24.6.15

Seguir al líder

Podría parecer la más segura de las acciones… una vez identificado el líder.
Sin embargo desde hace un tiempo me pregunto si esa distinción se nos aparece de una forma tan clara. Hay líderes sólo nominales? Si es así, se puede llamar lo que ejercen un verdadero liderazgo?
El mal tanto social como político de los últimos años ha sido, para una gran parte de la sociedad, la falta de líderes claros y coherentes en su acción. Dónde mirar sino al centro y, en general, arriba? 

A través de las búsquedas en las que me pierdo, llegué una tarde a la danza tribal.
Una de sus maravillas es la improvisación, que encuentra su norte organizador no sólo en el conocimiento de pasos básicos sino en la conexión con los compañeros, mirándose a los ojos y siguiendo señales. Un gesto sutil cambia los liderazgos en cada grupo, los cuales rotan con naturalidad entre quienes decidan tomarlos. 
Hace unos días, en una de las explicaciones sobre la importancia de la posición de las líderes en el ensemble, escuché lo siguiente:
“No sé por qué tenemos la costumbre de identificar al líder con el centro. La líder siempre está hacia la izquierda y debe ser visible en todo momento.”

Dejé resonar la frase y la guardé en esos lugares donde quedan algunas durmiendo antes de llegar a este blog. 

Es cierto que siempre identificamos al líder como ese que está en el centro de todo: de las posturas, de las negociaciones, de los acuerdos, de las roscas con tela para cortar y hasta de los escándalos. El que junta las cabezas y baja la línea, lo sigan luego o no. El hombre, claro. Sólo hemos visto a una mujer, en la historia reciente, verdaderamente en esa danza.

A los líderes todos los conocemos, los identificamos subidos al banquito de sus verdades y pregonando desde los atriles. Voceros de nuestros miedos y sus mañas, la mayoría de las veces; otras tantas, hablando no como saben sino como creen que habla “el pueblo”, al que insultan con soltura en su parodia. Casi nunca bailamos con líderes de igual a igual; casi menos alternamos con ellos su posición.
Llegan las campañas electorales y se ve a muchos de aquellos en el llano, un tanto hacia la izquierda simpaticona, buscando encontrar avales en las miradas y seguir lo que creen reconocer como señales. 
En algunos el llano es natural, tierra propia en la que nunca desentonan simplemente porque jamás la dejaron atrás. En otros –como bailarines que no conectan- es impostado y mana un marketing chorreante de obviedades.

Una militante con la que disfruto intercambiar suele referirse al conductor de su partido como “líder”. Sus acciones van al unísono, como si las supiera de antemano: se refleja. He estado en plazas con cientos sintonizando la misma emoción, sin necesidad de coreografías marcadas. Escuchan de fondo su propio tambor, lo entienden, cambian el paso para hacerlo mensaje.
Aún así, nada es tan claro en ese lenguaje para los no naturales, que luchan en vano por decodificar hasta lo místico.

Puede parecer tentadoramente sencillo bailar en una rueda que interesa dominar, pero sentir el latido del otro es algo más que saraos al paso. 
Es necesaria una construcción de iguales para lograr que ese sonido fluya y no creernos su dueño sino, simplemente, honrar el privilegio de ser su música por un rato. Bailás...?

7.6.15

Bendito sea el caos

Lo escribí hace eones digitales. Hoy lo encontré.
Fue posteado el 7 de junio de 2006 en uno de mis blogs de aquel tiempo, casi siete años después de haberme aventurado al periodismo digital que era por entonces tierra de nadie.
Tal vez lo siga siendo...tierra de nadie y de todos, ojalá por muchos tiempos y formatos más.

Bendito sea el caos, porque es síntoma de libertad.
La frase que acompaña este 7 de Junio corresponde a Enrique Tierno Galván, político e intelectual español del siglo XX, aunque esta breve descripción sea injusta para la dimensión de su figura.
En el caos que es la blogósfera de este siglo XXI, cada palabra puesta en pantalla mantiene vigente el ideal de libertad.
La censura deja de ser una herramienta para convertirse en una pesadilla del censor, la cual adquiere ribetes de complejidad insospechados en otros tiempos.
Quien ha escrito y su letra ha sido borrada como si nunca hubiera existido, quien ha tenido una voz y ha sido obligado al silencio, quien ha sido imagen y su existencia negada, sabe que este es el ruedo que nos iguala.
No hay pautas oficiales, no hay presiones publicitarias privadas, no hay políticas del medio, no hay más compromiso que con la propia ética profesional.
Si un servidor se hackea, habrá otros. Si un sitio es cerrado, habrá otros. Si un nombre está en las listas negras, habrá otros nicks que lo reemplacen para poder seguir.
Siempre hay un mañana en este caos de libertad.
Esta es la tierra que les propongo y espero que la visiten a menudo para conocer algunas historias que nos rodean.

16.4.15

Mascota

Si las ganas son esa mascota que nunca nos hace caso y vive en sus tiempos sin culpa, así están las mías.

Varias veces llegué a esta pantalla en blanco en los últimos 12 meses.
Le tiré un montón de letras, más producto de catarsis arrebatadas que de puros deseos de compartir una historia. La guardé como un documento con un título que fue mutando desde “columnas” hasta “ideas” o un hastiado “que digan lo que quieran”. La borré hasta dejarla prolija de nuevo.
Hace un mes decidí eliminar todos esos fragmentos de nada y dejar que otras pantallas emergieran de su ruido blanco. Ahora intento recordar algunas de esas líneas y pocas apenas asoman a la memoria. No estaban ahí, entonces. No realmente.

Durante todo este tiempo de fluir caprichoso, me encontré a mí misma dibujando y arriesgando nuevos proyectos, aprendiendo nuevas artes y formas, compartiendo círculos de emprendedoras y líderes comunitarias, creando desde menos cero, y hasta volviendo a manar radio… pero desde otro lugar.
Hacía mucho tiempo que mi rueda no giraba con tanta riqueza y ante tantos rumbos potenciales. Hacía mucho más que no sentía a todo como posible al alcance de una vuelta, o dos, o realmente sin importar cuántas en tanto siguiera girando. Infinitamente más que no me interesaba en lo absoluto lo por venir o las cejas que pudieran elevarse ante las decisiones.

Tal vez eso sea realmente la esperanza. Ese blend del deseo, la expectación y la seguridad confiada.
Nunca escuché como en estos tiempos tantas historias que la invocaran así, como la pienso.
Relatos que no se detienen en los debiera, en lo ominoso ni lo impuesto. Palabras que no buscan convencer ni cartelizar, sino encontrarse en una construcción compartida e inspirar. Energía que se nutre y une a otras para concretar cambios, ideas y empresas.

Las sociedades avanzamos en tiempos y sentires que muchas veces no son los que cristalizan en sus discursos públicos nuestros representantes políticos e institucionales.
Sentada en la ribera y escuchando caminantes, creo que este es uno de esos preciosos y raros tiempos en los que el río suena… y con ellos el llamado a desperezar nuestra mascota durmiente.

Quizás ella mire el cauce y sienta que nunca tuvo un poder tan real en sus manos: el de hacer que el río cante su canción.