29.2.08

Cuatro años y un día

Hoy es 29 de Febrero. El primero después de cuatro años. El último día que vivió Susana.

Un día como hoy terminó sus vacaciones en Esquel, se subió a un auto y emprendió el camino de regreso a Comodoro.
Nunca llegó. La Ruta Nacional 40, entre Tecka y Gobernador Costa, le llevó la vida.
Susana era genial, graciosa, leal. Era una de mis mejores amigas.
Nada es lo mismo cuando los amigos se van tan pronto y sin avisar. Es una de esas verdades de la vida que tiene una tristeza tan profunda como ausencia de razones.

Días después del accidente empezamos a investigar antecedentes, sólo para descubrir que el mismo lugar había sido testigo de varios otros por las mismas razones. Encontramos registros de las gestiones de las Cámaras de Comercio de Comodoro Rivadavia y Esquel ante Vialidad Nacional, declaraciones de autoridades provinciales relacionando las altas cifras de accidentes viales con el mal estado de las rutas, gestiones de legisladores nacionales ante los organismos correspondientes para revertir la situación. Encontramos el peso de una realidad que nos agobiaba y también nos decía que al fin es verdad que todo pasa por alguna razón.

Cada una de las personas que perdimos a Susana, decidimos dejarla ir de una manera diferente.
Mi decisión fue hacer un uso más activo de mi voz ciudadana. Desde ese momento, en cada espacio mediático que he ocupado, el reclamo para que se terminen las obras de pavimentación de esa ruta ha sido una constante. He mantenido el tema en mi agenda informativa, en el micrófono de cada una de las radios que me han visto pasar desde entonces. Llorando, con voz quebrada, con indignación, con calma. Como saliera, pero sacándola afuera. Y este año, este es el espacio y la dimensión de mi voz.

En el 2004, casi un mes después del accidente, el actual Gobernador de la Provincia anunció la reparación inmediata de ese tramo de la ruta. Decidí escribirle contando el detalle de todo lo ocurrido, contándole sobre Susana. Lo hice para que esa acción y esa obra tuvieran un nombre y una historia para él, pero también para manifestar gratitud y apoyo a su gestión. Es anecdótico que supiéramos que no era posible la reparación “inmediata”, porque todo depende de un plan nacional que sigue su marcha y tiene todas las etapas de las obras públicas. El gesto, la puesta en el ojo público, era lo importante. Quizás en los esquemas de soluciones express que muchas veces reclamamos este parezca un gesto vacío. Les aseguro que no lo fue.

Hace un año, en una cadena de mails, pedí a mi círculo más cercano que escribiera a sus legisladores nacionales, que comentaran el caso con sus amigos, que reenviaran el mail a sus contactos. No sé qué tan lejos hemos llegado por esa vía, pero si al menos una persona se sintió involucrada es suficiente.

Y también decidí comenzar a escribirles a mis representantes en el Congreso de la Nación.
Toda vez que le cuento a alguien que hice y hago esto, me miran como si fuera un personaje de película y en cualquier momento comenzaran a aparecer los títulos de cierre. Es una de esas cosas que hace la gente en otro lado, en otro paisaje. Acá, no.
Sólo un legislador ha respondido siempre: el Senador Nacional Marcelo Guinle. Y la respuesta escrita ha sido detallada sobre todos los estadios de la obra y el grado de avance, pero la más importante ha sido la respuesta de gestión. Durante años ha mantenido en su agenda de gestión un reclamo e interés constante por el estado de transitabilidad de las rutas, y la Ruta 40 ha ocupado un lugar de preeminencia.
No importa que haya sido el único. Uno es suficiente. Uno hace la diferencia. A los otros, ya no los voto.

Hoy la Ruta 40 va rumbo a convertirse en la columna vial-turística más importante del país. El plan de inversiones continúa, las obras también. El tiempo pasado sin gestión es tiempo perdido, pero el futuro es prometedor. No es un logro personal, pero sí es una batalla ganada para iniciar otras.

Les cuento todo esto tal vez para exorcizar tristeza, pero también para pedirles que consideren tener un día de acción ciudadana activa y positiva, sobre este tema o sobre el que los preocupe. No una reacción anónima y del momento. Sí una acción, con nombre, apellido y documento, poniendo en verdadero juego nuestro rol de ciudadanos de una democracia.
Escriban a sus legisladores. Contacten a sus Gobernadores e Intendentes. Pónganles una cara y una historia a las políticas de Estado. Apoyen lo que les resulta válido, pidan acciones sobre lo que no funciona. Comprométanse.
Que sea hoy o un día cualquiera, no importa. Lo importante es poner a girar la rueda, ser uno de los engranajes del cambio.

“Para que nuestra esperanza sea más que venganza / sea siempre un camino que se deja de herencia”, dice alguna canción por ahí.
Que así sea, que así sea, que así sea.
Gracias.

26.2.08

Hay equipo

Hoy cerró la primera encuesta que decidí incluir en este espacio. La consigna era: “Si Mario Das Neves fuera candidato a Presidente en el 2011…” y las posibles respuestas pasaban por “lo votaría”, “no lo votaría” y “no sé si lo votaría”.
Once lectores contestaron la encuesta.
Se me dirá -y yo lo aceptaré- que es un número ínfimo. Ni siquiera da para un diminuto botón de muestra.
Como sea, es interesante. Si de 11 personas, dos lo votarían, dos no saben y siete optan por el absoluto no, quizás algo se pueda leer detrás de las líneas ajustadas y llevar a números más grandes.
Dejaremos las lecturas para los Richelieu de bolsillo que rondan -y en hordas a veces- a las figuras de poder por estas tierras, mientras olfateamos en el aire esa máxima argenta que indica que la misma fuerza que sostiene es la que un día se cansa y aplasta.

Estos últimos cuatro años para muchos tienen el signo de la desesperación, de acomodar el ganado antes de que se cierren las tranqueras de acceso tan bien habilitadas. Para otros es sólo un cambio porque, sin importar de dónde sople el viento, la veleta siempre les señala un horizonte. Y para algunos pocos, el libro de la historia sale de abajo del brazo que lo tenía asegurado y se abre, dándoles un vistazo no generoso pero sí añorado de los roles que podrían llegar a representar.
2009 y 2011 son dos paradas de un tren que va a dejar a muchos pasajeros en el andén, esperando el próximo. Y al mismo tiempo, son los tableros de dos partidas sincronizadas en estrategia y objetivos en las que se juega la supervivencia del unipartidismo imperante desde la crisis de la Alianza.

En Chubut, la danza de nombres ya está marcando los primeros pasos y muchos de los que van ganando la pista son bailarines de cuerda, lo que lleva a pensar que aunque la aspiración presidencial no prospere, hay una silla de la mesa chubutense que estará ocupada por un buen tiempo. Y en esa rueda de caras conocidas y añosas, esa presencia también representará una renovación.

Por mi parte, en este costado de todos los juegos de mesa, me reconforta tenerlos a ustedes once del otro lado.
Ahora hay equipo. Y entonces podemos empezar a soñar con salir a la cancha, robarle el campeonato al club más grande y pelear el ascenso.
Aunque más no sea por la camiseta, allá vamos.

19.2.08

Pobre niña rica

Siempre me ha asombrado esa extraña actitud de pataleo que tenemos los comodorenses y que, sin querer queriendo, nos aleja de todo lo que podríamos ser.

Hablo de ese berrenchismo de nena malcriada que quiere todo lo que los otros tienen y, cuando consigue algo en particular, lo mira con desdén, lo hace a un lado, quiere lo otro que no le dieron y se deshace en reclamos invocando justicia y alegando merecimiento.

Que mi ciudad se merece destinos de grandeza es algo en lo que elijo creer. Todos pensamos más o menos lo mismo de nuestros lugares en el mundo. Sin embargo, hay un detalle: la única barrera entre mi ciudad y su destino somos los comodorenses.

Raza no gregaria, todavía hoy –pasado el boom migratorio- miramos con desconfianza a los no tan recién llegados y seguimos socializando de la puerta para adentro con “los de toda la vida”.
No generamos espacios de encuentro, actividades de inclusión, nuevos lugares con identidades múltiples. Todo es nosotros, lo nuestro, lo nyc. Y miramos a los otros, los traídos a la fuerza, los venidos y quedados, como a esos que están de paso, explotándonos.
Es cierto que la generación de los treinta estamos creando una raza de comodorenses que siente suya a su ciudad pero sin exclusivismos y pretende un cambio urbano-cultural acorde. Pero también es cierto que, ante determinadas avanzadas gubernamentales e institucionales, somos los mismos que pensaríamos dos veces y aún así nos iríamos a buscar caminos en otro lado.

Hemos visto a nuestra ciudad buscar su identidad como destino turístico de convenciones, como polo cultural, como centro regional de eventos deportivos. Y la hemos visto, una y otra vez, estrellarse con su Bureau de Convenciones que no despega, con sus empresarios de espectáculos remando contra gestiones gubernamentales de Cultura que no acompañan, con clubes deportivos que se dan de bruces contra la realidad del financiamiento de categorías nacionales. La hemos visto aislada de la red aérea, limitada en su red vial, resignada a la eterna inconsistencia de su oferta turístico-cultural.

Una ciudad que había logrado realzar los festejos de su aniversario se enfrenta este año a una austeridad mal entendida que, mientras ahorra en elecciones de Reina, despilfarra en salarios a personajes cuestionados -anque alineados- que se encumbran al frente de “Programas” varios que bien podrían ser llevados adelante por el organigrama tradicional y sus responsables.
Una ciudad que se convirtió en asombro del propio Presidente de la Nación por haber revivido los espacios verdes, ve impasible la avanzada que propone “amigarse con el desierto” y abandona el riego de boulevards y plazas.
Una ciudad que ha tenido una sede de una Universidad Nacional acollarada por su escaso presupuesto y sin mayor participación en la vida comunitaria que la ocasional que ha partido casi en exclusividad de inquietudes de su ámbito académico, se pregunta ahora cómo le pasó el proyecto de la Universidad del Chubut por encima y por qué se pretende que el campus se sitúe en Rawson.
Una ciudad que había logrado establecerse en polo de eventos deportivos de relevancia nacional, que le brindaban a su vez una inserción en el mapa turístico regional, mira pasar las categorías hacia otras regiones que tienen más en claro el mapa integral que conforman el deporte, la cultura, el conocimiento y el turismo.
Esa ciudad es la nuestra. Eternamente insatisfecha como a su vez incapaz de apreciar mientras tiene y dar un valor a sus recursos.

Entonces no es extraño que, cada día más, el cansancio de remar siempre contra corrientes descabelladas nos pegue en la nuca y nos deje al borde del nockout. Quizás sea hora de aceptar que las cosas nos pasan porque las generamos. Con el desinterés, con el no compromiso, con el aceptar que cualquiera se haga cargo de cualquier cosa, con el no pensar.

¿Qué tiene el Valle que no tenga Comodoro? Pensamiento integral.
Puesta en valor de lo que se tiene, clara consciencia de lo que no se tiene, uso inteligente del tándem de poder político y poder institucional para lograrlo.

Mientras tanto, seguimos enfurruñados. Porque otros tienen lo que queremos, porque el papá a cargo no nos favorece, porque nada de lo que tenemos nos conforma.
Eternas criaturas abandonadas, salimos de una infancia de privaciones para enquistarnos en una problemática adolescencia, con más abundancia quizás pero igual de carente de criterio.
Lo nuestro, comodorenses, es una crisis de identidad. Y la verdad es que no estamos preparados para enfrentarla.

17.2.08

Paréntesis

Hoy no tengo ganas de pensar en tableros políticos ni vanidades del mismo ramo.
Sí quiero escribir, desde hace unos días, sobre algo importante que nos estuvo pasando y no dependió de urnas, ni de iluminados, ni de posicionamientos.

La semana pasada, por primera vez en mucho tiempo, fuimos una comunidad.
Nos unimos en torno a una causa en común, extraño como suena.
Algunos, por el rédito económico. Otros, por estar ligados a la actividad que convocaba.
Y muchos otros –más anónimos, quizás- por sostener y reconocer el esfuerzo que alguien, a quien sólo conocíamos por nombre o profesión, había hecho para todos.

Es casi un relato épico, donde el héroe no porta espada sino vela, pero al mismo tiempo es una historia de un hombre común y de su gente.
Es la historia de una persona que imagina una oportunidad. Le da forma al ideal y le suma compromiso. Se lanza literalmente al mundo y le cuenta de esa posibilidad, todavía muy pequeña como para poder convertirse en algo palpable. Los años pasan y esos capítulos del camino que todo proyecto recorre se van cerrando y sucediendo. Un día, despertamos sabiendo que todo pasará en el 2008. Y entonces la tarea fuerte comienza: la de dispersar dudas, lograr presencias, sumar apoyos.
Ocho años pasan... Con mejor o peor suerte, con gobiernos entusiastas o indiferentes, construyendo con los pequeños logros que se van sumando.
Quizás ni siquiera valga la pena acordarse de la falta de apoyo del gobierno nacional o de las mega-empresas, del silencio de los multimedios, de las puertas cerrándose incrédulas. Al fin y al cabo, la presencia de muchos donando su tiempo y trabajo ha sido el aporte más grande, el que más ha honrado el espíritu de lucha detrás de las candilejas.

Estimo que en este punto ya saben que hablo del Mundial de Carrovelismo y de Pablo Reyes y su familia.
Este ha sido el paréntesis en el que muchos nos reecontramos con el verdadero sentido de “ser parte”. Parte de una realidad enorme, de un entusiasmo compartido, de un verdadero espíritu de comunidad.
Fue un orgullo. Fue un privilegio. Nos dimos de frente con la realidad más burda de los cuentos de hadas: todo sueño es posible si se pelea por él lo suficiente.

Quizás esta columna de hoy suene idealista, simplona, sin vuelo. Lo lamento si así parece… pero es que, cuando de emociones se trata, es lo que hay.
Y en este año, en el que la sobre-escuchada frase “es lo que hay” justifica tantas carencias, por primera vez puedo susurrarla con profunda emoción.

11.2.08

Good Show

A veces pienso que en materia de gestiones culturales vamos perdidos. Así, sin chance de optimismo. Pensarlo no sería nada si no fuera porque, más o menos cada cuatro años, la idea tiene a reafirmarse.
Superado el asombro de ver confundir y sojuzgar conceptos sin tregua, más de una vez sólo queda la profunda desazón de ver que, capítulo tras capítulo, se repite la historia.
Y no pasa por una mera resistencia al cambio, como se ha declarado con absoluta convicción. Pasa por el hastío de ver cómo la cultura también se ha convertido en territorio de deterministas que deciden qué es cultura y qué no, y lo comunican con una ligereza tal que deja entrever más que firmeza de carácter, llana ignorancia.

De cada ciudad en la que he estado, argentina o extranjera, siempre me ha cautivado por partes iguales el circuito oficial con sus museos, muestras y teatros, como el circuito alternativo con la informalidad del arte callejero, la música al paso y las voces de las minorías que distan mucho de ser silentes. Me maravillo, lo disfruto, participo, busco, me identifico, me emociono.
Cultura es identidad. Desde el idioma hasta el dialecto. Desde las danzas circulares hasta el ballet. Desde los cánticos tribales hasta la ópera. Desde el artista circense hasta el actor laureado. Desde la caricatura callejera hasta el cuadro de exposición. Desde la rima casual hasta las novelas de culto. Todo lo que nos rodea como expresión de lo que somos. Cultura es mucho más que “espectáculo masivo al aire libre”. Lo contiene, sí, pero viene desde algo más profundo y lo trasciende mucho más allá.

Y Comodoro Rivadavia es una ciudad rica en cultura. Desde el enorme tesoro casi nunca valorado de las culturas nativas, hasta la maravillosa y sostenida en el tiempo herencia cultural inmigrante. Nuestra cultura es un abanico apabullante y de un atractivo único cuando se lo amalgama con la avanzada “made in Comodoro” que las generaciones de “treinta y pico” han ido construyendo los últimos años desde el teatro, la música, la danza, la pintura, la imagen, la palabra, pero sobre todo desde el compromiso y la pasión.
Nuestro problema no es carecer de cultura, sino de los puentes tendidos entre todas sus expresiones para ponerlos a todos en valor. Nuestro nudo de conflicto es la gestión cultural, que muchas veces cae en la tentación de valorar una expresión en desmedro de otra, convirtiendo todo en una especie de justicia cultural con visos de revanchista.

Quizás no ha ayudado la carencia de estructura física para las diferentes manifestaciones, en especial la falta de espacios públicos.
El Ceptur es pequeño en superficie, pero los latidos que va emitiendo con sus sucesivas exposiciones de pintura, fotografía y hasta escultura, no son desdeñables. Su espacio también ha contenido y contiene a ciclos de cine debate, conciertos de artistas locales y exposiciones de los jóvenes de la ciudad que muestran una más que interesante mirada de sus propios barrios desde el lente de una cámara.
El Centro Cultural es una promesa, lo mismo que el incipiente Predio Ferial. Y las plazas quedan en el entredicho entre lo que es el derecho al espectáculo al aire libre y el derecho a la tranquilidad de quienes viven alrededor.
Poco se ha hecho para llevar los espacios de exposición y expresión a los barrios, quizás utilizando como plataforma las sedes de las uniones vecinales. Más allá del programa de Talleres Barriales -que no son exclusivamente culturales- no se ha planteado la posibilidad de descentralizar físicamente el circuito cultural.
Si a esto sumamos la falta de una Escuela Municipal de Danzas, o de Idiomas, o de Teatro, o de Música, o de Bellas Artes, la ecuación nos deja en un páramo de suma de voluntades que casi siempre son privadas. Es necesario, imprescindible, un lugar donde cualquiera pueda formarse, educarse, superarse, encontrar esa voz interior y manifestarla, sin importar su condición económica.

Tal vez todo esto suene superficial frente a las necesidades urgentes. Siempre habrá algo más urgente que la cultura, pero es menester recordar que nunca habrá nada más importante. La cultura y la educación forman esa aleación que ha salvado a pueblos de los errores de sus propias historias. Son las puntas de lanza, junto al deporte quizás, que han roto el techo de cristal que la exclusión socio-económica planta sobre niños y adolescentes que se ven encerrados en un corralito de oficios y no profesiones, esquinas de birra y faso, y grafitti de cancha en paredes y monumentos.

Confieso que he sido una privilegiada. He crecido rodeada de libros, música, cine, teatro, arte. He completado mi educación obligatoria y pasado por alguna que otra Universidad. Sin apuros económicos o con ellos, siempre he encontrado una voz en alguno de esos espacios que me ha guiado o sostenido en las malas de la vida.
Puedo escuchar cumbia, rock o música clásica y bailar en ese ritmo ecléctico con mezcla propia.
Puedo ver películas de acá, de allá y del otro lado, sólo por el hecho de sumar miradas que enriquecerán la mía.
Puedo leer poesía local contemporánea o una novela clásica universal. Las voces detrás de las letras siempre tendrán un mensaje destinado a perdurar como un eco.
Y también puedo ver elecciones de Reinas y reconocer que la belleza física también es un valor que puede transmitir otros valores, y que esos eventos en sí pueden servir para difundir industrias-arte como la del diseño de indumentaria así como las soberanas pueden ser vías de difusión de otros atractivos locales.
La cultura y la educación me han dado el mayor de los regalos: el criterio.

Aún así, de todos los “puedo” citados, siempre termino enquistada en un “no puedo”.
No puedo entender -por más que trato- que quienes tienen como responsabilidad la gestión cultural decidan usarla como factor de exclusión basados en una concepción, sino dudosa, al menos muy limitada.

5.2.08

Había una vez…

Había una vez un lejano petroreino que volvía a tener Intendente. Había una vez una mesa redonda de gabinete, con lobos viejos y muy pocos corderos. Había una vez un pueblo que soñaba con ser Camelot.

En las intrigas de palacio, que comenzaron incluso antes de llegar, los rumores jugaban un ajedrez que movía piezas de acuerdo a los ánimos políticos de más arriba, de los zigzagueantes pasillos y las promesas por cumplir. Y así amaneció Enero: con la resaca de un Diciembre de primeros nombramientos y poca acción, la promesa de un lejano Marzo que agite el avispero y, en el medio, la muy mala pata de un derrame de petróleo que se transformó en la primera crisis de la gestión y sirvió de primer espejo de los ruedos encontrados que se jugarán el poder dentro de la misma de aquí en más.

Que el poder político está relacionado con los manejos de las “cajas”, con el armado y control de cuadros propios internos y externos, y con muchísima cintura es lo que hay que tener en claro como el ABC para hacer política y llegar lejos en nuestra tierra. El idealismo queda para la palabra que se lo lleve y lo enarbole en cada turno electoral, y claro también para el ciudadano que lo crea y lo avale con su voto. Algunas campañas apuestan al “orden”, otras a la “transparencia” y las más cercanas de la temporada 2007-2008 se han centrado en el “cambio”. A la hora del verdadero juego, nada de eso cuenta.

De cara al tablero de este juego, es interesante encontrar, en este primer rostro que nos devuelve lo ocurrido en Caleta Córdova, el desplazamiento de poder desde la figura del Secretario de Gobierno “Maní” Corchuelo Blasco” a su par de Gestión Territorial Ricardo Trovant en tándem con el ViceIntendente Sergio Bohe. A ningún observador escapa que estas últimas son dos figuras mucho más ligadas al núcleo dasnevista que el primero, postergado según dicen los corrillos por su creciente protagonismo en la gestión y el núcleo político-familiar que habría comenzado a regestarse para sostener el poder en el largo plazo.

Pero volviendo a la delantera Trovant-Bohe, ya a algunos preocupa en voz alta el blindaje que ambos pudieran hacer de una Administración Buzzi, con Buzzi incluido. Más bien recuerdan la línea Touriñán-Gaitán que mantuvo a flote la gestión Simoncini y sostuvo a raya también los rumores e intenciones que encaminaban aquella gestión en el largo plazo hacia la figura del entonces Vice Ángel Gioino, una mucho más fuerte y avalada. ¿Será esto un repetir todos los pasos, a modo de prueba y error, a ver si la idea era al fin de las que funcionaba?

El aval a la nueva dupla de poder local representa una puesta de pie en tierra que tuvo un interesante precedente en el escandaloso -en tiempos democráticos- desplazamiento del cuerpo de abogados de la Asesoría Letrada municipal, quienes habían ingresado a esa función mediante uno de los pocos concursos públicos que la estructura municipal recuerde en muchos años. Se los invitó a no volver, sin más fundamento que el contenido en la Resolución que determina el cese de sus contratos. O sea, ninguno. Era de esperarse que, si las intenciones de sumar “abogados integrales” fueran tan firmes como han sido enunciadas, se hubiera llamado a un nuevo concurso, con estándares más altos de los utilizados en el último y que nos permitieran a todos los contribuyentes conocer qué tipo de servicios pagamos. Nada de eso ocurrió y los puestos fueron cubiertos de la misma tradicional manera oculta, dejando marcado el terreno.

Sumado a todo lo anterior, fuente de inagotables sorpresas parecen ser los sucesivos Boletines Oficiales, con designaciones de personajes en primeras y segundas líneas más que cuestionados en el ámbito municipal y algunos incluso con actividades “desprolijas” en su haber.

En la historia de este reino al Sur, nadie ha logrado sostener su corona por encima de las intenciones y designios del Norte. Es una bendición mientras dura la campaña hacia el poder y se torna en una maldición cuando la convivencia comienza. El que avala, impone. Quizás esa sea otra de las reglas del juego político, una que muchos aprenden demasiado tarde. Quizás sea justo decir que esto recién comienza, que todavía hay tiempo de juego para que mucho decante, otro tanto sea modificado y quizás, tal vez, al fin esta vez, algunas cosas cambien. Sin embargo, no estaría demás seguir el hilo de la historia para que no lleguemos al final del cuento y nos encontremos sin perdices.

La visión que porta el nuevo Intendente es de las más prometedoras y con más vuelo que haya contenido la política vernácula en los últimos tiempos. Tiene background intelectual, mentalidad moderna, formación integradora y tiene también –por qué no decirlo- la ambición necesaria para sostenerse, pero cabe la duda sobre qué podrá hacer en medio y con esa mesa redonda en la que muchos caballeros no reconocen más Camelot que el suyo propio, un rey sentado en Fontana y el poder de una Excalibur que todavía nadie logra sacar de la piedra de un lejano Valle.

1.2.08

Autitos chocadores

Hace unos días veía en uno de los canales locales cómo se daban a conocer las alternativas de un control de alcoholemia llevado adelante por el área correspondiente, con el respectivo Subsecretario a cargo de implementación y declaraciones posteriores. Me pregunté entonces lo que me ha quedado como duda de siempre: si acaso sirven estos controles aislados cuando el conductor irresponsable está en todas partes, no alcoholizado precisamente, y poniendo muchas vidas bajo el capricho de sus (in)habilidades al volante. O mejor aún: ¿estamos apuntando realmente al problema?

La vida moderna tiene maneras para sacar a un ser humano de ese equilibrio, a veces precario, que lo lleva a mantener la presión a raya. Y para esto, la petrovida en la que nos debatimos los comodorenses nos brinda algunas alternativas que van desde el consumismo exacerbado hasta la superficialidad absoluta. Y en medio, claro, la creencia de que tenemos todo bajo control y nada ni nadie puede desafiarnos.

Cuando lidiamos con personas, el control es sólo una ilusión que se pierde en demasiadas variantes. Nada es controlable en términos de relaciones humanas. Ahora bien, cuando de máquinas se trata, los términos son otros. Y cuando la máquina es un auto, la ecuación es perfecta.

Los desafío a pensar en las calles comodorenses hace poco más de un año. Será una imagen con menos autos, seguro, pero también apuesto a que será una imagen en la que conducir no era tan riesgoso. Un momento en el tiempo en el que no pensabas dos veces en meterte en la maraña del centro o de la ruta en horas pico. ¿Una imagen con menos violencia y agresión, quizás?

Nunca fuimos una sociedad modelo en el respeto por las normas de tránsito o la figura del peatón, pero al menos reconocíamos algunos límites. Todavía en alguna esquina se cedía el paso al de la derecha, se dejaba salir de un lugar de estacionamiento o se auxiliaba a alguien en la ruta.
La inseguridad fue carcomiendo las conductas solidarias y la agresividad fue haciendo mella en el resto del terreno. El semáforo en rojo no importa, la senda peatonal menos, los carriles no se respetan y, sobre todo, el credo “vos no sos mejor que yo” lleva a muchos a usar el auto como herramienta de matoneo sin fijarse que es una de las que verdaderamente mata.

Quizás las crecientes desigualdades sociales hacen mella mucho más allá de si se puede bancar un alquiler de 4.000 pesos, o un par de zapatos de 400, o el plasma de 15.000. Quizás la siesta en los laureles de más de un sector de la ciudad, confiado de que la bonanza económica era garantía de buen futuro, nos esté dejando en una tierra con bandos enfrentados. Los que pueden acceder a una vida de lujos y los que no siempre han existido, pero aquí y ahora existe aquel que aún trabajando, ahorrando, esforzándose, no puede acceder a una vida digna, con niveles de confort básicos y muchas veces sin confort en absoluto. Y el tradicional colchón de conflictos que ha sido la clase media, demás está decir que se ha adelgazado hasta lo invisible. Menos ayudan las visiones abonadas por comunicadores y relacionistas que sindican a este destino como un emirato y a los trabajadores de la industria como jeques. Ni Estado ni empresas han hecho lo suficiente para dar a esta imagen un viso de realidad, por no mencionar al sector comercial que se ha dado a poner a sus servicios y bienes en niveles que muchas veces no condicen con una relación mínima de costo-calidad. El resentimiento es palpable en las palabras de muchos y las actitudes de muchos no hacen sino hacerlo más profundo. Nunca he creído que violencia sea sólo la física y es este el caso en el que confirmo la impresión. ¿O acaso estos tipos de abuso no son una forma de violencia?

El tránsito de estos tiempos se ha convertido en uno de los primeros espejos claramente plantados frente a nuestra cara. Está en nosotros sostenernos la mirada y hacer algo al respecto o seguir perdidos en la galería buscando aquellos que nos diviertan con el reflejo de nuestras formas. Y es que estamos metidos en la vorágine de este parque de diversiones que, aunque parezca la promesa de una noche de diversión eterna, indefectiblemente nos dejará en la luz de una mañana donde veremos que las luces no eran tan brillantes, que todo lo bueno acaba y que hay demasiada basura alrededor.