de los sentidos . Algunos me podrán discutir que los sentidos son cinco y no seis. Quizás sea así, aunque yo creo mucho en el sexto sentido. Ese que me dice que quizás no sea el momento para hacer algunas cosas y me empuje a decidirme por otras. Ese que me preserva de muchos garrotazos y me canturrea “te lo dije” cada vez que, por hacerle caso omiso, me ligo uno. El cuarto poder se basa en el séptimo sentido, el común. Es su columna vertebral, su brújula y al mismo tiempo su norte. Ejercer ese poder con carencia es remontar una cometa errática que no termina de encontrar el filo del viento. Un destino similar al de los otros tres poderes cuando incurren en la misma ceguera. Cierto es que la distinción no siempre es clara y el sistema de alarmas suele...

Política en pijamas

Cualquiera que trabaje en periodismo o tenga un pie puesto en el ruedo político se da de frente con una temida pregunta ante la proximidad de elecciones de cualquier tipo: ¿a quién se puede votar? La respuesta variará entre detallada y concisa, según el interés del demandante y el ánimo de quien responda. Pero por estos días la pregunta clásica ha mutado hacia otra más preocupante, una que muestra a las claras que no siempre el oficialismo más pudiente es el más eficiente y que la oposición está más quieta en sus imposibilidades financieras de lo que éstas la obligan. Hoy la pregunta es: ¿quiénes son los candidatos? Triste interrogante para legisladores ya en sus bancas y activos, para funcionarios que ostentan cargo y gestión, por no mencionar a los referentes partidarios históricos. Ellos conforman el 90% de los nombres que aparecen en las boletas de la próxima elección legislativa. Uno de los casos paradigmáticos es el de Marcelo Guinle, quien bien podría considerarse uno de los leg...