2.11.07

La mirada femenina del poder

Es la frase de la hora. A qué negarlo. Avanzó primero en el continente y ahora está en el umbral de nuestra puerta.

Si lo pensáramos con detenimiento, no debiera existir una mirada femenina ni masculina de nada, y menos del poder. Pero es innegable que la mirada de género todavía tiene mucho por decir en el escenario de igualdades disímiles en el que nos movemos. Y el escenario de la política siempre ha sido más una arena de circo donde nos caben las lentejuelas y acrobacias que los roles dominantes.

¿Habrá caído el famoso techo de cristal que teníamos las chicas en los ruedos políticos? ¿O sólo se habrá corrido un par de metros más arriba en algunas partes para seguir siendo oprimente en otros ruedos? Quizás podríamos suponer que ha dejado, como aquellas ventanas que se abren y cierran para liberar moscas, que al menos una o un par de nosotras cruce la barrera y se confíe diciendo "ahora nos llegó la hora" para luego cerrarse sin previo aviso y dejarlas atrapadas en un territorio no muy poblado de congéneres y casi sin aire.

Recuedo hace un par de años atrás, en una mesa de un café llamado Molly Malone -¿qué ironía, no?-, un grupo de chicas nos juntábamos para organizarnos desde nuestra mirada femenina de las cosas. No se trataba del poder, sino de generar un cambio. Había una funcionaria pública, una ex-funcionaria pública, y dos psicólogas maravillosas con mucha arena pisada en las vueltas de la violencia de género. Y yo, claro, esta pseudo-periodista que se los cuenta. Demás está decir que no logramos mucho más que exorcizar broncas, impotencias y penas. Pero aún así, me gusta pensar que algo de ese espíritu todavía queda, peleando por un cambio más real desde el lugar que nos ha tocado. Y al menos ahora sabemos, con exactitud, que no estamos solas.
De aquellas Chicas Molly también me queda una frase que soltó una cuando todavía nos animábamos a querer revolucionar el avispero comodorense con un seminario de problemática de género.

"Género... ¿cuánto nos cuesta el metro?", disparó casi sin pensarlo. Y la ficha nos cayó a todas.

Y la verdad sea dicha, chicas y chicos, el metro de género nos lo cobran al centímetro.
Si usamos tailleurs coquetos y zapatos de taco. Si combinamos carteras y zapatos. Si, por el contrario, no nos gusta producirnos y vamos a nuestro aire. Si laburamos en cosas de hombres. Si somos la minoría ignorada o la mayoría silente y dominada. Si somos inteligentes y lo demostramos. Si somos fuertes y nos imponemos. Si no
cedemos las posiciones que decidimos defender. Si tenemos que negociar y no nos dejamos avasallar. Si no entramos en el estereotipo de belleza contemporánea. Y si entramos, también. Si nos enojamos y gritamos, si nos emocionamos y lloramos, todo.
Pagamos todo al contado y, muchas veces, con depósitos adelantados.

Ahora, ¿cuánto le costará el metro de género a la Presidenta electa?
Si es claro para muchos que está rodeada de nuevos adeptos que hace dos años la miraban de soslayo y la trataban de loca. Qué digo hace dos años si hasta hoy todavía lo hacen. Si los mismos periodistas de renombre que la entrevistan no ceden a la tentación de paternizarla en las preguntas como si de una Barbie Presidenta se tratara. Si los análisis de los especialistas son más cautelosos de lo que serían con un hombre en el cargo.
¿Y cuánto le costará el metro de género a la líder de la segunda fuerza política?
Con una oposición acostumbrada a los hombres que no pueden ser tildados de mesiánicos, sin importar cuan desmesurados sean. Con la difícil tarea compartida de equilibrar todas las partes en danza y enfrentarlas a una congénere de la manera más constructiva posible.

Pero tal vez la pregunta que me importa más sea cuánto nos costará a todas el metro de género.
Porque, a no dudarlo, del desempeño de estas dos mujeres dependerá mucho futuro de tantas otras que miran el poder y lo piensan posible, más allá de los desafíos del género. De las que creen en una verdadera igualdad, de palabra y de acción. De las que apuestan a lograr alguna vez un cambio para mejor.

El juego está abierto. Quizás esta sea una de las pocas veces que una no piensa "que gane la mejor": ojalá que ganemos todas. Que superemos la prueba de fuego y el techo de cristal se derrumbe para siempre.

28.10.07

La Otra Campaña

Llegará un día en que nuestros hijos, llenos de vergüenza, recordarán estos días extraños en los que la honestidad más simple era calificada de coraje.
Yevgeny Yevtushenko

Poeta ruso contemporáneo


Hoy es día de elecciones. De esas que nos tocan cada cuatro años y siempre terminan dividiendo discusiones familiares, cafés de bar, conversaciones al paso. Como los clásicos del fútbol en el antes, pero como los grandes pecados en el después, con una previa a plena voz desafiando al rival y una eterna crítica no asumida en el resumen posterior.
Estamos en veda, sí, lo sé. Pero no de pensamiento ni de acción. Hoy es, según el folklore de la democracia mediática -esa que surge cada dos años- el día en que los ciudadanos ya se han llamado a la reflexión y votan en pos de eso.
Me sorprende, entonces, todavía hoy recibir en mi correo electrónico la otra campaña.
Esa que no habla de las propuestas de uno y otro, que muchos recién han visto en los grandes medios nacionales en esta última semana. Esa que no pone afiches en las calles. Esa que no te deja un panfleto en la puerta. No puedo incluir en la lista a la de los actos, porque ya hemos visto en esta vuelta que -sin considerar las inauguraciones oficiales- el púlpito se ha quedado tan vacío como se han venido vaciando las plazas y las tribunas desde el 83.
Porque, pasando de los eternos chistes que antes eran protagonizados por un riojano, después por un porteño y ahora por un pingüino, hay algo más que se está moviendo en esta cibervida y nos marca ritmos diferentes.
Hace meses comenzaron a llegar mails, pasados de arroba en arroba, con un racconto de las promesas no cumplidas, de las corruptelas escandalosas, de las incoherencias discursivas entre unos y otros.
Más cerca en el tiempo -acá fue por Septiembre- también comenzaron a aparecer los primeros problemas con las autoridades de mesa para las elecciones de cada provincia. Después, alguien tuvo la poco feliz idea de hacer una campaña desde un Ministerio recordando las penas de prisión que cabían a quienes renunciaban a su "deber cívico". El dinero de esa campaña no se utilizó en formar ciudadanos a través de los años, para reconocer esa responsabilidad y ejercerla con precisión y orgullo. No, se eligió a consciencia que ese dinero fuera destinado a amenazarlos.
Hace unos días recibí los videos que la Rock&Pop, la conocida FM de Buenos Aires, armó para las elecciones presidenciales. "Hay gente que dió la vida por este país. Votá con responsabilidad". Y aunque esta fue una campaña política bastante silente en todos los órdenes, mensajes de los sin comillas hubo muchos... y de los con comillas, muchos más. Pero por lejos este es el mejor mensaje que recibí. Breve. Contundente. Constructivo. Y cierto.
Votar con responsabilidad. Sabiendo quiénes son los ciudadanos detrás de esos nombres. Conociendo las propuestas detrás de esos partidos. Respondiendo. Participando.
Siendo lo que un ciudadano es: una persona que decide sobre los destinos de su nación.

Como sea, el saldo de este ruedo 2007 nos deja en un nuevo espacio de construcción.
Tal parece que somos ciudadanos virtuales, en todas las formas de interpretación que nos permite la palabra.
Porque en la realidad más palpable no hacemos demasiado por cambiar nada, pero una vez sentados frente a las pantallas, conectados, con el teclado como arma, pedimos a nuestros legisladores que aprueben leyes, pasamos mails de concientización, nos metemos en los sitios de los candidatos para conocer las propuestas, compartimos notas de opinión de los diarios no tan oficialistas y discutimos en el chat con los amigos cómo vemos las cosas.
Considerando todo esto, no pareciera que sufrimos la apatía que nos achacan los periodistas y opinólogos de turno. Nuestra ciudadanía es activa, pero los canales por donde ese flujo pasa ya son otros.
Tal vez entonces el desafío pase por construir el puente que nos deje en la orilla de la participación real, la que implica que tenemos que dar la cara, poner el cuerpo, meternos en el ruedo, para lograr un cambio permanente.
Y desde ese otro lado, el reino de la política y la función pública, quizás el cambio debiera pasar por mirar con más respeto esta construcción virtual y abrir nuevas vías para apreciarla y compartirla.
La política argentina tiene que ser capaz de lograr ese espacio. De otra manera, ¿qué nos queda sino extinguirnos unos y otros, cada quien parapetado en su orilla, con toda una nación como víctima-testigo?
Si ya el 50% o menos del padrón es el que participa activamente en cada elección, el tiempo de lograr un nuevo espacio o una nueva manera de participación no es otro sino este.

Y es claro que hablo de sólo la parte de la ciudadanía que tiene el privilegio de no estar en la obligación de aceptar un plan social para poder poner comida en la mesa. A ellos no sólo les debemos el puente, les debemos el haber permitido la continuidad de ese abuso durante años.

24.9.07

Unos pocos perros verdes

En el imperio del petromaterialismo hablar de valores, esencia y principios es un gesto de anacronismo ya no siempre perdonado.

Si bien nunca he sido una nostálgica de las que enuncian que "todo tiempo pasado fue mejor", en estos días no puedo evitar sentirme un tanto perdida entre tanta maroma que nos dice que las cosas son como son y poco podemos hacer por cambiarlas.
Que he sido y soy una idealista lo confieso y, según la época, con mayor o menor sentido de la realidad. Pero ¿no te pasa últimamente que llegás a un punto cada día en el que te gana la indignación, seguida de un profundo estado de indefensión, cuando ves que los límites que nos protegen como ciudadanos, como trabajadores, como miembros de una sociedad, se vulneran con total impunidad?

Los cambios en las reglas de juego te dejan invariablemente fuera de la que solía ser tu cancha y el dueño de la pelota de ocasión te mira socarrón mientras vos desgranás argumentos para seguir en juego.
El nivel de relajación en cuanto al respeto mínimo y básico llega a lugares insospechados cuando se trata de tu tiempo, de tu trabajo, de lo que elegiste ser y hacer en la vida.
Los cambios llegan no para transformar sino para avasallar, y si acaso osás cuestionar ya no su avance sino el método para el mismo, quedarás bajo una aplanadora de indiferencia que te dejará atrás esgrimiendo razones que poco importan a nadie.
Tu trabajo no vale lo que debiera, quienes brindan un servicio público lo hacen como si de un favor se tratara, el gobernante dice que hizo muchísimo y merece más pero no debate para saber los "cuántos", se reparten dineros públicos como caramelos... todos síntomas del mismo atropello: yo que puedo y tengo, hago lo que me viene en gana y nadie puede cuestionarme.

¿Sabías que si vivís en un sector totalmente urbanizado de la ciudad sos considerado por una empresa de telefonía como habitante de área remota y, no sólo debés esperar meses por una línea -porque son limitadas en esa categoría-, sino que además debés pagar como si vivieras realmente en un paraje remoto?
¿Sabías que alguien en algún rincón de la provincia construyó un puente sobre un río que no existe y todos pagamos por ello?
¿Sabías que durante el último temporal de viento una línea aérea dejó a sus pasajeros varados en Trelew, con opción Buenos Aires, sin hacerse cargo de los costos de traslado hacia nuestra ciudad y sin preocuparse por tener a ninguno de sus muchos empleados brindando explicaciones al respecto en plena madrugada en un destino que no era?
¿Sabías que las personas que fueron a trabajar el último viernes y salieron después de las 9 de la noche no tuvieron transporte público para volver a sus casas? ¿Y que tampoco contaron con ese servicio público los que necesitaban salir de sus casas al día siguiente a primera hora para llegar bien a sus trabajos?

Pero además...
¿Sabías que por más avanzado que esté el siglo el tiempo del otro vale tanto como el tuyo?
¿Sabías que no decir "buen día", "buenas tardes", "por favor", "gracias", "disculpe", sigue siendo una grosería?
¿Sabías que desmerecer el trabajo o la condición del otro, no respetarlo como persona o laburante, te hace un ser miserable?

En este esquema, desde este lugar de rareza, vale preguntarse quiénes somos, para qué se nos necesita si todo el resto del mundo va a su aire y poco le interesa el tuyo. Porque a decir verdad, el aire es todo de ellos.
De los otros.
De los que, a fuerza de prepotencia y billetazos, se imponen sobre el que calla quizás no por sumiso sino porque lo único que cabe decir es lo más extremo. Y todavía sostiene un código en la vida que lo lleva a pensar varias veces antes de hacerlo.

Y pasada la indignación, incluso la bronca, superada la indefensión, rota la resignación y hasta la tristeza, es menester decir que vos y yo, perros verdes de este mundo, somos necesarios para que al menos una pequeña parte de todo siga teniendo sentido.

3.8.07

Los Otros

Definidos los nombres que nos rodearán en carteles, imágenes y voces hasta Septiembre y Octubre, es otra lista la que también se define. Los una vez más no candidatos quedan oficializados y las preguntas se acallan.
Ya no hay danzas de nombres, ni mesas con identidades trocadas como cartas. Podríamos decir, no sin cierto fatalismo, que la suerte está echada aunque nunca me he resignado a aquello que lo da todo por perdido y menos en este ruedo donde lo perdido casi nunca es recuperable.

Tras haber pasado por las diferentes propuestas de unos y otros, o al menos los esbozos, no queda sino la vergüenza ajena de no haber encontrado para nuestra ciudad más destino posible que los garrapateados al azar, descolgados de la realidad, o prolijamente ordenados en una agenda estratégica de veinte puntos paupérrimos, o en un discurso incoherente que reúne lo que no se pudo, lo sí se pudo y el cómo se nos trata, llevados adelante por algún caballito de batalla que poco se acerca a la inquietud del ciudadano común.

Tristes son las imágenes que dejan a las mujeres como compañeras de tés partidarios, eternamente enroladas en las filas de esposas y madres, sin un reconocimiento a lo que su valía podría significar para el progreso de una sociedad. Como lo ha sido por miles de años, como todavía lo es ahora. Ningún punto estratégico habla de un área específica para desarrollar políticas de género, para brindar accesos a créditos productivos, para poder acceder como solteras, con hijos o sin hijos, a un plan de viviendas estatal. Los gobiernos del mundo activan ese motor y el nuestro lo reduce a un mínimo engranaje entre tortas y ajuares, mientras hace del cupo femenino un triste objeto de cambio con determinados grupos de poder.

El área de servicios públicos no ha sido mejor considerada. Una ciudad con una concesión de tranporte público de pasajeros otorgada por los próximos diez años verá pasar dos intendentes antes de que alguien pueda hacer algo al respecto. Ese juego está cerrado más allá de lo mucho que resta por hacer. Como también lo está, sin concesión mediante, el juego inmobiliario eternamente en manos de reformistas de ocasión que no temen a las denuncias de 50.000 razones. El planeamiento urbano y sus dislates de los últimos años ha quedado presa de la inacción y la especulación, impactando también en las próximas intendencias a menos que alguna de ellas quiebre las reglas de ese juego.

En la ciudad más rica de la provincia, el sistema de salud y de seguridad colapsa cada día en medio de anuncios rimbombantes que al final de la jornada se apagan en un eco absurdo.
Y eso también continúa siendo territorio de la mesa de café, ya de por sí bastante poblada de asuntos pendientes y lamentos, en lugar de ocupar las prioridades de agendas de gobierno y plataformas de campaña.

Cuando se confunde presentación de propuestas con señalamiento con dedo de lo que el otro no ha hecho y yo sí haré, el juego democrático pierde brillo y casi sentido. Se transforma en un pan y queso donde ganará el menos pensado y las consecuencias las sufriremos todos.
Las pesadas herencias, las indignaciones por atropellos, los cruces de palabras que intentan ser inteligentes y terminan en chicanas de politiquería son capítulos habituales que ya está claro serán parte –también, una vez más- de este turno electoral.
Así nos despejamos, saliéndonos de una realidad que es nuestra aunque no reclamemos autoría, incapaces de cuestionar con seriedad, proponer con sentido de futuro, disentir con altura y, desde el periodismo, inquirir sin “pautismo”, esa religión a la que cada vez somos más afectos.
No hemos aprendido que nada de eso construye y, como bien corresponde a una sociedad televidente, nos quedamos pegados al circo mientras decidimos que ya tuvimos días bastante difíciles y ya no queremos pensar más.

Esta es la democracia que supimos construir, como forma de gobierno y como estilo de vida, tal como reza la definición.
Una que nos ve salir de casa y esperar un colectivo sucio en una esquina sin refugios, o conducir un auto con el último litro de nafta por entre el laberinto de pozos de algunas calles y rodeados de conductores que no debieran tener una licencia habilitante.
Una que nos hace caminar por la calle porque el estado de la vereda es calamitoso, o nos impide acceder a cines, universidades y baños porque no hay una rampa o un ascensor para nuestra silla de ruedas.
Una que crea mecanismos de consulta popular que nunca se utilizan y, cuando sí se los rescata, no los considera vinculantes.
Una que nos expone a sufrir un asalto cada media hora, a plena luz y en pleno centro, o a ver perdido el trabajo honesto de una vida en manos de un delincuente juvenil que volverá a su casa esa misma noche.
Una que nos deja fuera de las rutas bloqueadas por piqueteros con reclamos legítimos y estados etílicos reales, o nos hace encerrarnos en nuestra casa cuando alguien de nuestra familia trabaja en la empresa que vive el conflicto porque deciden apedrearnos o meterse en nuestro patio.
Una que deja fuera de juego a los que señalan, a los que denuncian, a los honestos, a los que piden coherencia y son arrumbados en oficinas sin calefacción, desterrados del ruedo hacia la actividad privada, a los que no se resignan y ni se plantean entrar en el reparto de ningún sobre.
Es la misma en la que los pocos que quedan adentro o siguen creyendo ven pasar la historia desde el banco de suplentes o haciendo el trabajo que los otros no hacen pero por el que cobran y en base al cual financian y negocian un futuro individual mejor.
Son esos, los otros, los que nos llevan ganadas varias vueltas.
Pero la verdadera cuestión es, en nombre de esta democracia mejor que algunos creemos posible, si los dejaremos ganar una vuelta más.

18.7.07

Estos son los días

Este año a los comodorenses nos ha tocado vivir en difícil.

Desabastecidos, paralizados, piqueteados o piqueteros, deambulamos entre góndolas buscando el litro de leche imposible o hacemos colas interminables en la estación de servicio menos congestionada para llegar al surtidor donde con suerte todavía habrá algún tipo de combustible, el que sea.

Atrás quedó el tiempo del marketing, en el que tenían que convencernos de que aquella marca era mejor que esta. Esta vez los publicistas la tienen fácil.
Ya no optamos por el combustible más "verde" o eficiente, o el de la empresa que nos regala puntos por fidelidad. Vamos por el que tenemos más a mano en medio de la urgencia o la provisión obligada "por si empieza el paro".
No buscamos vivir en el lugar que siempre soñamos. Nos conformamos con lo que podemos pagar, a sobreprecio y mal ubicado.
No elegimos los productos que nos gustan. Elegimos los de precios acordados, las ofertas, las promos y, si vienen de un mayorista que hace que las cuentas cierren mejor a fin de mes, también los tomamos.
Cocinamos a fuego lento, con el gas que nos va quedando, sumergidos extra-oficialmente en la crisis energética mientras seguimos sin ver una sola campaña de acción gubernamental coherente para inculcarnos el ahorro de energía.
Ni hablar de que ya no volamos en la aerolínea más barata o en la que nos sentimos más cómodos, sino en la que logre despegar dentro del día de demora o en la única que nos lleva al destino elegido.

Nos vamos conformando, pero conformando mal. A sabiendas de que en la agenda del tira y afloje de los que pelean por poder siempre estaremos en el margen.
A regañadientes, de mal humor, protestando con pie en piso y descargando la tensión con el que se nos ponga enfrente, peatón o conductor del coche de al lado.
De tan frustrados, ya ni esperamos que algo mejor nos pase. Nos sentamos en la vereda a ver pasar cadáveres de enemigos o murgas, carentes del mínimo sentido de acción.

Desde ya que no sabemos cómo ser ciudadanos activos, así es que la única esperanza sería la urna. Pero también en ese ruedo compramos lo que quede o lo que venga en el paquete devaluado de la política contemporánea. A alguien hay que votar y siempre votar en blanco nos da un poco de pena o mucho más de bronca. Ahí estaremos, entonces, en la fila en Septiembre y Octubre, apretando dientes porque la mesa no abrió a las 8 o porque llegamos al cuarto oscuro con la triste idea de que todo es lo mismo, mientras la Justicia Electoral abre un padrón de voluntarios para cubrir los cargos de autoridades de mesa porque ya ni pagando logran que nos hagamos cargo.

Y vamos gestionando paso a paso esta extraña idea de mal merecimiento. Purgando culpas de décadas pasadas como si fuera inexorable cargar con ellas y enlodándonos en la inconsciencia, aunque ya no tan felices, todavía sin entender que los cambios están en nuestras manos.
En un sistema que funciona para todos los que supieron construirlo a su beneficio, imagen y semejanza, el único rol que nos cabe como ciudadanos es el de culpables.

Estos son los días en los que el resultado de nuestra falta de compromiso, nuestro espíritu de ciudadanos de paso, nos dejan exactamente en el lugar que hemos creado: el caótico país de los ciegos donde el tuerto siempre es rey.

11.7.07

Peccadillo

Es la palabra en Inglés para las pequeñas faltas, diminutos pecados apenas discernibles. Claro que pertenece a nuestro idioma y hunde sus raíces en el Latín. Pero mucho más acá de la etimología, hoy quiero contarles de esos peccadillos, puestos así en otro idioma, como para disimularlos aún más.
Hace unos días recibía una gacetilla de prensa del Ministerio Público Fiscal informando sobre la suspensión de juicio a prueba al sindicalista petrolero Ángel Capurro por la histórica y violenta toma de la planta de Termap en Octubre de 2005.
Histórica porque es indudable que fue uno de los hechos que marcó la dura huelga petrolera que sentó un antes y un después en las negociaciones de la industria en la región.
Violenta porque un grupo de personas con rostros cubiertos, a excepción de Capurro, ingresó por la fuerza a la planta, golpeó con salvajismo a un guardia de seguridad y durante los días que duró la toma se dedicó a destruir, ensuciar -y algunos vecinos del barrio todavía lo recuerdan- robar cuanto se cruzó en su camino.
La legitimidad de un reclamo no es una carta blanca para hacer lo que venga en gana, como no lo es el reprimido sentido de postergación. Tengamos en claro que aquel legendario heroísmo de las luchas sociales tampoco borra la línea que sí existe -todavía y atemporal- entre lo que está bien y lo que claramente no lo está.
Ya debiéramos saberlo. Pero casi nunca lo recordamos.
Y a la hora de los premios y castigos en nuestra sociedad indulgente, a Alfredo Varas le tocó ser el olvidado trabajador de seguridad privada con la cabeza hundida por un mazazo y a quien, tras un prolongado tratamiento médico y varias operaciones, le toca aceptar un 60% de discapacidad y la imposibilidad de mantener a su familia.
Y a Ángel Capurro, líder de la toma y casi su única cara visible, le toca ser el exhonerado.
"Que actuó a cara descubierta, pero sin ejercer violencia contra las personas o daños en las instalaciones", indica el Juez.
Quizás.
Quizás él no fue quien hirió a Alfredo Varas. Pero sí era uno de los responsables de la acción que se llevaba adelante y la responsabilidad implica precisamente eso: la obligación de responder por los hechos, planificados, calculados o no.

Ni siquiera existe esa vergüenza privada que llevaría al poderoso y solvente sindicato a proveerle a la familia de Alfredo Varas un sustento de por vida. Sólo por ser sus afiliados quienes estaban ahí, participando de ese proceso avalado desde la estructura sindical. Y sólo por haber sido uno de sus afiliados quien ha puesto a ese trabajador en un camino de no regreso.
Nadie espera un gesto público, quizás sólo uno privado y silente sería más que necesario.
Pero no está en ellos esa decencia.
Sí está en los compañeros de trabajo de Alfredo Varas, quienes han hecho -mes tras mes- una donación de parte de sus salarios que sostienen familias y sueños para darle una oportunidad a la familia y los sueños de su compañero.

"El juez de garantías, Dr. Porras Hernández tomó la decisión de aceptar la probation, o suspensión de juicio a prueba, luego de citar extensa jurisprudencia y teniendo en cuenta el argumento de las partes. Imponiendo medidas de capacitación del imputado, condicionando su accionar futuro a no cometer más delitos, en cuyo caso se reactivaría el proceso, fijar domicilio y concretar presentaciones ante el cuerpo de Delegados de Control del Tribunal por el lapso de un año y medio. Finalmente Capurro deberá abonar una reparación equivalente a un mes de su salario".
Este es el párrafo final de la gacetilla.

Tomar una planta por la fuerza y destrozarla. Destruirle la vida a una persona. Todo se reduce a medidas de capacitación, no cometer más delitos, fijar domicilio y presentarse durante un año y medio en algún lugar. Y abonar un mes de salario, claro, como reparación.
Fue sólo un peccadillo.

Como es un peccadillo el desmanejo de la reconstrucción de un Centro de Promoción Barrial que significaba -y significa aunque en ausencia- un lugar de contención y trabajo para las personas de ese barrio. La Justicia paraliza la obra, los fondos que llegaron no aparecen... y seguimos en la espera. Espera que contiene el recuerdo de aquella hinchada de fútbol que lo incendió, en primer lugar, tras un partido que no les pareció del todo favorable. No hubo responsables ni tampoco culpables. Ni entonces, ni ahora. Y en el medio algún funcionario se dió el lujo de obligar a silencio a los reclamos de quienes dirigían ese lugar.

Y cómo no mencionar aquel peccadillo recurrente de permitir que el nombre de algún ex-funcionario, implicado en la investigación de una red de trata de personas en nuestra ciudad, sea una y otra vez considerado para retomar sus funciones públicas, ahora asomado sobre el hombro del candidato oficialista a la Intendencia?

Son tantos... tienen tantos nombres... algunos tienen tanta historia que se heredan como las bóvedas de la Recoleta. Aquel tema del transporte, este tema de la autovía, ese otro de la reconversión productiva... eternos peccadillos cometidos al pasar y solapados con el olvido.
Y como comunidad no nos damos cuenta o decidimos ignorar que la línea de razonamiento de esos peccadillos nos cuesta generaciones.
Por qué no puedo pegarle a la maestra de mi hija? O mejor todavía, por qué no puedo ir yo y pegarle a la maestra? Por qué le voy a decir algo a mi hijo, que quema con los amigos la biblioteca popular del barrio? O a mi hermano que le roba a la gente trabajadora del barrio? O a mi viejo, que rompe las vidrieras del centro y se hace de algo cada vez que gana el club de sus amores? Si nadie responde arriba, por qué yo acá abajo en mi pequeña realidad cotidiana no puedo atropellar a una persona y huir?
Ya no hay premios ni castigos, insisto, y aceptamos como normal que no los haya. Somos tan flexibles en los límites de nuestra tolerancia que todo se reduce a la nada.

Y así, rodeados de peccadillos que nos impactan sin tregua, nos hacemos poco a poco a la idea de que, si la Justicia no condena porque no puede y la sociedad no condena por miedo o comodidad, la solidaridad es sólo un triste reconocimiento de que nosotros bien podríamos ser la próxima víctima.

4.7.07

Cosas de Chicas

Desde este siglo XXI no queda sino preguntarnos cómo habrá sido, allá lejos y hace tiempo, ser chicas.Cuando hoy estamos cercadas en nuestro propio territorio de independencia ganada en batallas que han llevado demasiados años, y mientras tratamos de descubrir la respuesta a todos los "para qué quería yo esto", apenas si podemos imaginarnos un tiempo en el que sólo teníamos los sueños.
Una posible mujer Presidente electa es la última realidad que se nos ha plantado enfrente. Quizás no fue una sorpresa, pero a veces dudábamos si sería una realidad palpable. No fuimos pocas las que nos emocionamos con una Michelle Bachelet asumiendo su cargo mientras nos preguntábamos si alguna vez lo veríamos de este lado.
Y una vez que ya tenemos una chica en carrera, varios insisten en hablarnos de sus extensiones, sus gustos en ropa, sus ansias de mantenerse perfecta, la coronan "Reina" o la etiquetan como "autoritaria". Pero... qué esperábamos? Qué otra cosa puede ser una chica política en nuestro país? Si es Reina, es decorativa y que no moleste, porque las decisiones las tomarán otros. Si es autoritaria, es una histérica y/o una loca. De ninguna manera se la ha pensado como una figura que nos represente con inteligencia o propiedad, como se podría esperar de un Presidente en casi cualquier país civilizado del mundo.
Cuánto nos gustaría a las otras chicas, adherentes a su candidatura o no, que alguien hablara de su inteligencia, la batalla de años en tierra de hombres con sus aciertos y desaciertos, el camino recorrido, las propuestas, las visiones... Al menos por ahora, es sólo uno de tantos deseos. Es sólo una mujer más en otro terreno de hombres.
Y en la garganta nos queda un nudo de frustración al pensar que muchos que comenzarán a llamarse "de la primera hora" serán los mismos que hasta ayer la denostaban con los peores epítetos y lo seguirán haciendo, aunque con más cuidado.
En un país donde una provincia acaba de elegir a una gobernadora y los porteños apostaron a la figura de otra mujer lúcida y fuerte, los chubutenses y comodorenses nos hemos quedado atrás en la tendencia. Al menos el único partido que celebró internas se ocupó de darle un lugar destacado a una de sus mujeres: los comodorenses tendremos una candidata a ViceIntendente. Del resto, siempre el cargo "consuelo" es el legislativo. Esas cosas que tiene la ley de cupos y la forma en que los cupos se negocian.
La realidad es que no hay una mujer política fuerte que asome en la escena. Como tampoco hay un hombre político moderno que tenga la lucidez suficiente como para comprender estos nuevos tiempos, lejanos de aquella chica que se callaba y obedecía sin chistar.
Quizás en estos meses, las chicas debiéramos unir fuerzas.
No significa que debamos votar a quienes no nos representan por ideas o propuestas o ideología. Significa que, cada vez que escuchemos a un comunicador o personaje público burlarse de una mujer, hablar de bobadas tales como moda y peluquería cuando lo que está en juego no es la tapa de Caras, denostar paternalmente una postura porque la plantea "una mina", no lo permitamos. Apaguemos la radio, la tele, dejemos de comprar el diario, cambiemos nuestro voto hacia alguien
respetuoso de la igualdad que nos merecemos.
Todavía recuerdo los dichos de aquel diputado provincial de la oposición sobre una ministro del actual gobierno provincial, criticándola porque iba con cartera a juego con los zapatos a todos los actos. Acaso alguna vez criticó el color de las corbatas de alguno de los ministros, o el corte del traje? No. Hay algo más patético? Sí. Que ninguno de sus votantes le reclamó esos dichos. Ni Dios ni la Patria se lo demandaron.
Las chicas debiéramos tener acceso a todos los ámbitos sólo por ser chicas?
No.
Claro que no.
Los hombres tampoco.
El mérito, nuestra valía, es lo que nos da derecho a unos y otros.
Cerremos filas y avancemos hacia una igualdad menos ficticia.
Quizás ese pueda convertirse en el verdadero cambio que se viene.

1.7.07

No dañarás

"El mejor médico es Aerolíneas Argentinas"

Qué comodorense no ha escuchado alguna vez esta famosa frase? Si alguien se detuvo a pensarla o no, es un detalle adicional. Pero quién, teniendo la posibilidad económica, no se ha subido a un avión en busca de mejores horizontes para su salud? A veces, hasta los viejos médicos caen en un rapto de sinceridad y aconsejan a sus pacientes, conocidos o amigos más cercanos que busquen la solución, una alternativa, una segunda opinión en otro lado. A veces lo hacen por verdadero sentido de responsabilidad médica, otras veces porque son humildes y reconocen sus limitaciones, pero la mayoría de las veces el consejo pasa por un reconocimiento implícito de que el ruedo local ofrece más riesgos que aciertos.

Cuando se pasa de la enfermedad a la necesidad inmediata, la historia se hace urgente y deja el campo de lo anecdótico. La escasez de camas para internación, la falta de ambulancias, un sistema de emergencias que no soportaría el peso adicional de ningún imprevisto nos pone a todos en riesgo.Puedo contar a mi alrededor varios casos que, con el tiempo, se van transformando de incredulidad a leyenda urbana, pasando por la indignación, la impotencia, el dolor de no poder cambiar nada y que a nadie -o valdrá ser justo y decir "casi nadie"?- le importe.

Quizás si les dijera de aquel sábado al mediodía en el que recorrimos con una amiga todos los números de emergencia conocidos para conseguir una ambulancia para su mamá, en una condición más que delicada. La necesitábamos, claro. Para qué más una persona normal llama con desesperación a un número de emergencia? Demás está decir que no había una sola ambulancia disponible en toda la ciudad. La generosidad de un comunicador social y la predisposición del director de una cobertura de emergencias médicas hizo posible el "milagro". Antes de llegar a ellos, la debacle. Sabés qué es llorar de impotencia? Yo lo recordé ese día.

Tal vez podría contarles de un bebé que nació con una condición llamada "pie Bott". Qué es? "Una enfermedad congénita que compromete a casi todos los huesos del pie, de origen desconocido, pero de presentación de 1 entre mil nacimientos vivos con padres supuestamente normales. Es un defecto permanente del pie, de manera que éste no descansa en el suelo en sus puntos normales de apoyo". Una entre mil. Y él fue quien pasó por meses de yesos, kinesiología y consultas sólo para llegar -por lucidez y lucha de sus padres- a La Plata, donde un verdadero especialista les dijo que habían perdido meses de tiempo y todo el tratamiento aplicado no sólo había sido incorrecto sino contraproducente. Meses... "sus" primeros meses en la vida. En manos de un reconocido profesional traumatólogo de nuestra ciudad que lo condenó a años de atraso. Si él fuera menos maravilloso, si sus padres fueran más sumisos, si no hubieran tenido el acceso a la información y los medios para llegar al profesional correcto... qué hubiera sido de él? Quizás lo que es de otros chicos en su condición, en esta misma ciudad.

O quizás mejor les cuento de aquel otro nacimiento, con toda la alegría de la bienvenida opacada por un obligado paso por la UTIN. Paso financiado, por supuesto, por la renombrada obra social de sus padres. Fue sólo una noche, un rato, como para justificar. El chico estaba perfectamente sano, claro, confirmado por el propio obstetra del caso; pero la práctica era común.

Y si te cuento de aquella guardia en reconocido sanatorio privado que no tenía un pediatra cumpliendo con la guardia en sí y a varias personas con sus hijos esperando horas a que llegara alguno? Se asentó la situación en el Libro de Quejas. Y todo murió ahí.

O hablemos de aquella persona que tenía el mismo nombre que otra y sus tratamientos se intercambiaron sin que nadie lo notara, con consecuencias fatales para una de ellas.
Párrafo aparte aquí para las obras sociales, que muchas veces no cubren sin carta documento mediante denunciando "abandono de persona". O las clínicas que bajan la basura en el mismo ascensor en el que transportan a sus pacientes. O el tener que esperar meses para que alguien vea a tu hijo, a tu padre, a tu hermano, o a vos mismo con un turno carente de toda lógica. O la falta de profesionales e instituciones psiquiátricas, que traten a los pacientes con dignidad y seriedad. O la falta de recursos materiales para brindar atención con total propiedad. O los sanatorios privados que no mantienen historias clínicas, borrando todo registro lógico y debido de un tratamiento por profesionales de ese lugar. Y, si quisiéramos entrar en el terreno de la desidia total, podríamos hablar de aquellos médicos que trabajan en casos tan sensibles como los oncológicos y que carecen de la mínima calidad humana -por no mencionar el sentido de la educación y el respeto- por sus víctimas-pacientes.

Seguro que existen las excepciones y son las que salvan el honor de toda la profesión. La pregunta es: sus colegas lo merecen?

En esta Argentina en la que es noticia el bochazo masivo a la carrera de Medicina, año tras año, quizás habría que examinar a algunos profesionales del sector sobre bases regulares... y, por qué no, también bocharlos.

En ciudades como la nuestra, con tantos y tan crasos errores, por qué no considerar la existencia permanente de un Comité de Ética, ante el cual una persona cualquiera pudiera denunciar casos de mala praxis y estos ser investigados de una manera apropiada por profesionales idóneos e imparciales? De qué mueren los que mueren? Realmente toda muerte es inevitable? O quizás se debió a algo o a alguien más allá de su enfermedad? Qué derechos nos asisten y cómo los podemos hacer valer? Ser más rico o más pobre también hace la diferencia entre la vida y la muerte?

"Llevaré adelante ese régimen, el cual de acuerdo con mi poder y discernimiento será en beneficio de los enfermos y les apartará del perjuicio y el terror".

Esta es quizás una de las pocas partes del Juramento Hipocrático que aún mantiene su actualidad y pasa de lo simbólico.Cuántos serán los que la recuerdan y ejercen día tras día?

Cuando es la vida la que está en juego, ningún cuidado es un exceso. Y cuando se trata de la vida de un ser querido, el total sentimiento de impotencia nos lleva a confiar en quienes debieran saber más. Traicionar esa confianza es lo condenable.

26.6.07

Los 4400

No es la serie de televisión, no.
Tampoco es el total de la lista de ofendidos, suspendidos y humillados que arrastra cierto partido -de internas históricas y sin internas actuales- con vistas al próximo ruedo electoral.
No.
Es la cantidad de pesos que necesita una familia tipo para vivir en Comodoro Rivadavia durante un mes.
Monedas más o menos, ese es el número imposible para muchos, apenas posible para otros e irrisorio sólo para unos pocos.
Y de seguro más de una voz se alzará indicando que las mediciones no son correctas, que debió ser mucho menos, que es imposible. Quizás hasta la oficial indique 4000 y hasta nos parecerá mucho menos.
Pero la realidad dista de ser una cuando quien trabaja en un comercio que paga hasta 30.000 pesos de alquiler por estar en una codiciada calle céntrica apenas gana un cuarto del número mágico.
CR se ha vuelto el reino de las multi-realidades y no hay quien haya sabido sacarla de su encantamiento. ¿Dónde vivís si sólo ganás 1000? ¿Qué ropa usás? ¿Qué comés? ¿Alguna vez salís al cine, a tomar algo? ¿Le das algún gusto a tus hijos? ¿Alguna vez tomás un remis en lugar de la oxidada línea 2? ¿Comprás el diario? Son todas cosas cotidianas, como despertarte y respirar. Y quizás me falte una pregunta que no muchos hacen: ¿qué piensan tus hijos cuando ven que el trabajo no siempre garantiza una vida digna y plena?

En el delirio petrolero creemos que todos los trabajadores del sector ganan una fortuna, que no necesitan dinero para nada más que el plasma, el local del farol rojo y el Peugeot 307, y que está bien que paguen lo que sea porque la justicia termina en la arbitraria frontera de los... ¿2500? ¿quizás menos?. No vamos a recordar que se retiran a los 55, que pasan 12 horas o más fuera de sus casas, que el trabajo los consume hasta en lo físico, que sus vidas personales sufren ese desgaste. Es mejor creer que somos un pequeño emirato y ellos son los jeques. Es más simple para demonizarlos y sentirnos sus víctimas indefensas.
De la misma manera nos engañamos si elegimos pensar la clásica "la culpa la tiene el Gobierno".
El comerciante que te vende con precio triplicado, el que te pide un alquiler exhorbitante, el restaurante que te cobra una fortuna por comer mal, y nosotros que consumimos todo eso también somos culpables.
Después de todo, ¿quién es el que resiste a la tentación de ordeñar esta vaca de leche negra sólo porque estos son los cuatro días locos que vamos a vivir?
Son nuestra ciudad y nuestra comunidad las que se hunden bajo el peso de un costo de vida que aleja hacia destinos más asequibles a médicos, policías y jueces. Y en esta CR de la petrovida quizás no importe con urgencia, pero la eterna duda sobre lo que podría pasar mañana se las arregla para dejarnos con un futuro a la deriva.

En una ciudad donde vivir es casi un lujo, me pregunto qué será sobrevivir.
Un milagro, quizás.
Un ejercicio de dignidad y paciencia, de apretar dientes y llorar ganas.
Un constante estar en un lugar donde pertenecer no tiene ningún privilegio.

23.6.07

Fantasmas

La figura de Juan Domingo Perón es uno de los eternos fantasmas de los argentinos.
Cada tanto reaparece para desgranar una frase pulida de todo contexto, para hermanar o resistir, para evocar miedos o glorias. Tiene el magnetismo de los misterios y la presencia ominosa de los cucos de cuento, según la voz que lo evoque. En cualquier momento, con la excusa más bizarra o justificable, alguien se arroga el derecho de preservar su imagen o denostarla. Y otras veces, algunas almas buscan la letra para imaginar-decir lo que quizás aquel General alguna vez pensó... o no...
Quizás, pienso, esas voces sean las más leales.
Este fragmento fue escrito por una politóloga peronista de pasión aunque no de oficio. Ella se llama María Esther López y aquí está su palabra, para que encuentre en ustedes un destino.

Juicio Final

Tengo 78 años y acabo de morir. Por fin. No sé hacia dónde dirigirme ahora. Me llaman por allí, ya voy. Y esta mujer que no para de llorar. Qué hipócrita. Si ni lo siente. Claro, las fotos. Cómo no iba a estar lista para las fotos. Quién te ha visto y quién te ve: de bataclana ayer, a ilustre viuda hoy. Y presidenta. Pero qué hice. Y ese rastrero que la lleva del brazo. El muy satánico llora. Y dice que es una pena, que el país perdió un gran líder. Pobre de mí, que le creí y vine. Y toda esta gente que pasa y me besa en la frente y llora también. Y esta mujer pequeñita que me agradece todo lo que ayudé a su familia. Que fue ella y que no pudo agradecerle porque era muy chica, y que ahora me pedía que le diera el mensaje. Veré qué hago señora, pero no creo que me cruce con ella. Que fue en el ´48. Ya me parecía, porque cuando volví no quedaba un mango en el tesoro. Como para regalar algo estábamos. Ella sí que ayudaba y cómo. Me decía: Juan, mirá esta carta, pobre vieja, no tienen ni para comer, hay que hacer algo. Y ahí Juan firmaba el cheque y la Singer estaba en su casa en menos de lo que cantaba un gallo. Y así con todo. Decía que debíamos ver las injusticias; que había muchas en aquellos años. En estos también, pero se notan menos. Y yo la escuchaba. La escuchaba siempre porque cómo no hacerlo. Es que si se enojaba, mejor dormir en la calle. Yo también me enojaba pero por otras cosas, no por esas. Tenía mucho de qué cuidarme y ella cuidaba de los pobres, de sus descamisados. Esos descamisados que hasta la camisa me sacaron. Me decían mis comandantes: párela general que se le sube a las barbas; pero yo la dejaba hacer. Es que me gustaba inquietar a mis subalternos. Me gustaba demostrar el poder y el control que tenía sobre las cosas. Sabía que ella era buena, era noble, pero le gustaba mandar y que la adularan. Y le gustaba que le agradecieran. Se sentía importante cuando le agradecían y a mí me gustaba verla sonreír. Estaba tan hermosa con su sonrisa, parecía más joven y más feliz. Más feliz que conmigo, eso seguro. Era su placebo ante mi impotencia. Porque ese era un problema entre los dos. Lo disimulamos, lo ocultamos a los demás, pero existía y ella me lo reprochaba. Sus cóleras de fin de semana eran de antología y yo prefería irme por los jardines de la Quinta con mis perros para no oírla. No quería ni oír su llanto y su furia por haberla engañado tanto. Es que no fui bueno con ella y tampoco con esta. Es que sólo me importaban mis asuntos, mi poder. Sólo me ocupaba de lo que yo creía importante. Ese era mi placer. Las tuve a las dos de florero. Aunque Eva llegó más lejos porque yo quise. Y lo que yo no pude lo hiciste vos con el cáncer. Con eso le paraste los pies y me la quitaste. La dejaste fuera de juego. Ya no tuve ni que pedirle que se hiciera a un lado y a mis comandantes los mandé a callar porque ya no hacía falta más, que se retiraba sola. Que ya no había peligro. Qué dolor, qué sufrimiento verla tan consumida y derrotada. Las pintadas lo pedían y se cumplió, el cáncer la venció y yo me quedé solo. Como estoy ahora, como estuve todo este tiempo. En realidad, siempre estuve solo porque nunca supe estar con nadie. Y ahora ésta, que se queda con todo y ni siquiera sabe hablar. Por qué la traje. Y no para de llorar. Si hasta parece darse cuenta de lo que se le viene encima. Y ese crápula a su lado, con esas lágrimas corrosivas. Creo que si me moja me desintegro. Es lo que tiene el embalsamamiento, a la mínima sos aire. Ya voy, ya te atiendo. Qué me preguntás. Que si tengo algo que declarar. Si serás burócrata. Cómo me asquean los burócratas. Yo con Eva lo solucionaba todo. Pedidos directos, sin intermediarios, sin junta papeles. Querés saber si tengo pecados que declarar y que además te diga mi nombre. Mirá, sabés que no fui un santo, la santa era Eva. Si tengo algo que declarar es que traje a esta tonta. Porque el pecado de Estela es ese: ser tonta por elección. Pero, el mío es mayor. Ser soberbio y engreído. Me creía capaz de inventar otro camino y darle otro final a las cosas. Qué soberbio y que iluso. No debí haber vuelto, ya lo sé. El Brujo me convenció. Es que me tenía muy agarrado. Con sus pastillitas y su palabrerío me hizo creer que el país necesitaba el regreso de su líder y yo me lo creí. Estaba obcecado por ambición y ansias de monumento. Como siempre, no escuché a los que me decían: general, no es momento, déjelo estar, que las cosas están muy revueltas. Que mueren muchos por su causa y más morirán. Y yo, que no me conformaba con las zapatillas de fieltro y pasear a mis perros, volví y aquí estoy. Y aquí estamos, frente a frente. Sí señora, de nada. Que las ayudas fueron gratuitas. Qué error, ese fue otro error, más que pecado. Dar, dar y dar y no enseñar a devolver. Nunca aprendieron que tenían que devolver y por eso ni las gracias me dieron. Uf! Menos mal que me ponen la tapa de cristal, así puedo oírte mejor. Nunca pensé qué tendríamos esta reunión. Creí que me tocaría otra fila. Como tantos desearon que me pudriera en el infierno, creí que iría allí por votación popular. Esta reunión es previa a todo, ¿no? Bueno, que si tengo algo que declarar, como en la aduana. Creo que no te hace falta saber más, si lo tenés todo anotado. No, que no me escabullo del juicio. He sido soberbio y me creí dios. No me mires así. Es que aquel día, cuando millones aclamaban mi nombre y ella juraba que removería piedra por piedra hasta liberarme, me sentí dios. Y esa fue mi cruz: comencé a creerme un gran líder de masas y ella me ayudó: es que Eva era perfecta para enardecerlos. Para crear la magia del poder absoluto. Soberbia es mi mayor pecado que declarar. Soy Juan Domingo Perón, tengo 78 años y acabo de morir, que me juzguen por lo que he sido.

22.6.07

El otro lado

Uno podría suponer que estar del otro lado de un micrófono conlleva una cierta idea de clandestinidad, un cierto secreto no del todo comentado por falta de medios, de miradas cómplices y pensamientos verdaderos acallados.

Y la verdad es que todas esas suposiciones son falsas. O, en tren de evitar el extremismo, digamos que todas esas suposiciones no son más ciertas que las que podrían hacerse en torno a estar "de este lado del micrófono".

Si alguna vez te preguntaste qué no dice el famoso periodista que enfrenta la cámara, qué piensa el movilero que le pone el micrófono a un político siempre dispuesto a la auto-propaganda sin criterio ni mesura, o qué diría cuando se apaga la luz de aire aquel locutor que escuchás cada mañana, es porque estás del otro lado.

El otro lado se queda afuera de mucho... pero tiene mucho más para contar, con un sentido de realidad presente y urgente.

Después de algunos años de tener un micrófono enfrente, ahora estoy de este lado: fuera de micrófono y con muchas historias por contar.

Si te interesa, te espero en este espacio -como al pasar, de tanto en tanto- para saber si los que estamos en este territorio de la no voz podemos usar este caos de fin de siglo para salir de la complicidad silenciosa y la clandestinidad ciudadana.

Probamos?