18.7.07

Estos son los días

Este año a los comodorenses nos ha tocado vivir en difícil.

Desabastecidos, paralizados, piqueteados o piqueteros, deambulamos entre góndolas buscando el litro de leche imposible o hacemos colas interminables en la estación de servicio menos congestionada para llegar al surtidor donde con suerte todavía habrá algún tipo de combustible, el que sea.

Atrás quedó el tiempo del marketing, en el que tenían que convencernos de que aquella marca era mejor que esta. Esta vez los publicistas la tienen fácil.
Ya no optamos por el combustible más "verde" o eficiente, o el de la empresa que nos regala puntos por fidelidad. Vamos por el que tenemos más a mano en medio de la urgencia o la provisión obligada "por si empieza el paro".
No buscamos vivir en el lugar que siempre soñamos. Nos conformamos con lo que podemos pagar, a sobreprecio y mal ubicado.
No elegimos los productos que nos gustan. Elegimos los de precios acordados, las ofertas, las promos y, si vienen de un mayorista que hace que las cuentas cierren mejor a fin de mes, también los tomamos.
Cocinamos a fuego lento, con el gas que nos va quedando, sumergidos extra-oficialmente en la crisis energética mientras seguimos sin ver una sola campaña de acción gubernamental coherente para inculcarnos el ahorro de energía.
Ni hablar de que ya no volamos en la aerolínea más barata o en la que nos sentimos más cómodos, sino en la que logre despegar dentro del día de demora o en la única que nos lleva al destino elegido.

Nos vamos conformando, pero conformando mal. A sabiendas de que en la agenda del tira y afloje de los que pelean por poder siempre estaremos en el margen.
A regañadientes, de mal humor, protestando con pie en piso y descargando la tensión con el que se nos ponga enfrente, peatón o conductor del coche de al lado.
De tan frustrados, ya ni esperamos que algo mejor nos pase. Nos sentamos en la vereda a ver pasar cadáveres de enemigos o murgas, carentes del mínimo sentido de acción.

Desde ya que no sabemos cómo ser ciudadanos activos, así es que la única esperanza sería la urna. Pero también en ese ruedo compramos lo que quede o lo que venga en el paquete devaluado de la política contemporánea. A alguien hay que votar y siempre votar en blanco nos da un poco de pena o mucho más de bronca. Ahí estaremos, entonces, en la fila en Septiembre y Octubre, apretando dientes porque la mesa no abrió a las 8 o porque llegamos al cuarto oscuro con la triste idea de que todo es lo mismo, mientras la Justicia Electoral abre un padrón de voluntarios para cubrir los cargos de autoridades de mesa porque ya ni pagando logran que nos hagamos cargo.

Y vamos gestionando paso a paso esta extraña idea de mal merecimiento. Purgando culpas de décadas pasadas como si fuera inexorable cargar con ellas y enlodándonos en la inconsciencia, aunque ya no tan felices, todavía sin entender que los cambios están en nuestras manos.
En un sistema que funciona para todos los que supieron construirlo a su beneficio, imagen y semejanza, el único rol que nos cabe como ciudadanos es el de culpables.

Estos son los días en los que el resultado de nuestra falta de compromiso, nuestro espíritu de ciudadanos de paso, nos dejan exactamente en el lugar que hemos creado: el caótico país de los ciegos donde el tuerto siempre es rey.

11.7.07

Peccadillo

Es la palabra en Inglés para las pequeñas faltas, diminutos pecados apenas discernibles. Claro que pertenece a nuestro idioma y hunde sus raíces en el Latín. Pero mucho más acá de la etimología, hoy quiero contarles de esos peccadillos, puestos así en otro idioma, como para disimularlos aún más.
Hace unos días recibía una gacetilla de prensa del Ministerio Público Fiscal informando sobre la suspensión de juicio a prueba al sindicalista petrolero Ángel Capurro por la histórica y violenta toma de la planta de Termap en Octubre de 2005.
Histórica porque es indudable que fue uno de los hechos que marcó la dura huelga petrolera que sentó un antes y un después en las negociaciones de la industria en la región.
Violenta porque un grupo de personas con rostros cubiertos, a excepción de Capurro, ingresó por la fuerza a la planta, golpeó con salvajismo a un guardia de seguridad y durante los días que duró la toma se dedicó a destruir, ensuciar -y algunos vecinos del barrio todavía lo recuerdan- robar cuanto se cruzó en su camino.
La legitimidad de un reclamo no es una carta blanca para hacer lo que venga en gana, como no lo es el reprimido sentido de postergación. Tengamos en claro que aquel legendario heroísmo de las luchas sociales tampoco borra la línea que sí existe -todavía y atemporal- entre lo que está bien y lo que claramente no lo está.
Ya debiéramos saberlo. Pero casi nunca lo recordamos.
Y a la hora de los premios y castigos en nuestra sociedad indulgente, a Alfredo Varas le tocó ser el olvidado trabajador de seguridad privada con la cabeza hundida por un mazazo y a quien, tras un prolongado tratamiento médico y varias operaciones, le toca aceptar un 60% de discapacidad y la imposibilidad de mantener a su familia.
Y a Ángel Capurro, líder de la toma y casi su única cara visible, le toca ser el exhonerado.
"Que actuó a cara descubierta, pero sin ejercer violencia contra las personas o daños en las instalaciones", indica el Juez.
Quizás.
Quizás él no fue quien hirió a Alfredo Varas. Pero sí era uno de los responsables de la acción que se llevaba adelante y la responsabilidad implica precisamente eso: la obligación de responder por los hechos, planificados, calculados o no.

Ni siquiera existe esa vergüenza privada que llevaría al poderoso y solvente sindicato a proveerle a la familia de Alfredo Varas un sustento de por vida. Sólo por ser sus afiliados quienes estaban ahí, participando de ese proceso avalado desde la estructura sindical. Y sólo por haber sido uno de sus afiliados quien ha puesto a ese trabajador en un camino de no regreso.
Nadie espera un gesto público, quizás sólo uno privado y silente sería más que necesario.
Pero no está en ellos esa decencia.
Sí está en los compañeros de trabajo de Alfredo Varas, quienes han hecho -mes tras mes- una donación de parte de sus salarios que sostienen familias y sueños para darle una oportunidad a la familia y los sueños de su compañero.

"El juez de garantías, Dr. Porras Hernández tomó la decisión de aceptar la probation, o suspensión de juicio a prueba, luego de citar extensa jurisprudencia y teniendo en cuenta el argumento de las partes. Imponiendo medidas de capacitación del imputado, condicionando su accionar futuro a no cometer más delitos, en cuyo caso se reactivaría el proceso, fijar domicilio y concretar presentaciones ante el cuerpo de Delegados de Control del Tribunal por el lapso de un año y medio. Finalmente Capurro deberá abonar una reparación equivalente a un mes de su salario".
Este es el párrafo final de la gacetilla.

Tomar una planta por la fuerza y destrozarla. Destruirle la vida a una persona. Todo se reduce a medidas de capacitación, no cometer más delitos, fijar domicilio y presentarse durante un año y medio en algún lugar. Y abonar un mes de salario, claro, como reparación.
Fue sólo un peccadillo.

Como es un peccadillo el desmanejo de la reconstrucción de un Centro de Promoción Barrial que significaba -y significa aunque en ausencia- un lugar de contención y trabajo para las personas de ese barrio. La Justicia paraliza la obra, los fondos que llegaron no aparecen... y seguimos en la espera. Espera que contiene el recuerdo de aquella hinchada de fútbol que lo incendió, en primer lugar, tras un partido que no les pareció del todo favorable. No hubo responsables ni tampoco culpables. Ni entonces, ni ahora. Y en el medio algún funcionario se dió el lujo de obligar a silencio a los reclamos de quienes dirigían ese lugar.

Y cómo no mencionar aquel peccadillo recurrente de permitir que el nombre de algún ex-funcionario, implicado en la investigación de una red de trata de personas en nuestra ciudad, sea una y otra vez considerado para retomar sus funciones públicas, ahora asomado sobre el hombro del candidato oficialista a la Intendencia?

Son tantos... tienen tantos nombres... algunos tienen tanta historia que se heredan como las bóvedas de la Recoleta. Aquel tema del transporte, este tema de la autovía, ese otro de la reconversión productiva... eternos peccadillos cometidos al pasar y solapados con el olvido.
Y como comunidad no nos damos cuenta o decidimos ignorar que la línea de razonamiento de esos peccadillos nos cuesta generaciones.
Por qué no puedo pegarle a la maestra de mi hija? O mejor todavía, por qué no puedo ir yo y pegarle a la maestra? Por qué le voy a decir algo a mi hijo, que quema con los amigos la biblioteca popular del barrio? O a mi hermano que le roba a la gente trabajadora del barrio? O a mi viejo, que rompe las vidrieras del centro y se hace de algo cada vez que gana el club de sus amores? Si nadie responde arriba, por qué yo acá abajo en mi pequeña realidad cotidiana no puedo atropellar a una persona y huir?
Ya no hay premios ni castigos, insisto, y aceptamos como normal que no los haya. Somos tan flexibles en los límites de nuestra tolerancia que todo se reduce a la nada.

Y así, rodeados de peccadillos que nos impactan sin tregua, nos hacemos poco a poco a la idea de que, si la Justicia no condena porque no puede y la sociedad no condena por miedo o comodidad, la solidaridad es sólo un triste reconocimiento de que nosotros bien podríamos ser la próxima víctima.

4.7.07

Cosas de Chicas

Desde este siglo XXI no queda sino preguntarnos cómo habrá sido, allá lejos y hace tiempo, ser chicas.Cuando hoy estamos cercadas en nuestro propio territorio de independencia ganada en batallas que han llevado demasiados años, y mientras tratamos de descubrir la respuesta a todos los "para qué quería yo esto", apenas si podemos imaginarnos un tiempo en el que sólo teníamos los sueños.
Una posible mujer Presidente electa es la última realidad que se nos ha plantado enfrente. Quizás no fue una sorpresa, pero a veces dudábamos si sería una realidad palpable. No fuimos pocas las que nos emocionamos con una Michelle Bachelet asumiendo su cargo mientras nos preguntábamos si alguna vez lo veríamos de este lado.
Y una vez que ya tenemos una chica en carrera, varios insisten en hablarnos de sus extensiones, sus gustos en ropa, sus ansias de mantenerse perfecta, la coronan "Reina" o la etiquetan como "autoritaria". Pero... qué esperábamos? Qué otra cosa puede ser una chica política en nuestro país? Si es Reina, es decorativa y que no moleste, porque las decisiones las tomarán otros. Si es autoritaria, es una histérica y/o una loca. De ninguna manera se la ha pensado como una figura que nos represente con inteligencia o propiedad, como se podría esperar de un Presidente en casi cualquier país civilizado del mundo.
Cuánto nos gustaría a las otras chicas, adherentes a su candidatura o no, que alguien hablara de su inteligencia, la batalla de años en tierra de hombres con sus aciertos y desaciertos, el camino recorrido, las propuestas, las visiones... Al menos por ahora, es sólo uno de tantos deseos. Es sólo una mujer más en otro terreno de hombres.
Y en la garganta nos queda un nudo de frustración al pensar que muchos que comenzarán a llamarse "de la primera hora" serán los mismos que hasta ayer la denostaban con los peores epítetos y lo seguirán haciendo, aunque con más cuidado.
En un país donde una provincia acaba de elegir a una gobernadora y los porteños apostaron a la figura de otra mujer lúcida y fuerte, los chubutenses y comodorenses nos hemos quedado atrás en la tendencia. Al menos el único partido que celebró internas se ocupó de darle un lugar destacado a una de sus mujeres: los comodorenses tendremos una candidata a ViceIntendente. Del resto, siempre el cargo "consuelo" es el legislativo. Esas cosas que tiene la ley de cupos y la forma en que los cupos se negocian.
La realidad es que no hay una mujer política fuerte que asome en la escena. Como tampoco hay un hombre político moderno que tenga la lucidez suficiente como para comprender estos nuevos tiempos, lejanos de aquella chica que se callaba y obedecía sin chistar.
Quizás en estos meses, las chicas debiéramos unir fuerzas.
No significa que debamos votar a quienes no nos representan por ideas o propuestas o ideología. Significa que, cada vez que escuchemos a un comunicador o personaje público burlarse de una mujer, hablar de bobadas tales como moda y peluquería cuando lo que está en juego no es la tapa de Caras, denostar paternalmente una postura porque la plantea "una mina", no lo permitamos. Apaguemos la radio, la tele, dejemos de comprar el diario, cambiemos nuestro voto hacia alguien
respetuoso de la igualdad que nos merecemos.
Todavía recuerdo los dichos de aquel diputado provincial de la oposición sobre una ministro del actual gobierno provincial, criticándola porque iba con cartera a juego con los zapatos a todos los actos. Acaso alguna vez criticó el color de las corbatas de alguno de los ministros, o el corte del traje? No. Hay algo más patético? Sí. Que ninguno de sus votantes le reclamó esos dichos. Ni Dios ni la Patria se lo demandaron.
Las chicas debiéramos tener acceso a todos los ámbitos sólo por ser chicas?
No.
Claro que no.
Los hombres tampoco.
El mérito, nuestra valía, es lo que nos da derecho a unos y otros.
Cerremos filas y avancemos hacia una igualdad menos ficticia.
Quizás ese pueda convertirse en el verdadero cambio que se viene.

1.7.07

No dañarás

"El mejor médico es Aerolíneas Argentinas"

Qué comodorense no ha escuchado alguna vez esta famosa frase? Si alguien se detuvo a pensarla o no, es un detalle adicional. Pero quién, teniendo la posibilidad económica, no se ha subido a un avión en busca de mejores horizontes para su salud? A veces, hasta los viejos médicos caen en un rapto de sinceridad y aconsejan a sus pacientes, conocidos o amigos más cercanos que busquen la solución, una alternativa, una segunda opinión en otro lado. A veces lo hacen por verdadero sentido de responsabilidad médica, otras veces porque son humildes y reconocen sus limitaciones, pero la mayoría de las veces el consejo pasa por un reconocimiento implícito de que el ruedo local ofrece más riesgos que aciertos.

Cuando se pasa de la enfermedad a la necesidad inmediata, la historia se hace urgente y deja el campo de lo anecdótico. La escasez de camas para internación, la falta de ambulancias, un sistema de emergencias que no soportaría el peso adicional de ningún imprevisto nos pone a todos en riesgo.Puedo contar a mi alrededor varios casos que, con el tiempo, se van transformando de incredulidad a leyenda urbana, pasando por la indignación, la impotencia, el dolor de no poder cambiar nada y que a nadie -o valdrá ser justo y decir "casi nadie"?- le importe.

Quizás si les dijera de aquel sábado al mediodía en el que recorrimos con una amiga todos los números de emergencia conocidos para conseguir una ambulancia para su mamá, en una condición más que delicada. La necesitábamos, claro. Para qué más una persona normal llama con desesperación a un número de emergencia? Demás está decir que no había una sola ambulancia disponible en toda la ciudad. La generosidad de un comunicador social y la predisposición del director de una cobertura de emergencias médicas hizo posible el "milagro". Antes de llegar a ellos, la debacle. Sabés qué es llorar de impotencia? Yo lo recordé ese día.

Tal vez podría contarles de un bebé que nació con una condición llamada "pie Bott". Qué es? "Una enfermedad congénita que compromete a casi todos los huesos del pie, de origen desconocido, pero de presentación de 1 entre mil nacimientos vivos con padres supuestamente normales. Es un defecto permanente del pie, de manera que éste no descansa en el suelo en sus puntos normales de apoyo". Una entre mil. Y él fue quien pasó por meses de yesos, kinesiología y consultas sólo para llegar -por lucidez y lucha de sus padres- a La Plata, donde un verdadero especialista les dijo que habían perdido meses de tiempo y todo el tratamiento aplicado no sólo había sido incorrecto sino contraproducente. Meses... "sus" primeros meses en la vida. En manos de un reconocido profesional traumatólogo de nuestra ciudad que lo condenó a años de atraso. Si él fuera menos maravilloso, si sus padres fueran más sumisos, si no hubieran tenido el acceso a la información y los medios para llegar al profesional correcto... qué hubiera sido de él? Quizás lo que es de otros chicos en su condición, en esta misma ciudad.

O quizás mejor les cuento de aquel otro nacimiento, con toda la alegría de la bienvenida opacada por un obligado paso por la UTIN. Paso financiado, por supuesto, por la renombrada obra social de sus padres. Fue sólo una noche, un rato, como para justificar. El chico estaba perfectamente sano, claro, confirmado por el propio obstetra del caso; pero la práctica era común.

Y si te cuento de aquella guardia en reconocido sanatorio privado que no tenía un pediatra cumpliendo con la guardia en sí y a varias personas con sus hijos esperando horas a que llegara alguno? Se asentó la situación en el Libro de Quejas. Y todo murió ahí.

O hablemos de aquella persona que tenía el mismo nombre que otra y sus tratamientos se intercambiaron sin que nadie lo notara, con consecuencias fatales para una de ellas.
Párrafo aparte aquí para las obras sociales, que muchas veces no cubren sin carta documento mediante denunciando "abandono de persona". O las clínicas que bajan la basura en el mismo ascensor en el que transportan a sus pacientes. O el tener que esperar meses para que alguien vea a tu hijo, a tu padre, a tu hermano, o a vos mismo con un turno carente de toda lógica. O la falta de profesionales e instituciones psiquiátricas, que traten a los pacientes con dignidad y seriedad. O la falta de recursos materiales para brindar atención con total propiedad. O los sanatorios privados que no mantienen historias clínicas, borrando todo registro lógico y debido de un tratamiento por profesionales de ese lugar. Y, si quisiéramos entrar en el terreno de la desidia total, podríamos hablar de aquellos médicos que trabajan en casos tan sensibles como los oncológicos y que carecen de la mínima calidad humana -por no mencionar el sentido de la educación y el respeto- por sus víctimas-pacientes.

Seguro que existen las excepciones y son las que salvan el honor de toda la profesión. La pregunta es: sus colegas lo merecen?

En esta Argentina en la que es noticia el bochazo masivo a la carrera de Medicina, año tras año, quizás habría que examinar a algunos profesionales del sector sobre bases regulares... y, por qué no, también bocharlos.

En ciudades como la nuestra, con tantos y tan crasos errores, por qué no considerar la existencia permanente de un Comité de Ética, ante el cual una persona cualquiera pudiera denunciar casos de mala praxis y estos ser investigados de una manera apropiada por profesionales idóneos e imparciales? De qué mueren los que mueren? Realmente toda muerte es inevitable? O quizás se debió a algo o a alguien más allá de su enfermedad? Qué derechos nos asisten y cómo los podemos hacer valer? Ser más rico o más pobre también hace la diferencia entre la vida y la muerte?

"Llevaré adelante ese régimen, el cual de acuerdo con mi poder y discernimiento será en beneficio de los enfermos y les apartará del perjuicio y el terror".

Esta es quizás una de las pocas partes del Juramento Hipocrático que aún mantiene su actualidad y pasa de lo simbólico.Cuántos serán los que la recuerdan y ejercen día tras día?

Cuando es la vida la que está en juego, ningún cuidado es un exceso. Y cuando se trata de la vida de un ser querido, el total sentimiento de impotencia nos lleva a confiar en quienes debieran saber más. Traicionar esa confianza es lo condenable.