23.3.09

Reflexión y Memoria

“Dos cuervos se posan en los hombros de Odín
y le susurran al oído todas las noticias
de lo que ven y oyen; sus nombres son
Reflexión y Memoria. Odín los envía a volar
cada mañana por el mundo
para que se enteren de todo
lo que sucede.
Siempre teme que no regrese el cuervo llamado
Reflexión, pero quien más le preocupa es Memoria.”

Snorri Sturlson “La quimera de Gylfi”


Yo fui una argentina sin memoria.
Durante años viví armando un rompecabezas con piezas que no existían.

A los 18 años me mudé a Buenos Aires y un día como cualquiera compré el ya muy famoso Página/12. En la página 2 descubrí una foto de DNI, con un nombre, una fecha de nacimiento y una duda de muerte al pie. “Desaparecido”. Era una palabra que conocía por haber estudiado, pero también una realidad que no tenía rostro, una historia que no tenía relato. Ese mismo año conocí a personas que habían vivido en una ciudad sitiada, con términos como “operativos”, “guerrilleros” y “tortura” en su vocabulario diario. Eran personas como yo pero con una historia de vida que pasaba por otro escenario.
Por primera vez en mi vida protegida tuve la opción de saber, de conocer. Y la elegí.
Fue la primera de muchas veces y la que más recuerdo.
Leí el Nunca Más, ví los videos del Juicio a las Juntas, leí los diarios de los 80, escuché a quienes sobrevivieron y contaron desde sus lados, descubrí una cultura que se hacía eco desde poesías y cantos. Desde todos los puntos de vista y sin tomar partido. Sólo para entender. Y en medio de todas esas voces, aprendí a reflexionar antes de hacer o decir algo que pugnara a volver a ese reino del espanto.

Nadie piensa que va a ser torturado, humillado, vejado, desaparecido, asesinado por cómo piensa o por ser quien quiso ser y sin embargo, un día cualquiera, otro cree que esa es la manera para pacificar un país, o progresar, o lograr un cambio.
Yo pienso y escribo, equivocada o no, y el sólo hecho de saber que todavía hay países en el mundo en que eso se paga con la vida es un alerta de que el pasado no lo es tanto.

En este día tan feriado de memoria y reflexión, ojalá recordemos los horrores -los de hace tiempo y los de hace unos días- y elijamos el camino del respeto a la vida, a la diversidad, a la disidencia, a la libertad.
Serú me canta que los brujos piensan en volver y yo pienso que quizás ya estén acá, y usen otras ropas, otras palabras, otros métodos, otras excusas.
Se habrán mudado a la casa de tu vecina que odia a los petroleros, o serán el chico de 17 que lincha a un extranjero, o el político que denigra a su oponente, o el señor profesional que opina anónimo en los foros virtuales que a los delincuentes hay que matarlos a todos sin juicio.
La maldad muta y no es privativa de nadie. El límite es demasiado frágil.
En el fondo son iguales, estos y aquellos, con su desprecio por la diferencia.

Hace un par de semanas, mi hermana del alma se sentaba en un auditorio de Zaragoza para escuchar a Estela de Carlotto. Un mensaje de texto cruzó el Atlántico para compartir el momento y yo contesté: “es la docencia de la memoria”. Hace cuatro días, Estela de Carlotto estuvo en Comodoro Rivadavia haciendo lo mismo. Incansable. Perenne. En un relato que lleva décadas y recupera vidas.
Quizás ella sabe con certeza algo que yo sólo intuyo: la memoria se aprende.
Pero la reflexión… bueno, la reflexión es un trabajo que hay que tomarse a conciencia y esforzarse en cumplir, sin veredas enfrentadas y siempre cuidando el camino que se va construyendo.
Nuestro destino depende de qué tan buenos seamos en esta tarea.

13.3.09

Mesa de saldos

Mordiendo los primeros fríos del otoño, el tablero chubutense enfrenta su fin de temporada estival con una oferta variada sobre la mesa de saldos.

Se largan las rebajas y todos quieren su parte del botín.

En esta punta, algunos sindicalistas se arrojan sobre los últimos objetos del deseo en las tierras del post-petroboom. Vuelven las internas sindicales, las denuncias de trinchera, los ladridos desde la arena del circo mediático, y el rejunte de compañeros leales para seguir empujando –desde abajo, claro está- el carro de la desdibujada causa. Algunos miran el desguace desde la puerta porque lo de ellos es otro ruedo y, como reza el proverbio, han sabido cómo nadar y guardar la ropa.

Más allá, tirado de bruces en el revoltijo, está el político que veía su nombre numerado y ahora no le cierra la última cifra. Ya lleva tres rumores firmes que lo dejan fuera de juego y uno que lo arrima pero no lo sienta. Cada vez que está por aferrarse al saldo correcto, un codazo lo vuelve a dejar fuera de la mesa. Insiste en la búsqueda, no resignándose a esperar otra vuelta.

Tironeando de un saco que nadie se pone, unos estatales se afirman en la tarea de reclamar mejor reparto, mientras sacan cuentas de lo que cuesta esta obra y aquella acción desde la no excusa de los números. Pero la tela resiste, no cede, y en el forcejeo sólo perderán los que miran desde el borde.

Aprovechando lo que la desesperación deja por los pisos, las vemos a ellas jugándola de línea de fondo, ambicionando -cuando mucho- mantener el sillón aceitado hasta que sea el turno de otros y quedándose cómodas con las búsquedas añoradas de varios.

Suena la campana del impuestazo porque la caja tiene hambre y todos se miran de reojo, dispuestos a revolearse en la cara la prenda que tienen entre manos. Tuya!, gritan los más rápidos y se apartan del rebusque, dejando en inevitable orsai a propios y ajenos.

El mercader avanza hacia la mesa y dice que todo aumenta, que la burbuja no se sostiene y alguien tendrá que dar por terminada la fiesta y hacerse cargo de la cuenta. El clima de desenfreno se enfría y queda claro que el único con chequera tiene el crédito cortado.

Los transeúntes ocasionales desfilan frente a las vidrieras. Apenas prestan atención a lo que ocurre en la mesa. Casi todo les es indiferente. Para ellos es sólo un día más y la verdadera lucha está en otra parte.

Mientras tanto, desde la pantalla que nos sale cada vez más caro ver, uno de los políticos más modernosos desgrana, encorvado y en remera, un discurso marca “te lo digo de onda, negra” desde el último spot marketinero emitido en los albores del Día Internacional de la Mujer. Con cada arruga marcada y bronceado que no viene de paleta, marca el estilo de una política más de patio de casa que de comités, unidades básicas y actos con bombo.
La liquidación 2009-2011 viene con descuentos inimaginables en otra época y tiene hasta un plan XYZ de alternativas, candidatos y votos.
El hijo de este, la esposa de ese, el otro hijo de aquel otro, el ministro, el intendente, el senador, el diputado. Política de rebajas, de “es lo que quedó”. Pasen y vean.
Como diría el genial Tato: "Por eso, mis queridos orejones del tarro, no se descuiden… Así que a seguir laburando, atenta la neurona, vermouth con papas fritas y ¡good show!".